Todo lo que se pueda comprar o vender tiene lo que el economista del siglo XVIII, Adam Smith, denominaba un precio natural. Este precio es la suma total de los valores de todo lo que en conjunto sirva para crear el producto o servicio. Las materias primas, la mano de obra, la distribución — todo ello se suma al precio natural de un producto. Cualquier importe que el vendedor de un bien o servicio pueda obtener por encima de su precio natural es beneficio.

Lo que hacen los especuladores es apostar sobre cuál será el precio que alcance una materia prima en una fecha futura a través de instrumentos llamados derivados. A diferencia de una inversión en una materia prima real (como un barril de petróleo), el valor de un derivado se basa en el valor de una materia prima (por ejemplo, una apuesta sobre si un barril de petróleo aumentará o disminuirá de valor). Los especuladores no intervienen en la venta de la materia prima sobre la que están apostando. No son ni el comprador ni el vendedor.

Al apostar sobre el precio por medio únicamente de un único contrato de futuros, un especulador no influye sobre el mercado. Se trata simplemente de una apuesta. Pero un especulador con el capital para comprar un número considerable de derivados futuros a un precio pueden llegar a dominar el mercado real. Un especulador que compra enormes cantidades de futuros a un precio superior al precio real del mercado puede dar lugar a que los productores de petróleo inunden el mercado con su materia prima con la esperanza de que podrán venderla más tarde al precio futuro. Esto hace que los precios suban en la realidad — tanto los precios futuros como presentes — debido a la disminución de la cantidad de petróleo disponible en el mercado.

Las entidades de inversión que pueden influir en los mercados de futuros de petróleo pueden llegar a hacer mucho, las empresas petrolíferas que se dedican tanto a la producción del bien como a subir su precio a través de derivados futuros pueden llegar a hacer más aún. Por ejemplo, el productor de energía Suizo Vitol, llegó a tener el 11 por ciento de los contratos sobre futuros de petróleo en la Bolsa de Nueva York.

Se estima que el 70% de los contratos del mercado de futuros del petróleo son de naturaleza especulativa, es decir, petróleo de papel que no se llega nunca a comprar de verdad, como consecuencia se estima que un barril de petróleo de 100$, en realidad, debería costar 40$, aunque nunca podremos saber exactamente esta cantidad.

En los Estados Unidos, los futuros de petróleo adoptan tres formas principales: contratos sobre petróleo crudo, gasolina y fuelóleo. Estas tres materias primas son esenciales para que el país pueda funcionar y prosperar y para evitar la especulación sobre ellas se creó la Comisión de Comercio en Futuros sobre Mercancías de los Estados Unidos que tiene una interesante historia.

La CFTC fue establecida por el Congreso en 1974 para evitar que especulación inflase de forma artificial el precio de las materias primas. A lo largo del tiempo, fue perdiendo lentamente sus poderes. El alcance de su poder para regular se limita a la comercialización dentro del marco formal de la Bolsa Mercantil de Nueva York (NYMEX, en sus siglas en inglés). Los agentes de esta bolsa deber proporcionar informes diarios sobre los intercambios para que la comisión pueda controlar la especulación. Sin embargo, los especuladores encontraron una vía para escapar del poder regulador de la CFTC, gracias a la ayuda del gigante petrolero Enron.

El año 2000 el petróleo andaba por debajo de los 30$ el barril, pero se establecieron mecanismos que subirían los precios y aumentarían enormemente los beneficios de las compañías petroleras. Ese año, el Congreso (bajo presión de Enron y otras compañías petroleras) despojó de poderes reguladores a la CFTC sobre los futuros de petróleo comerciados sin fuera de los cauces formales. Enron había creado un programa informático especializado que permitía comerciar con los futuros fuera de los cauces formales – intercambios fuera de los mercados bursátiles formales. El programa y lo que se conoció como la laguna jurídica de Enron para la comercialización fuera de los cauces formales permitió que se realizaran intercambios de futuros sin control del gobierno.

Asimismo en 2000, un consorcio de empresas petroleras e instituciones financieras creó la Bolsa Intercontinental (ICE, en sus siglas en inglés) en Londres para comercializar futuros de petróleo europeos a pesar de que el grupo tenía su sede central en Atlanta. Como la bolsa estaba en Europa, el alcance de la CFTC no podía llegar a ella.

La CFTC perdió mayor poder regulador a principios de 2006 cuando permitió que la Bolsa Intercontinental instalase terminales en los Estados Unidos. Hasta ese momento, solo los especuladores fuera de los cauces formales podrían comerciar fuera del control de la CFTC. Pero una vez que la comisión permitió que los futuros estadounidenses se negociaran en la ICE, y no únicamente en la NYMEX, la CFTC perdió su capacidad para regular incluso las bolsas formales. Una vez que se comercializaban en la ICE, un derivado de futuros americano salía de la jurisdicción de la CFTC. La convergencia de la laguna jurídica de Enron y el establecimiento de la ICE significaron que la CFTC ya no podría fiscalizar con precisión a los especuladores que pretendieran subir los precios energéticos a través de la especulación de los futuros.

Aún se sigue debatiendo si fueron los especuladores los que subieron los precios del petróleo y el gas entonces y son quienes lo hacen ahora. Un informe de julio de 2008 de la Agencia Internacional de Energía concluyó que la especulación tenía poco que ver con las subidas del precio. Sin embardo, hace dos años, el precio del petróleo subió en un año de 67 a 147 dólares para después hundirse hasta 45 dólares por barril. Mientras los aumentos de precio fueron del 100%, los incrementos en la demanda fueron sólo del 5%. No quiero ser malpensado…