Esta semana ha estado marcada por la tragedia del viernes pasado en Japón, que ha reducido el impacto del esperadísimo principio de acuerdo de la UE para ampliar el fondo de rescate y suavizar las condiciones del crédito a Grecia y de la extensión de las revueltas contra los gobernantes árabes actuales a pesar de la aparente victoria de Gadafi. Esto da pie a muchos análisis.  En cuanto a los acuerdos de la UE para resolver los problemas de la deuda de algunos países, aún faltan por concretar muchos puntos pero básicamente se amplía la dotación del Fondo de Estabilidad hasta 440 billones de euros, se le permite a este fondo comprar bonos soberanos de países con problemas, aunque solo en mercado primario, (es decir, solo en emisiones y no en momentos puntuales de mercado como hasta ahora ha hecho BCE) y se mejoran las condiciones del préstamo concedido a Grecia. A cambio de esto, las condiciones impuestas son las típicas de los rescates del FMI:  limitación del déficit presupuestario, ligar las subidas salariales a la productividad en los convenios y adaptar los sistemas de pensiones públicos a la realidad demográfica. Es decir, Alemania impone sus criterios. Queda pendiente la reclamación del nuevo gobierno irlandés de mejores condiciones para sus créditos ya que algunos socios quieren condicionarla a una subida en su impuesto de sociedades y el más que probable rescate portugués.

En cuanto a Japón creo que se resume bien con lo ya comentado no hace mucho en este blog sobre el dilema nipón, es el país más endeudado del mundo desarrollado, con un pasivo que llega al 200% del PIB y un déficit del 10% que no atrae inversores extranjeros porque sus tipos de interés son bajísimos y se permiten esos excesos gracias al gran ahorro de sus ciudadanos. En estas condiciones, el necesario aumento del gasto público que exige el terremoto llega en un momento donde la situación está casi al límite y en la que no se vislumbra de donde sacar más capital. Y tampoco la política monetaria se puede exprimir más: el banco central tiene unos tipos de interés que rozan el 0% y ya ha realizado varias inyecciones multimillonarias de yenes que ni siquiera fueron capaces de frenar la deflación. Quizás, como suele pasar con estos sucesos tan dramáticos, sirva para que haya una concienciación ciudadana mayor que implique a medio plazo un cambio en la política de “deuda y más deuda” pero a corto plazo es otra zancadilla más para la recuperación global.

En España la opinión generalizada es que nosotros estamos mal pero que en otros sitios ya están bien y que se ha acabado la crisis global y sólo nos resta la nuestra particular. No creo esa visión sea correcta, los países con una economía sana son excepciones y la prueba es que 2 de los 3 países más importantes del mundo –EUA y Japón- siguen aumentando sus deudas irresponsablemente intentando evitar una nueva recesión, batalla que el país nipón claramente ha perdido tras los últimos acontecimientos. Y es que los estados, como las familias, deberían tener un “colchón” de ahorros para cualquier contingencia inesperada. En lugar de eso, hablamos de un Japón ya sobreendeudado y con déficits en 2007, que para frenar el desplome de 2008 y 2009 abusó –como la mayoría- aún más de esos desequilibrios y si bien en 2010 algunos han intentado corregirlos, lo cierto es que Japón -tampoco los EUA- nada ha hecho para solucionarlos. Por eso el terremoto llega en el peor momento y es una advertencia enorme para todos los demás sobre los riesgos de la deuda excesiva.

A nivel general me quedo con las declaraciones del gestor Charles Mackay, anteriores a las últimas turbulencias:

Seguimos estando muy preocupados por el riesgo sistémico en la economía mundial. Hasta ahora, el riesgo sistémico que prevalecía en los mercados de crédito mundiales en 2007 y 2008 no ha disminuido, sino que simplemente se ha trasladado desde el sector privado al sector público. En estos momentos estamos en medio de una recuperación cíclica impulsada por las política monetaria más agresiva que el mundo haya visto. Los inversores de todo el mundo están participando en una disonancia cognitiva aguda y grave. Reconocen que un apalancamiento excesivo ha creado una burbuja de activos de proporciones generacionales pero hacen todo lo posible para evitar el desapalancamiento. Curiosamente, las acciones continúan su marcha alcista a pesar de que los diferenciales soberanos europeos están en su mayor nivel desde que comenzó la crisis. Es inquietantemente similar a julio de 2007, cuando las acciones continuaron subiendo mientras los mercados de crédito ya habían comenzado a derrumbarse.

Todo esto lo dijo antes de comenzar estas correcciones bursátiles y encaja con mi visión pesimista para este año en lo económico y que  parece haberse trasladado a las bolsas –ya en clara tendencia bajista aunque seguramente haya rebotes y con la particularidad de que Ibex se comporta mucho mejor que el Dax– antes aún de que termine la inyección de liquidez de la FED.

Hasta los economistas más optimistas ven un largo periodo de bajo crecimiento y alto paro en el mundo, y como hemos visto en Japón no estamos preparados para nuevos “cisnes negros” y este año ya ha habido varios (especialmente en todo lo relacionado con la energía) que sumar a los problemas ya conocidos (deuda, desempleo, sector financiero herido…) más los que nos vienen impuestos por las autoridades. Si bien puede que el de la subida de tipos en Europa se retrase por algún tiempo ya que dudo que Trichet vuelva a caer en el mismo error de julio 2008 cuando subió tipos 2 meses antes de que se agravara aún más la recesión por la quiebra de Lehman Brothers. Ahora debería esperar a ver las consecuencias de los sucesos de Japón. Por de pronto, las materias primas han frenado su tendencia alcista y una ralentización económica mundial parece ganar enteros.

Algunas opiniones.

Algunos datos.