El síndrome de China es una hipótesis extrema de la fusión de un reactor nuclear, en la cual en el caso de que hubiese un accidente de este tipo en EEUU, el material fundido atravesaría la barrera de hormigón debajo de él, pasaría por el suelo y  podría hipotéticamente atravesar la corteza de la Tierra y alcanzar las antípodas de los Estados Unidos, popularmente asociadas a China.

Este concepto se puso muy de moda a raíz de la película, con el mismo título, protagonizada en 1979 por Jack Lemon y Michael Douglas.

Es lo que tiene el vivir en un mundo esférico, que si el que está en el otro lado la lía parda, puede afectarte a ti que estás tan tranquilamente a 20.000 Km y esto nos vale tanto cuando Homer Simpson le da al botón equivocado en su planta nuclear como cuando Obama hace un plan de estímulo económico en la Casa Blanca, en ambos casos se produce el síndrome de China.

En el pasado, cuando, por ejemplo, el gobierno de los EEUU realizaba un plan de estímulo de la demanda para su país lo que ocurría era lo obvio, se estimulaba una expansión de la inversión dentro de ese mismo país. Las empresas invertían en la expansión nacional a fin de aumentar su oferta de productos y satisfacer así la renovada demanda estadounidense. Esta expansión en la inversión se veía reflejada en un crecimiento del empleo, lo que ponía en marcha un ciclo de expansión económica.

Sin embargo, en la actualidad, las empresas no necesitan expandirse dentro de los EE.UU para satisfacer la demanda estimulada EE.UU. Ya que en este caso amplían su capacidad productiva mediante las instalaciones que tienen en otros países, generalmente en China, con el fin de cumplir la demanda estadounidense. Así este estímulo no crea un ciclo de expansión económica sostenible dentro de los EE.UU como antes ya que lo que realmente crea son puestos de trabajo en China (por ejemplo Foxconn, el fabricante del iPhone, anunció hace poco que quiere hacer 400.000 contrataciones‎) resulta cuanto menos curioso ver que en la parte trasera del Iphone pone «Designed by Apple in California, Assembled in China«

También es cierto que nos encontramos con excepciones y habrá algunas empresas que respondan dentro de su país a los estímulos de este pero lamentablemente es una proporción mucho más pequeña de lo que ocurría, por ejemplo en la década de 1950, cuando los americanos se compraban un coche de la General Motors diseñado y fabricado en Detroit (buy american).

Con esto no quiero decir que haya que estar en contra de cualquier forma de estímulo económico, simplemente que los planes que históricamente han funcionado ya no lo hacen. Lamentablemente el «atajo» del soltar pasta para que inmediatamente se consuma en el país tiene que reemplazarse por caminos mucho más lentos como es el incremento de la productividad, mucho me temo que nos tocará competir, como mano de obra, con los chinos.

Y para complicar un poco más la cosa nos encontramos ante la paradoja de que al final los dólares gastados en los planes de estímulo de EEUU acaban en el país que les compra la deuda. ¿Cómo saldremos de este círculo? ¿Y si en vez de estimular la economía lo que necesitamos es desestimularla?

Ayer mismo, Obama volvió a tirar de talonario y anunció una inversión de 38.800 millones en infraestructuras que permita impulsar la creación de empleo, a lo cual, como si fuese el síndrome de China,  las grandes constructoras españolas, se interesaron en el plan de infraestructuras de Obama (por no hablar de que las constructoras que más facturan son chinas). Para liar la cosa un poco más, por aquí hacemos las cosas al rever y vemos como Salgado comenta que la estrategia de austeridad de la UE es “la correcta” frente al plan de estímulo de EEUU, claro que mucho me temo que en nuesto caso la austeridad no es por falta de ganas si no por falta de dinero.

¿Qué opináis vosotros? ¿Debe primar la austeridad o el estímulo de la economía?