Cuando la gente oye la palabra «poder» le suelen venir a la mente connotaciones negativas, salvo que sea una persona ambiciosa o manipuladora.

Sin embargo el poder, que se obtiene con una estrategia sólida, no es ni bueno ni malo. De hecho es amoral. La moral entra en juego en función de los objetivos que persigamos con el poder: la paz mundial o el fin de la vida sobre la Tierra son objetivos que se pueden alcanzar en base a nuestra capacidad de inspirar, incidir, manipular, alterar, consciente o inconscientemente, el comportamiento de los demás.

Como en muchas otras facetas del saber humano, la guerra va un paso por delante en materia de estrategia y poder. No en vano somos mucho más primarios de lo que nos gusta aceptar.

Algunas estrategias ganadoras

Del extenso compendio de estrategias militares que pueden aplicarse a la economía, nos podríamos quedar con algunas de las siguientes:

Identifica al enemigo: nada hay más difícil de ganar que la batalla contra un enemigo inexistente o mal identificado. Cuando los problemas económicos llegan a nuestra familia, podemos darle la culpa a la crisis económica y orientar nuestras iras hacia ella, pero este no es nuestro enemigo. No uno al que podamos atacar. Reducir nuestros gastos y tratar de aumentar nuestros ingresos es nuestra única estrategia, al presupuesto familiar es el campo de batalla.

Para vencer al enemigo, primero debes vencerte a ti mismo. Si no dominas tu mente, no estás en paz contigo mismo, has perdido la batalla antes de empezarla. Retírate durante un tiempo y trata de encontrar tu equilibrio interior. Sólo cuando la calma invade tus pensamientos se puede uno plantear la lucha. Si has perdido un trabajo y sientes que es culpa tuya, no busques otro enseguida. Date una semana para reflexionar, analizar qué has hecho mal y cómo vas a evitarlo en un futuro; comprende que no hay víctimas ni culpables, sólo contrataciones y despidos. Una vez tengas eso claro, empieza a buscar trabajo.

Transforma tu guerra en una cruzada: buscar trabajo no parece que sea un objetivo demasiado elevado. Pero si afrontas esta búsqueda como el inicio de una nueva vida para ti y los tuyos, en una empresa o en un negocio propio que te permita vivir bien y disfrutar del tiempo de ocio y del trabajo, harás de esta campaña la más motivadora de tus batallas.

Elige las batallas con cuidado: los militares, al igual que los economistas, han de comprender que los recursos son escasos. En tiempo y en dinero. No se trata de ser el mejor en todas las entrevistas de trabajo que uno hace, ni buscar en todos los sectores ni completar todas las webs de búsqueda de empleo que uno conozca. Se trata de ser el mejor en lo que valga la pena serlo. Decide que tipo de trabajo quieres y vuelca todo tu esfuerzo en ese sector. Oportunidades hay muchas, pero no podemos optar a todas a la vez.

No ataques el primero, deja que sea el enemigo quién se canse avanzando: mucha gente cuando deja de trabajar en una empresa o cierra su negocio, se pone a bramar a los vientos que está desempleado y busca trabajo. Nada más molesto hay que una persona que no pierde oportunidad de quejarse y reclamar que le ayudes a encontrar un empleo. Muchas veces los mejores empleos llegan a nosotros sin que nosotros los busquemos de forma directa. Facebook, Twitter, LinkedIn y muchas otras herramientas pueden ser tu escaparate. Un curriculum virtual puede sorprender más a un reclutador que se lo encuentra navegando por la Red que cuarenta emails con información estática. La Red y tus redes de contacto están para que las uses, la gente quiere dar, y muchas veces sin pedir nada más que tu cariño a cambio.

En próximos días seguiremos con algunos preceptos estratégicos que nos pueden ser de utilidad para vencer a la crisis económica. En general, podríamos decir que la mitad del trabajo está hecho si mantenemos nuestras preocupaciones en un nivel productivo e impedimos que nos paralicen. Mañana, sin duda, el Sol volverá a salir.