Hay muchos motivos para la desconfianza, no por España en sí, especialmente porque todos los que mandan en el mundo económico y político en la €zona en mayor o menor medida nos han engañado alguna vez durante estos años, por ejemplo alabando la solvencia de Grecia o vendiéndonos unos stress test a la banca tan tramposos que dieron por buenos a unos bancos irlandeses que han tenido que ser nacionalizados por culpa de unos agujeros que por supuesto ya tenían en el momento del examen. Nadie ha dimitido, nadie se ha responsabilizado, prácticamente los mismos que nos han metido en este lío y que hemos visto cómo se equivocaban una y otra vez, siguen en sus puestos exigiendo a la población más y más sacrificios para resolver lo que ellos decían que no era un problema. En general la población europea está respondiendo, aceptando la política de austeridad y recortes sociales emprendida por los gobiernos pero algunos países, entre ellos España, se encuentran –a pesar de ello- con problemas para poder colocar sus emisiones de deuda pública. ¿Por qué?  En un «La semana en los mercados» del 30 de abril del pasado año decía:

Tendemos a creer que los mercados financieros son una entelequia pero en realidad son la suma de millones de voluntades humanas, si hace un mes un gestor de un fondo de pensiones francés decidió comprar un bono griego al 7% porque se creyó las palabras de Trichet sobre la fortaleza griega y hoy está recibiendo una sonora bronca de su jefe que le achaca –como buen jefe, siempre a toro pasado- haberlo hecho, difícilmente mañana comprará deuda española por mucho que Salgado diga –y con razón- que “España no es Grecia”, como mucho invertirá en bonos franceses y si acaso alemanes…y ese proceso está ocurriendo a nivel global: se prima la seguridad sobre la rentabilidad y eso nos perjudica.

Bien, imaginemos que ese gestor francés –por cierto, el país que más deuda pública nos compra- aquel 30 de abril, y a pesar de la mala experiencia griega, hubiera decidido comprar un bono español a 10 años. Habría recibido un 4.05% de rentabilidad de algo que hoy está –y gracias a los últimos días no está peor- en torno al 5.20%, es decir, ha empeorado un 28%. Si se hubiera cubierto con futuros también estaría perdiendo puesto que éstos siguen al bund alemán y aquel día el diferencial bono-bund estaba en 100 puntos (aquí podéis ver su evolución: Diferencial bono español-Bund alemán el último año) …hoy en 203, es decir, ha empeorado un 103%. Eso sí, habría podido mitigar las pérdidas comprando unos seguros contra una posible quiebra de España, unos CDS. Aquel día cotizaban a 158…hoy están a 265 (hace pocos días tocaron 359), esto es, un 67% más altos. Claro, egoístamente queremos que nos compren nuestra deuda pública, con argumentos muy lógicos podemos defender la solvencia de España, el exceso de riesgo que nos achacan, el que no deberíamos pagar tanto por encima de Alemania, que nuestra deuda pública respecto al PIB está por debajo de la media europea…pero es que todo eso ya lo podíamos haber argumentado hace 9 meses y todo el que nos hizo caso está perdiendo dinero. Es más, aquel que compró CDS –que tan caros e irracionales nos parecían entonces- de España es el que hizo mejor negocio.

Cuando en bolsa un inversor compra una acción, y baja, y vuelve a comprarla, y vuelve a bajar y pasan los meses y no para de perder dinero, al final deja de invertir en ella. Eso no nos tiene por qué afectar pero si los que compran nuestra deuda pública cada vez que lo hacen pierden, al final dejan de interesarse por ella y eso sí es un enorme problema. Nosotros, como el resto de países del mundo, necesitamos –en clara competencia con ellos- colocar nuestras emisiones, entre otras cosas para poder devolver lo que en su día nos prestaron. Esto es fundamental, porque en el momento que no podamos afrontar un pago, pocos querrán invertir aquí, incluidos los españoles. Por fortuna no es el caso pero es importante ver lo peligrosa que es la dinámica en la que nos estamos metiendo: emitimos y emitimos y decepcionamos a todo aquel que nos financia porque cada nueva subasta sube la rentabilidad y sus posiciones entran en pérdidas porque si las quisieran deshacer perderían dinero. No es desde luego una buena estrategia de márketing. Veamos la evolución de la rentabilidad de nuestra deuda a 10 años y de la prima de los CDS de España a 5 años:


Y por supuesto, el ejemplo del gestor francés se multiplica…y resulta que algo parecido –apostar por España y perder dinero- le ha pasado a un trader del Barclays en Londres,  a Warren Buffet, a una compañía de seguros holandesa que decidió colocar algo de su liquidez en bonos españoles, a una Caja Rural, al que gestiona el fondo soberano de Qatar…”los mercados” son algo muy amplio, donde la desconfianza es contagiosa y donde los hechos –medidos en resultados monetarios- son mucho más importantes que los argumentos. Manuel Conthe describe la expresión «los mercados» como un término metafórico para resumir las tendencias producidas por el comportamiento de un amplio conjunto de agentes económicos muy diverso que ante el miedo a una crisis se comportan como en el «dilema del prisionero» en el que la estrategia dominante de todos, incluso de quienes desearían evitar la crisis, es salir huyendo del peligro y no cooperar en su solución. Y en ese conglomerado de “agentes económicos” nuestro principal futuro aliado -aparte de BCE- puede venir de Asía: China, Japón, los países árabes productores de petróleo… están hartos de invertir en activos en $ emitidos por un gobierno que no recorta el déficit, cada vez que llega al límite de deuda establecido lo soluciona ampliándolo y abarata artificialmente su divisa para favorecer a sus multinacionales. Si ellos compran activos en euros, no sólo nos financiarán, además fortalecerán nuestra moneda y sólo con eso ya tendrán un gran beneficio, iniciándose un círculo virtuoso que nos beneficiaría especialmente.

Y no es algo nuevo, hace años que los inversores internacionales, a pesar de su mala prensa aquí, apuestan por España: si los datos del Tesoro Público no mienten los extranjeros han aumentado sus compras de deuda pública española en 2010 y ahora tienen el 49% de toda la que hay en circulación, con más de 200.000 millones en bonos y obligaciones del Estado. De estas cifras yo extraigo una conclusión positiva: si aumentamos la rentabilidad atraemos al inversor foráneo luego no deben creer que no vamos a pagar. Si fuera así, les daría igual el tipo, directamente no comprarían. Pero hay más, al contrario que los extranjeros, los españoles directamente –seguro a través de fondos es algo más- apenas poseen un 0.50% de los bonos, es decir, menos de 2.000 millones, y otra cantidad similar en letras del Tesoro, ¿No deberíamos pues echar menos balones fuera y reconocer que los primeros en desconfiar somos nosotros? ¿Podemos pretender que otros encuentren interesante colocar su ahorro en unos activos del Tesoro español cuando nosotros los rechazamos? A cierre de 2010 los españoles teníamos en imposiciones a plazo fijo 418.265 millones de € ahorrados, ni un 1% de ese capital lo tenemos en deuda española; ni siquiera en letras, que son plazos más cortos. Así pues, ante esta noticia: El Gobierno inicia una gira mundial en febrero para ganarse la confianza de los mercados conviene no olvidar que intentamos vender fuera algo que no nos convence a los de dentro y que ha hecho perder mucho dinero a todo aquel que creyó en nosotros estos últimos meses. Espero tengan suerte en el empeño pero no deberían olvidar que también los españoles somos “los mercados” y que estaría bien que también se esforzaran en ganarse nuestra confianza.