Durante el verano de 2009 Take That se embarcó en el tour llamado «Take That Present: The Circus Live» y, basándose en el título del disco, inspiró sus conciertos en el mundo circense, con referencias principalmente al Circo del Sol. Con esta gira la banda entró en el Libro Guinness de los Récords 2010 al haber vendido en menos tiempo las entradas para una gira en Reino Unido (650.000 entradas en menos de 5 horas el 31 de octubre de 2008).

Si… habéis leído bien, ese record lo batió hace 2 años una banda que se había retirado en el año 1996.

Recientemente este récord ha sido batido de nuevo, ya que otra gira vendió 1.1 millones de entradas en 24 horas, tal fué la demanda que la red telefónica de toda inglaterra se vió colapsada ¿Y quién ha logrado este récord?. De nuevo Take that.

Y no sólo eso, en plena era de las descargas, de la piratería, de internautas ladrones y esas cosas, el LP «Progress» que esta misma banda lanzó a finales de 2010 ha logrado convertirse en el más vendido de la historia en Amazón.

¿Qué ocurre? ¿Por qué Take That vende más entradas que Justin Biber o Lady Gaga?. Podemos sacar interesantes lecciones económicas de ello (y eso se preguntaron el otro dia en «The Economist» del cual os hago un resumen)

Pollstar, una empresa de investigación, estima que las mayores 50 giras supusieron un importe bruto de 2,93 miles de millones de dólares el año pasado, un 12% menos que en 2009. StubHub, una Web en la que se venden entradas, afirma que el precio medio de la entrada de un concierto cayó en un 18% entre 2008 y 2010.

La larga prosperidad de la música en vivo, que vio aumentar los ingresos americanos de menos de mil millones de dólares en 1995 a 4,6 miles de millones de dólares en 2009 se ha detenido. Las bandas han subido los precios medios de las entradas tanto como han podido, y han puesto a prueba los límites de los apetitos de los clientes con largas giras. Michael Rapino, director de Live Nation Entertainment, dijo el año pasado que el 40% de los asientos normalmente se quedan sin vender. Para seguir creciendo, el negocio tendrá que evitar dejar dinero sobre la mesa.

La música en vivo es uno de los pocos negocios en los que la segunda mano con frecuencia se vende más cara que la de primera mano. «Tan pronto como el espectáculo se vende íntegramente, los asientos de primera fila aparecen en la Web por 600£,» comenta Rob Hallett de AEG live. Las entradas para ver a músicos como Bruce Springsteen, que insiste en que la entrada a su espectáculo sea lo suficientemente barata como para que los curritos se la puedan permitir, son especialmente sensibles a lo que los admiradores denominan «especulación de los precios». Organizaciones como Ticketmaster han intentado capturar parte de este gran mercado secundario estableciendo intercambios de entradas. Pero esto confunde y hace sospechar a los admiradores. No es fácil para una empresa participar tanto en el mercado primario como en el secundario.

El cambio está en marcha. Los asientos de primera fila para espectáculos atractivos son comercializados cada vez más como entradas «de primera clase» y «platino», vendidos a un elevado precio fijo o incluso a precios que oscilan en función de la demanda, curiosamente los asientos de primera clase son normalmente los que primero se venden íntegramente.

Algunos acontecimientos de música en vivo también han introducido una versión de los precios típicos de las aerolíneas, en los que los billetes son más caros con el paso del tiempo. T in the Park, una gran fiesta pop que tiene lugar en Escocia, fue pionera en la práctica de ofrecer descuentos a las entradas que se compran con antelación para generar expectación. Otros festivales pop le siguieron, en ocasiones con entradas de venta «súper anticipada» a precios más bajos.

Esto podría haber impulsado un buen trato posterior. Los equipos deportivos americanos como los Gigantes de San Francisco se están moviendo para que los precios de todas las entradas individuales oscilen en función de la demanda (lo que significa que los partidos menos atractivos son más baratos). Barry Kahn de Qcue, una empresa de programas informáticos que crea los algoritmos, comenta que el potencial de los precios dinámicos es mucho mayor en la música pop porque no hay titulares de entradas de temporada.

Hay un problema, no obstante. Al menos cuatro agentes intervienen en la presentación de un espectáculo de música en vivo: un artista, un promotor, un vendedor de entradas y un lugar de actuación. Enzarzados en riñas perpetuas sobre los botines, les cuesta adoptar técnicas de precios más sensatas. Incluso en la creación, hace un año, de Live Nation Entertainment, un gigante del entretenimiento verticalmente integrado, no han cambiado las prácticas en materia de precios de forma significativa. Muchos artistas afirman que quieren dejar fuera a los revendedores, una tarea imposible.

El negocio de la música tiene una larga historia de imposibilidad de innovación. Su incapacidad para hacer frente al intercambio de archivos condujo al derrumbamiento de las ventas de la música grabada y una creciente dependencia de la música en vivo. Esa parte del negocio ahora necesita mejorar. Es hora de despertar y oler la cerveza derramada.

¿Qué opináis? ¿Espabilará algún día la industria musical? ¿Veremos los precios dinámicos en otros negocios más allá de las aerolíneas? ¿Espabilarán los sectores en crisis?.

Me da la impresión de que tanto la crisis como Internet son las escusas perfectas para unos modelos de negocio obsoletos y completamente alejados de la realidad. Lo que está claro es que la gente está dispuesta a pagar por lo que que busca, a un precio razonable y esa es la razón porque hoy en día, con tanta crisis y tanta piratería, un grupo de los 90 es capaz de entrar en el Guiness al igual que una inmobiliaria puede vender un piso en un tiempo récord si pide por él lo justo.