El Gran Houdini es sin duda el mago más reconocido de todos los tiempos (pese a no haberse casado con Claudia Schiffer) se escapaba del interior de cajas fuertes arrojadas al mar, de camisas de fuerza colgado boca abajo de rascacielos, y de toda suerte de esposas, cuerdas, baúles cerrados con candados y cadenas de cualquier tipo. Nunca fallaba.

A veces me da la sensación de que la economía es como un espectáculo de Houdini y que en momentos como este en los que estamos enterrados hasta el cuello vendrá algún gran mago con su truco y nos salvará en el último minuto. Hoy veremos un truco clásico que quizás estén pensando en utilizarlo los prestidigitadores del BCE, se trata de «Subir los impuestos sin subirlos», antes pongámonos en antecedentes.

Hace unas semanas los fondos estuvieron negociando con los denominados credit default swaps (CDS) a gran escala. Un CDS es un contrato por el que una parte paga un importe anual para protegerse frente a un impago, mientras que el vendedor se compromete a cubrir las pérdidas en caso de impago. Son una póliza de seguros frente a impagos de bonos y otras deudas. El comprador obtiene un pago si el bono subyacente incurre en impago.

En el caso de los «PIIGS» (Portugal, Italia, Irlanda, Spain y en este caso especialmente en Grecia), los inversores en CDS apuestan a que el gobierno griego (y en menor medida, el español y portugués) no podrá pagar sus deudas y que los precios de los CDS subirán como consecuencia de ello. Los precios de los CDS de la deuda soberana llegaron a alcanzar niveles astronómicos, con un máximo de 410 puntos básicos la semana pasada, dos veces más alto que en diciembre. Esto significa que los inversores que quieran asegurar 10 millones de euros de la deuda pública griega frente al impago en un plazo de cinco años, ahora tienen que pagar entorno a 400.000€ al año. El precio de cobertura equivalente para un bono del gobierno alemán asciende a solo 35.000€.

El temor al impago de la deuda por parte de Grecia y de otros países de la UE que se han visto duramente perjudicados por la crisis financiera, ha dado lugar a la brusca depreciación de la moneda única del euro hace unos días. Los estados miembros de la zona del euro se enfrentan a un dilema.

Si se ayuda a Grecia, que es de momento la medida más posible, se podría provocar una carrera especulativa. Se produciría un efecto dominó en el resto de los países endeudados que también tendrán que ser rescatados. Esto costará mucho dinero a  la zona euro, incluyendo países relativamente estables como Alemania.

Rescatar a Grecia con el dinero de los contribuyentes sería muy impopular y difícil de vender a los votantes, pero si los países de la zona del euro abandonan a Grecia, los desequilibrios económicos dentro de la eurozona crecerían y la esperanza de una pronta integración europea se haría trizas.

Una solución sería permitir que la inflación de la zona euro subiera. Esto reduciría la carga real de la deuda nominal, y, desde una perspectiva política, sería la manera más sencilla de tratar con una deuda pública excesiva. Siempre se ha dicho que la inflación es el impuesto de los pobres entonces ¿por qué no subirlo? Podríamos decir que es el impuesto menos impopular que además grava principalmente al ahorro, fomentando el consumo. A fin de cuentas es lo que hizo Bernanke para evitar la deflación en EEUU.

Resumiendo, la economía –y parece engloba todas las tendencias dentro del actual sistema- busca que gastemos y apoya cualquier medida que evite la deflación, a eso se refieren cuando dicen que se ha evitado lo peor. El consumo privado aún está parado y sólo ciertos activos (como la bolsa) están “inflacionándose” y es que esto no es la panacea, recordemos que la Gran Depresión no finalizó hasta más de una década después del fin de la deflación.

Una creciente inflación provocaría por otro lado una depreciación del euro frente a otras divisas, lo cual es bueno para nuestras exportaciones (aunque malo para el turismo).

Lo que acabo de comentar es un sacrilegio para la ortodoxia económica pero ya sabemos que problemas extraordinarios exigen de medidas extraordinarias. ¿Se atreverán a abrir la caja de pandora de la inflación?

Resulta cuanto menos paradójico que la mayor de las amenazas para Trichet pueda acabar en convertirse en su As en la manga para seguir demostrando que la fortaleza de la economía europea. Esperemos que no ocurra como al gran Houdini el cual para demostrar su resistencia física desafió a un desconocido a que le pegara un puñetazo en el estómago el cual no dudó en hacerlo, perforándole el apéndice. Houdini, como buen actor que era soportó el dolor y marchó a Denver donde tenía una función, pero no pudo acabarla, a los 10 días murió.