Hace una semana pude leer en el New York Times un interesante artículo («Mamá, pastel de manzana e hipotecas») de Robert J. Shiller, un tipo tan metido en el análisis de la vivienda que tiene hasta su propio índice, el índice Case-Shiller que mide los precios de la vivienda en EEUU. El problema de este hombre es que se centra principalmente en su país, así que he cogido su artículo le he pasado por chapa y pintura y lo he españolizado un poco con el resultado que veremos ahora.

Durante décadas,los gobiernos han fomentado la compra de vivienda, bien mediante desgravaciones en la declaración de la renta, rebajas del IVA para las reformas o bien  fomentando la concesión de hipotecas (como fue el caso americano con Fannie Mae y Freddie Mac). Pero ¿cuál es la justificación a largo plazo para que los contribuyentes subsidien la propiedad de la vivienda?

Los subsidios para la vivienda, se iniciarion esencialmente en EEUU durante  la Gran Depresión con, entre otras cosas, la creación de la FHA en 1934 y Fannie Mae en 1938. Todo comenzó por una simple razón: más de un tercio de todos los desempleados fueron identificados, directa o indirectamente, con la construcción. En ese momento, no parecía haber ninguna manera de reducir el desempleo sin estimular la vivienda.

Pero consideremos lo que sucede una vez que la economía se recupera. Ya que nuestros ingresos son los que son, si gastamos más en vivienda tendremos generalmente menos para gastarnos en otras cosas.  ¿Por qué entonces el consumo de la vivienda es mejor que el consumo de otros bienes? ¿Por qué todos los beneficios fiscales van a que nos compremos una casa o un coche?

Esta vez, la mejor respuesta no se encuentra en los libros de economía si no más bien en los de psicología. Históricamente en EEUU y España, la propiedad de una vivienda se ha asociado con la libertad (como el coche), mientras que el alquiler se ha vinculado a la opresión de un propietario (es cierto que las cosas han cambiado, pero así ha sido históricamente).

En 1985 en el ibro, «Crabgrass Frontier» de Kenneth T. Jackson de La Universidad de Columbia  comentaba  la creencia estadounidense de que la propiedad de vivienda alienta el orgullo y la buena ciudadanía y, en última instancia, la preservación de la libertad. En 1899, en «La Teoría de la clase ociosa», Thorstein Veblen describió la propiedad de vivienda, especialmente de viviendas grandes y caras, como un consumo realizado con el fin de impresionar a los demás, mostrando la cantidad de dinero que puede permitirse el lujo de poseer un espacio que no necesita.

La situación en España no era muy distinta, en 1939 se creó el Instituto Nacional de la Vivienda y se hizo de la vivienda un argumento político como consecuencia del apoyo ideológico a la familia, receptáculo de las esencias espirituales y conservadoras del hombre.

En resumen, todo esto tiene mucho que ver con la cultura, y muy poco que ver con la sabiduría financiera. Después de todo, la teoría económica sugiere que la gente no debe poseer sus propios hogares, al menos no en la forma en que muchos lo hacen hoy en día. Un principio básico en economía doméstica es que la gente debe diversificar – lo que significa que no debe poner todos sus huevos en la misma cesta, que es lo que significa ahora de propiedad de vivienda para muchas personas.

Por tanto se debería reconsiderar la idea de alquilar, lo que podría ser una opción viable actualmente para la mayoría de los ciudadanos, que provocaría menos burbujas especulativas y que seguramente no pondría en peligro los valores tradicionales de la libertad individual y la buena ciudadanía.

Suiza, por ejemplo, es un país con fuerte patriotismo, de espíritu de lucha de la defensa nacional, un compromiso con la libertad y la tolerancia, y un bajo índice de criminalidad aun así  su tasa de propiedad de vivienda es sólo un 34,6 por ciento, frente al 66,2 por ciento para los Estados Unidos o el 86% de España.

¿Estáis deacuerdo en que el estímulo hacia la compra de vivienda tiene unos fines más allá de lo económico? ¿Podría tratarse de una estrategia política para convertirnos en buenos ciudadanos?