Imaginemos una sociedad en la que se premia a los grandes cerebros. Cada vez se les premia más y antes. Es tal el cuidado que se tiene por ellos que incluso se ven recompensados sin necesidad de que hayan hecho algo útil por la sociedad, ya que hay que mimarlos con sumo cuidado. Son gente muy valiosa, no hay que quemarla.

Se podría llegar al paradójico caso de que dicho mimo hiciese que la sociedad no pudiese beneficiarse de las grandes ideas que tienen consiguiendo el resultado inverso al buscado, no se progresa porque los únicos que pueden ayudar en ello están recluídos.

Esto es exactamente lo que está ocurriendo ahora y lo contaban perfectamente el otro día en Techcrunch (uno de los blogs tecnológicos más leídos del mundo):

Tras haber sido ejecutivo técnico durante muchos años, necesitaba tomarme un descanso, y quería contribuir con la sociedad. La decana de ingeniería de la Universidad Duke, Kristina Jonson, me dio una amplia charla sobre cómo el Master en Gestión de empresas de Ingeniería (programa Masters of Engineering Management), impartido por la escuela, creaba grandes ingenieros y sobre cómo los ingenieros solucionan los problemas del mundo. Me dijo que podía hacer algo importante enseñándoles a los estudiantes de ingeniería sobre el mundo real, y animándoles a ser emprendedores. Me emocioné tanto que me uní a la universidad sin ni siquiera pedir un salario decente. Esto sucedió en 2005.

Me sorprendí, y me sentí decepcionado al mismo tiempo, cuando descubrí que la mayoría de mis estudiantes se convertían en banqueros o consultores de administración cuando se graduaban. Casi ninguno se dedicó a la ingeniería. ¿Porqué lo iban a hacer, cuando tenían grandes préstamos personales para estudiantes y Goldman Sachs les ofrecía el doble de lo que les ofrecían las empresas de ingeniería?

De modo que cuando llegó la crisis de la banca en 2008, me animé al ver que la ingeniería había vuelto a ser atractiva para los licenciados en ingeniería (lean mi columna en BusinessWeek ).

Pero, gracias a los rescates de los contribuyentes de cientos de miles de millones de dólares, los bancos de inversión se recuperaron y volvieron a sus antiguos y codiciosos tiempos; comenzando de nuevo a ofrecer incluso más dinero a los licenciados en ingeniería (y a ellos mismos).

Paul Kedrosky y Dane Stangler, de la Fundación Kauffman, acaban de publicar un informe que analiza el daño que esto ha supuesto para nuestra economía.

Comentan que el sector financiero produce en la actualidad un porcentaje mayor del PIB que en cualquier momento de la historia. A mediados del siglo diecinueve, su contribución era entre el 1 y el 2,5 por ciento del PIB . Alcanzó un máximo de aproximadamente el seis por ciento del PIB al principio de la Gran Depresión y, entonces cayó duramente. Desde 1945 ha ido aumentando constantemente, hasta alcanzar el 8,4 por ciento durante los pasados dos años.

Los historiadores les dirán que los imperios colapsan cuando dependen demasiado de las finanzas, pero yo no soy tan pesimista.  En su lugar, yo comparto la preocupación que Kedrosky y Stangler expresaron en su publicación:

Cada vez entra menos gente en el sector industrial, y los que entran, provienen de nuevos y más reducidos lugares. La industria de los servicios financieros solía considerar un orgullo el hecho de contratar a licenciados y graduados jóvenes y hambrientos, con el objetivo de formarles en puestos de ventas, comercialización, investigación e inversión en banca. Si bien esa práctica continúa, incluso aunque en cifras más pequeñas, la diferencia ahora es que gran parte de los beneficios del sector provienen de la creación, venta y comercialización de productos complejos, como las Obligaciones de Deuda Colateralizadas (CDO), que jugaron un papel central en la reciente crisis financiera. Estos productos nuevos requieren una importante ingeniería financiera, frecuentemente implicando la contratación de licenciados con nivel doctorado o máster en programas de física, matemáticas, ingeniería y ciencias. Sus talentos les han convertido en personas idóneas para el diseño de estos complejos instrumentos, a cambio de lo cual han comenzado por ganar salarios cinco o más veces superiores a los que hubiesen ganado si se quedasen en sus propios sectores y buscasen empleos con beneficios sociales más tangibles.

Un análisis de los datos de empleo de los licenciados del MIT muestra que el sector financiero aumentó sus contrataciones pasando del 18% de los licenciados en 2003 al 25 por ciento en el año 2006. Así que no sólo son los bancos de inversión desvían cientos de miles de millones de dólares de nuestra economía con montajes financieros como los CDO, sino que también están utilizando a nuestros mejores licenciados en ingeniería para ayudarles a hacerlo. Este es el talento en cuya producción nuestro país ha invertido tantos recursos.

Cuando la mayoría de los sectores de la economía crecen, se crean nuevas empresas. Los autores piensan, sin embargo, que el sector de las finanzas no impulsa la creación de empresas, canibaliza la capacidad de creación de empresas al ofrecerles salarios y formación a personas que hubiesen creado empresas. Esto está causando también mayor volatilidad entre las empresas que cotizan en bolsa y una reducción de la calidad de las empresas iniciadas.

El informe concluye que un sector financiero en desaceleración impulsaría un mayor índice de creación de empresas y la creación de empresas con mayor valor social, y proporcionaría igualmente los servicios de intermediación financiera, que son lo más importante para las empresas jóvenes. Así que lo que necesitamos para salvar a este imperio es: domesticar a esta bestia.

Paul Kedrosky dice que el virus que infecta a los científicos e ingenieros y causa que terminen en Wall Street en lugar de crear algo de valor social es “el ébola de la economía”  Quiere ser un “cazador de virus económicos”. Ayudémosle todos. Salvemos el mundo manteniendo a nuestros ingenieros fuera del sector de las finanzas. Les necesitamos para desarrollar nuevos tipos de dispositivos médicos, fuentes de energía renovable y modos de sostener el medioambiente y purificar el agua, y para poner empresas en marcha que ayuden a América a mantener su carácter innovador.