Alguien tiene que ceder (Something’s Gotta Give, en inglés) es una graciosa comedia estrenada en el año 2003, dirigida por Nancy Meyers y protagonizada por Jack Nicholson y Diane Keaton (interpretación que significó la cuarta nominación al Oscar para la actriz).

En la actual crisis financiera, no son dos simpáticos “viejitos” (perdón Jack!) los que deben ceder sino dos grandes grupos con intereses que aparecen contrapuestos: la gente de clase media-baja y los bancos.

¿Como se explica esto? Vayamos por partes.

Deuda, deuda y más deuda.

Deuda es la palabra que más se repite al leer los análisis de los “expertos” sobre lo que está pasando actualmente en EEUU y Europa.
España, Grecia, Italia, Irlanda, Portugal y prácticamente toda Europa se encuentran endeudados hasta la coronilla, y en EEUU el tema no es muy distinto.

Los analistas afirman que el crecimiento económico global será muy débil en los próximos años como consecuencia de la deuda, y que a EEUU le podrían volver a bajar la calificación por el mismo motivo. Por otro lado, Grecia podría abandonar la Eurozona al no poder honrar sus obligaciones…parecería ser que TODO EL MUNDO está endeudado; ante lo cuál la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿si todos estamos endeudados, quiénes son los acreedores?
¿Es el FMI el principal acreedor? La verdad que no, eso era antes, pero en la última década su influencia se vió limitada notoriamente y varios de los países deudores incluso cancelaron sus obligaciones con esta entidad.
¿Es alguna de las potencias la principal acreedora de la deuda? Por lo expuesto anteriormente la respuesta es negativa, dado que las mismas están justamente del lado de los morosos.
¿Y quienes son entonces los acreedores de la deuda mundial? Muy fácil: los bancos, que han creado dinero vía el multiplicador bancario y luego lo han prestado de manera irresponsable a los gobiernos que, también irresponsablemente, han tomado esos préstamos aún sabiendo que no iban a poder devolverlos ni creciendo a tasas del 20%.

Grecia como caso testigo.

La probabilidad de que Grecia declare el default en los próximos cinco años se ha disparado al 98%, según los credit  defaults swaps, un instrumento muy utilizado en el mercado financiero como seguro y termómetro de la situación crediticia del subyacente (el gobierno Griego, en este caso).

Las promesas del primer ministro griego Papandreou de adherirse a los objetivos de déficit que imponen la Unión Europea fueron socavados por datos que mostraron que la brecha en el presupuesto de Grecia se amplió un 22 por ciento en los primeros ocho meses del año.

El rendimiento de los bonos a dos años del gobierno Griego ha subido al 70 por ciento, mientras que el mercado bursátil de este país se ha desplomado un tercio en las últimas siete semanas.

Con las cartas sobre la mesa, veamos quienes serán los principales perjudicados en este escenario de default heleno:

Con lo expuesto se ve claramente que un default perjudicaría principalmente a los bancos, que buscan evitar este escenario a toda costa, presionando al gobierno griego para que realice ajustes, despida empleados públicos y suba los impuestos, lo cuál encuentra una lógica resistencia social que desemboca en manifestaciones y violencia por parte de los ciudadanos Griegos.

Alguien tiene que ceder, el prestamista codicioso o el tomador irresponsable. La guerra está planteada y es un combate en el cuál es muy difícil que haya ganadores:

  1. Si ceden los gobiernos, entonces se vienen más ajustes, más despidos y mas austeridad: justo lo que necesita una economía global tambaleante para caer en una recesión que puede desembocar en una crisis (o no) pero que claramente terminará perjudicando a las empresas e indirectamente a los bancos, ya que la demanda por créditos disminuirá sensiblemente, junto con el precio de los acciones, mermando los principales negocios de los bancos.
  2. Si ceden los bancos, entonces las pérdidas que tendrán que reconocer darán comienzo a una reestructuración del sector bancario europeo similar a la que llevó a cabo EE.UU. hace apenas 3 años: varios “de los grandes” quedarán en el camino y serán absorbidos por otros en mejor posición, y muchos empleados bancarios perderán su trabajo.

Para no ponernos del todo pesimistas, podemos detectar también que existe un tercer escenario, algo más optimista y es que ambas partes asuman sus culpas y se negocien quitas ordenadas de las deudas de Grecia en primer lugar y luego del resto de los PIIGs.

Reestructuraciones del orden del 40% y alargamiento de los plazos podría ser una posibilidad que igualmente produciría que algunos bancos europeos sean absorbidos o dejen de existir.

El intrincado escenario global está planteado de esta manera, nos guste o no. Y bien puede resolverse si los líderes globales dejan de proteger a los grandes Bancos Europeos y deciden en algún momento defender los intereses de los votantes que los pusieron en funciones.