La inversión bursátil es algo voluntario y quien invierte en bolsa debe conocer en lo que se está metiendo. Afortunadamente, puede informarse con relativa facilidad en estos tiempos gracias a Internet. Y puede constatar que hay información privilegiada, que las «manos fuertes» conocen los flujos de liquidez y se aprovechan de ello, que existen las máquinas de alta frecuencia -al menos desde el flash crash del 7 de mayo de 2010 nadie puede desconocer su peligro- que generan una volatilidad peligrosísima, que hay manipulaciones etc. etc. Si conociendo todo esto, alguien invierte en bolsa es su responsabilidad y lo que no puede es echarle la culpa a factores que ya conocía o debía conocer. Uno de los errores más comunes es fiarse de los analistas que viven de seguir afirmando que tal acción está barata o que el precio objetivo debe ser el que ellos digan.

Lo curioso es que muchos de los que hacen estas afirmaciones las justifican con el “alto beneficio por dividendo ” y con el análisis fundamental, que intenta encontrar el valor exacto de una compañía. Lo primero es una verdad a medias ya que si el mercado está en una tendencia alcista y la economía crece a buen ritmo sí que es cierto que se puede uno arriesgar a creer que la compañía que compramos tendrá beneficios suficientes como para dar esos dividendos con los que contamos pero eso se acabó en 2007 y lo hemos podido comprobar tanto en empresas que han suspendido el dividendo como en otras que, aunque lo han mantenido, lo han bajado tanto que dicho dividendo no merece la pena. El SP500 tiene 111 compañías que no abonan ningún dividendo a sus accionistas y es uno de los índices que mejor se han comportado los dos últimos años.

Con todo, peor es dar por bueno en los tiempos actuales el análisis fundamental como instrumento para predecir precios futuros. Lo primero porque creerse la información que pueda obtener un analista sobre una empresa es como confiar en los stress test de la banca que se publicaron en 2010 y 2011, y eso que en teoría la información de los que hicieron los stress test era muy superior pues procedía de los propios bancos centrales. Los “precios objetivos” en bolsa han fallado siempre, incluso en tendencia alcista porque se van revisando constantemente ya que los supuestos datos se quedan desfasados según pasa el tiempo. Esto es algo que se puede confirmar muy fácilmente gracias a internet y su inmensa hemeroteca aunque en los últimos años los mayores desfases han sido las valoraciones que se hicieron de empresas tecnológicas y de comunicación antes de la crisis de las .com y las del sector financiero antes de 2008. Éste último punto ha llevado a muchos a creer que esto de no saber valorar el precio de una empresa es algo que se circunscribe a las de nueva creación y al sector bancario en general pero es una impresión inexacta. Los precios objetivo de los analistas basados en el análisis fundamental fallan en cualquier circunstancia y en cualquier sector, la excepción es que acierten.

Ni siquiera en una tendencia alcista clara puede servirnos para elegir unas acciones en lugar de otras en la cartera de inversión: salvo contadas excepciones no son las mejores compañías las que más rentabilidad bursátil ofrecieron de 2003 a 2007 ni son las que menos han bajado desde entonces. Empeñarnos en que alguien puede predecir el comportamiento futuro de una acción por los datos que la empresa nos proporciona sobre su pasado y sobre sus previsiones es una entelequia. Desde datos macro que pueden influir (tanto del país originario de la empresa como de los sitios donde invierte), a una situación económica global especial (como un peligro geopolítico o una crisis de deuda soberana como la actual), a un cambio regulatorio (cercano está el tema de las empresas fotovoltaicas) o a simplemente la aparición de un fuerte competidor…todo se alía para que las profecías no se cumplan.

La memoria es selectiva: muchos recuerdan el fallo de las agencias de ráting con Lehman Brothers pero pocos recuerdan que la FED, con más información que nadie, avaló su solvencia hasta apenas unas horas antes de su quiebra. Tampoco que la mayoría de las recomendaciones bursátiles –como casi siempre- eran muy alcistas en el valor. Gran parte de culpa de la actual crisis viene de la exagerada sobrevaloración de activos a la que se llegó en 2007 y de la que muy pocos –dentro del sistema- advirtieron. Creo que, al contrario que las autoridades políticas y financieras, los analistas no mienten conscientemente pero seguir insistiendo en un método que saben equivocado también es una forma de engaño. No quiero dar nombres pero invito a que miréis los precios objetivos de los analistas bursátiles respecto a Telefónica, Santander, BBVA…de hace unos meses. Igual pasa en todo el mundo, Nokia se ha desplomado con recomendaciones de compra y Apple ha superado al alza todos los precios objetivo que se preveían desde hace unos años. Aunque lo de Apple es una excepción, las principales bolsas del mundo han ofrecido una rentabilidad negativa en este siglo y sin embargo más del 80% de las recomendaciones son de compra ¡Incluso en la bolsa japonesa que lleva más de dos décadas bajando! Por otra parte, los precios objetivo sobre determinados valores a veces son completamente diferentes, por ejemplo este Octubre he encontrado 3 actualizaciones del P.O. del B. Santander: el de UBS a 5.3€,  el de ACF a 6.90€ y el de la Caixa 7.20€, un 35% por encima del de UBS (y aún era mucho mayor el contraste antes de que la Caixa lo bajara desde el anterior que era 10.40€).

Por desgracia todo esto está de actualidad pero por suerte eso significa que aún es tiempo de que aprendamos de esta constatación para no volver a hacer caso a un sistema de predicción erróneo que ha provocado enormes pérdidas a inversores de todo el mundo. Todos nos equivocamos previendo el futuro pero quien vive de hacerlo debería tener un alto porcentaje de aciertos o al menos una metodología que tenga algún sentido.