Esta semana en las bolsas se ha visto un importante cierre de posiciones bajistas que ha prolongado las alzas iniciadas días atrás. La excusa han sido algunos buenos resultados empresariales pero no olvidemos que este rebote se inició en extremos de pesimismo similares a los de marzo de 2009 y por un alejamiento de mínimos anuales del € que anunciaron una menor desconfianza hacia Europa, es decir, el principal argumento bajista quedó minimizado, como ha demostrado el éxito de las numerosas subastas de deuda pública en Europa estos días. Esto ha generado que las pautas estacionales que indican que Julio es alcista y en concreto esta semana en la que vencen opciones y algunos futuros, hayan vencido a las figuras técnicas bajistas de H-C-H invertidos, curiosamente un año después de que ocurriera exactamente lo mismo. De momento sólo parece un rebote desde mínimos anuales en un contexto económico en el que la propia FED prevé menor crecimiento y más paro pero el bajo volumen del verano puede amplificarlo aún más.

También ha estado marcada en España por la esperanza económica de un impacto positivo del éxito de la selección española de fútbol, manejándose incluso previsiones de subidas de 7 décimas para el PIB gracias a la victoria. Que el consumo subiera el día de la semifinal y el de la final es indudable como también lo es la baja productividad laboral que hubo en España este lunes por lo que no creo se deba exagerar esto, el año –recordemos- tiene 365 días. También se apuntan a factores psicológicos, que la victoria en el Mundial conducirá a un mayor optimismo que aumente el consumo. Bueno, ahora han pasado unos días y en frío podemos valorar esto con más objetividad, ¿alguien va a comprarse un coche o se va a gastar más dinero en sus vacaciones porque se hayan ganado unos partidos de fútbol? Ojalá me equivoque pero pienso el único impacto –que no debe despreciarse pero que es difícilmente cuantificable- es la mejora de la marca “España” en el extranjero, lo cual nos ayudará en la campaña turística. Eso sí, como hemos visto estos días, los mercados financieros no han cambiado su percepción sobre nuestra economía y de hecho este lunes “de celebración” tanto el Ibex como el diferencial respecto al Bund empeoraron.

El Banco Central Europeo (BCE) se reúne el próximo 21 de julio con los bancos de la zona euro para tomar el pulso del sector financiero. Se trata de una reunión ordinaria, ya que el BCE se reúne una vez cada semestre con los máximos representantes de los bancos comerciales del área euro, pero esta vez tendrá especial relevancia. En este país en el que politizamos todo, desde la interpretación de unos jueces hasta un resultado futbolístico, seguramente se haga lo mismo con los resultados de los “stress test” a la banca europea que se harán públicos la próxima semana. Y es que todo apunta a que nuestras entidades darán un repaso a las demás. ¿Por qué? Básicamente las pruebas de stress a la banca  intentan discernir cual será el impacto en sus resultados y su solvencia de escenarios económicos peores a los previstos. Esto, que surgió como novedad internacional el año pasado en los EUA, es algo que ya hace Banco de España hace años. Por ejemplo, MAFO ya ha hecho los cálculos de cómo reaccionarían nuestros bancos y cajas a una tasa de paro del 22%, del 25% para 2011 y del 23% para 2012, escenarios bastante peores que los que por ejemplo asignó la FED cuando determinó como peor escenario una tasa de paro del 8.9% en 2009 (y a los 6 meses estaba en el 10.2%). Y es que “cuando la economía se mantiene estable, las desviaciones en las predicciones oscilan entre 0,4 y 0,8 puntos por debajo del PIB real (lo que ha sucedido entre 2003 y 2007), pero cuando se derrumba, el grado de error se dispara a 4 puntos por encima, como ha ocurrido el año pasado” (Fernando Trías de Bes, profesor de Esade). Además, recordemos que calcular la solvencia de un banco dependiendo de variables macroeconómicas como el PIB, el IPC o la tasa de paro no sirvió para que se salvaran ni Cajasur ni CCM por lo que creo es evidente que es un sistema que no garantiza nada. Además, el que el problema de nuestros bancos sea la inversión inmobiliaria y los créditos dudosos en ese campo nos da una ventaja –con este sistema- respecto a los europeos, más implicados en erróneas inversiones financieras. Pero no olvidemos que es el propio Banco de España el que contabiliza en 445.000 millones la exposición al ladrillo. En esta cantidad se incluyen viviendas nuevas, usadas, finalizadas, en curso, terrenos urbanos, urbanizables, rústicos, naves logísticas, edificios de oficinas…

Además la historia ha demostrado que un banco además de ser solvente debe disponer de liquidez, si no, se convierte en un zombie y una carga en lugar de una empresa de servicios. Hagamos una suposición que no es nada fantasiosa: llega el 2011, acabada la deducción fiscal por compra de vivienda habitual el mercado inmobiliario se paraliza, a la vez BCE, como lleva avisando hace meses, decide restringir la liquidez al sistema financiero lo que genera que los bancos se queden secos (en junio el BCE proporcionó a los bancos españoles 126.300 millones de €, la mayor cantidad de la historia) y decidan empezar a vender activos –básicamente inmobiliarios- provocando bruscas caídas –en una sociedad con un 20% de desempleados que no puede absorber el stock- de precios –por simple ley de oferta y demanda- hasta el punto que lo que pueden obtener de liquidez es menos de lo que creían tener, es decir, les llevaría a la quiebra. O puede que aguanten sin presentar suspensión de pagos pero sin poder prestar, ¿Qué importa que esos bancos no quiebren si paralizan totalmente la economía al reducir aún más el flujo monetario? Entonces quizás lo correcto sería hacer un stress test a la economía con el supuesto de qué ocurriría si esto le pasara a la banca. El Banco de España, en su informe de estabilidad bancaria publicado en el mes de abril, cifraba en 160.000 millones de euros los créditos «potencialmente problemáticos” (de hecho, oblgia a que en otoño las entidades aumenten las provisiones ), analistas prestigiosos como el Credit Suisse hablan de una tasa real de mora del 10% (el doble de la declarada) y Standard & Poor’s a comienzos de este año cifraba en 99.300 millones las pérdidas por exposición al ladrillo que presentarían nuestras entidades financieras. ¿Cómo es posible con este panorama que pasemos los “stress test” con nota? Hay varios motivos, desde los miles de millones de deuda renegociada –sobre todo con las constructoras- que no dejan de ser un simple alargamiento de plazos para evitar la quiebra del deudor y no tener que provisionar por el 100% al intercambio de activos por el que los bancos se hacen dueños de las compañías y a veces se enmascaran con acciones que se revalúan a un precio artificial como ya expliqué en El ejemplo Metrovacesa. Expertos como Luis Garicano (de la London School of Economics) también insisten que en España una entidad no está obligada a informar de los créditos fallidos, cuando en otros países si lo hacen.

Y no se acaban ahí los particulares problemas de nuestro sistema financiero, este año se ha añadido algo con lo que pocos contaban: el riesgo soberano. Bancos y cajas tienen deuda soberana española por 154.000 millones, según Fitch y a día de hoy toda esa cantidad está invertida en un activo de riesgo. Ni en la semana en la que el Ibex subió casi un 10% y el Tesoro colocó bonos de largo plazo con relativo éxito se bajó de los 2 puntos de diferencial respecto al Bund alemán, es decir, los mercados desconfían del activo más líquido que tienen los bancos y cajas en España y que -dada la volatilidad de los mercados- pueden generar graves distorsiones en los resultados. Como vemos, entre los problemas reales de nuestra banca (por cierto, también muy expuesta a Portugal, otro país con problemas) y las condiciones de los stress test hay un abismo que al ser de sobras conocido, difícilmente servirá para que los mercados internacionales abran sus mercados de crédito a las entidades españolas que no sean BBVA, Santander y a veces la Caixa. Y aunque sea cierto que nos tienen manía (RBS cree que la banca española necesita 50.000 millones y el apoyo de Europa para recapitalizar el sector ), dudo esa sea la razón ya que las entidades españolas tampoco se prestan entre sí en el interbancario.

Algunos datos.

Lo que deben nuestros bancos a BCE mes a mes

Algunas opiniones.-