En 1923 Ludwig von Mises mostró sus ideas sobre los ciclos de los negocios en su obra  «La teoría del dinero y el crédito». Un libro que pasó sin pena ni gloria en la época ya que a parte de ser una obra difícil de leer, estaba en alemán. Reconozcamos que da mucha pereza leerse un libro de economía titulado «Theorie des Geldes und der Umlaufsmittel»

Mises explicaba cómo el sistema bancario estaba dotado de una habilidad singular para expandir el crédito y con ello la oferta de dinero, y cómo se ampliaba esa situación por la intervención gubernamental. No interviniendo, los tipos de interés se ajustarían de tal modo que el crédito sólo se utilizaría en la medida en que se ofertase y demandase de forma voluntaria. Pero cuando el crédito se alimenta de forma obligatoria (llamémoslo exceso de crédito), empiezan a ocurrir cosas grotescas.

La expansión de los créditos impuesta por el gobierno distorsiona nuestras «preferencias en el tiempo» o nuestro deseo de ahorrar o consumir. Los tipos de interés impuestos por el gobierno por debajo de los tipos demandados por los ahorradores dan lugar a mayores solicitudes de préstamos e inversiones de capital de las que los ahorradores podrían generar. Esto produce más empleos, mayores salarios y consumo de forma temporal.

Normalmente, cualquier aumento aleatorio de los créditos repentino podría ser absorbido rápidamente por el sistema, los errores en los precios corregidos, las inversiones precipitadas liquidadas, como un árbol flexible mecido por el viento, es lo que los liberales llaman «Laissez faire» (dejad hacer, dejad pasar). Pero cuando el gobierno mantiene los tipos bajos de forma artificial para alimentar inversiones en negocios de otro modo poco sólidos e insostenibles, se generan las circunstancias que dan lugar a la caída. Todo el mundo parece inteligente por un momento, pero posiblemente toda la monstruosidad se derrumbe bajo su propio peso a través de una contracción del crédito, o peor, un colapso de la banca. Esto lo hemos vivido hace bien poco, lo inteligente era comprarse una vivienda ya que siempre subían.

El sistema es muy susceptible a los errores, tanto políticos como empresariales. La expansión de los créditos por parte del gobierno coge un sistema, que de otro modo sería capaz de ajustarse y de recuperarse, y lo transforma en una enorme volatilidad cíclica.

Los años 20 estuvieron marcados por una nueva era del sistema de la Reserva Federal, en el que se promovió la expansión del crédito inflacionario y con él una prosperidad permanente. Lamentablemente, el pobre Ludwig, tachado de pesimista en la época, estaba prácticamente solo al avisar de la llegada del derrumbamiento económico como consecuencia de esta expansión del crédito. A mediados de 1929, se obstinó en rechazar una oferta de trabajo lucrativa del banco vienés Kreditanstalt, para disgusto de su prometida, proclamando que una gran caída estaba próxima y que no quería que su nombre se viera involucrado en modo alguno con ello. Esto es algo que también se repite cíclicamente, el que en plena euforia de los mercados intenta poner un poco de sensatez se le tacha de agorero.

Todos sabemos lo que ocurrió después. Mucho de lo mencionado por Mises,  bancos en los que se había reinvertido en exceso (incluido el Kreditanstalt), negocios y empleos se derrumbaron. El árbol quebradizo se partió. Siguiendo la lógica de Mises, ¿fue un fallo del capitalismo o un fallo de la soberbia?

La solución de Mises deriva de forma lógica de sus advertencias. Se puede arreglar lo que está roto volviéndolo a romper. Acabando con el exceso de crédito. Acabando con la inflación. No incentivando el consumo, sino el ahorro y la amortización de la deuda. Dejando que los malos negocios se hundan, no rescatándolos. Las distorsiones deben ser eliminadas o de otro modo el precipicio al que caerá de forma inevitable el sistema se hará cada vez mayor.

Mises empezó a obtener algo del respeto que se merecía cuando su «Theorie des Geldes» se publicó finalmente en inglés en 1934. Es una pena que fuera preciso que se produjera un desastre de tal magnitud para que la gente prestara atención a lo que era la erudita explicación predictiva de lo que estaba ocurriendo.

Pero entonces, la mala suerte de Mises vino acompañada en 1936 del libro de John Maynard Keynes The General Theory of Employment, Interest and Money (Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero). Keynes era pulcro, fresco y sofisticado. Incluso escribía en inglés. Y el tipo tenía agallas, luchó sin miedo la batalla contra el desempleo dirigiendo la imprenta de la moneda y vaciando las arcas del Estado.

Su libro estaba salpicado de matemáticas extravagantes (incluso letras griegas) y eso significaba rigor, modernidad. Para empeorar las cosas, Keynes ni siquiera refutó a Mises, lo ignoró.

El pasado Miércoles, The Economist escribía un interesante artículo sobre el olvido a las teorías de Mises en esta crisis, todas las medidas que se han tomado, casi unánimemente, han sido de corte Keynesiano, acudiendo a rescates en vez de dejar caer a los culpables.

Si estamos en el libre mercado, debemos estarlo con todas sus consecuencias y «dejar estar» significa también dejar caer, nada de mezclas.

¿Que creéis que habría ocurrido si se hubiese dejado en su día al mercado corregir los errores que él mismo cometió?  ¿Ha sido el culpable de la crisis el capitalismo o lo ha sido el intervencionismo del estado en el campo monetario?.