De vez en cuando surgen personajes en la sociedad que se cuestionan la manera en que hacemos las cosas y ponen todo patas arriba. A veces están en lo correcto y otras veces completamente equivocadas pero es indudable la necesidad de este tipo de figuras que nos ayudan a replantearnos algunos conceptos y no caer en la autocomplacencia.

Peter Thomas Bauer es uno de ellos. Se trata de un economista de corte liberal nacido en Budapest en 1915 y fallecido en el año 2002 pocos días antes de recibir el premio Milton Friedman.

Durante muchos años se asumía la idea de que los países pobres no pueden progresar porque su renta es tan baja que la tienen que dedicar a las necesidades básicas y no pueden ni ahorrar ni acumular capital y por tanto no pueden desarrollarse. Se encuentran metidos dentro de un perverso círculo vicioso. Son pobres porque son pobres, y por ello necesitan ayuda externa, la suficiente como para salir de esa maléfica espiral y entrar en la del crecimiento. Sin embargo, Bauer desmintió esa teoría basándose principalmente en que todos los países han sido pobres alguna vez, y muchos han escapado de tal situación por sí mismos, sin ayudas exteriores y sin que su pobreza inicial se lo impidiera.

Por tanto, la solución para salir de esta situación no es la ayuda externa, ya que esta lo que hace es echar más gasolina al motor de la corrupción de aquellos que la reciben. Como comentaba el propio Bauer la ayuda externa es un excelente método para transferir dinero de los pobres de los países ricos a los ricos de los países pobres. No se puede conseguir el crecimiento de un país inyectándole fondos sin crear previamente el marco adecuado, principalmente con unas instituciones válidas para gestionar esas ayudas. En los países tercermundistas descubrió que los derechos de propiedad no eran correctamente defendidos, ni siquiera los contratos y que las regulaciones eran tan vastas y los impuestos tan gravosos que era imposible sacarlos de la pobreza sin eliminar el intervencionismo que la provocó.

Ayer mismo escuché en la radio a un ciudadano Español residente en Haití que comentaba que allí estaba asumido que la única manera de hacerse rico es llegar al gobierno, no hay otra manera ni por iniciativa propia.

En el año 2000 Bauer escribió un documento que comenzaba así:

¿Cómo evaluaría usted las perspectivas económicas de un país asiático que tiene muy poca tierra (y encima aquella consiste solamente de puros montes erosionados) y que es realmente el país más densamente poblado del mundo; que tiene una población que ha crecido rápido, tanto por medio del aumento natural como por la inmigración a gran escala; que importa todo su petróleo y todos sus materiales crudos y aún mucha de su agua; que tiene un gobierno que no está involucrado en la planificación del desarrollo y que no ejerce control alguno por sobre los tipos de cambio ni restringe las exportaciones e importaciones de capitales; y que es la única colonia occidental de importancia alguna?

Tiene mala pinta ¿verdad?. Veamos como continúa el artículo:

(…) Hong Kong es el país en cuestión, ha progresado fenomenalmente desde los años 40, cuando era todavía muy pobre, y que se ha convertido en un competidor tan formidable que los países occidentales erigen barreras comerciales en contra de aquel país distante. Si analizara más a fondo, sabría que los ingresos y los salarios reales han subido rápidamente en Hong Kong en las recientes décadas. E incidentalmente Hong Kong es sólo un caso extremo de un fenómeno más general porque algo similar aunque con un progreso material menos pronunciado ha ocurrido en algunos países o regiones—Corea del Sur, Taiwán y Singapur entre ellos—cuando de acuerdo a los expertos esto debería haber sido imposible.

El ejemplo de Hong Kong es bastante revelador ya que tenía todas las papeletas para convertirse en un país tercermundisa. Pobre, sin recursos naturales y encima con el lastre de haber sido una colonia británica. En este caso fue el desarrollo de su industria y comercio la que le permitió crecer, de alguna manera sus ciudadanos se sintieron libres y motivados para progresar. No hay mayor ayuda externa que la de dejar a uno hacer lo que quieras, que generalmente es progresar.

Hoy he querido tomar un punto de vista que para muchos puede parecer demasiado liberal y radical sobre el drama que sufren muchos países tercermundistas pero no está de más conocer otras posturas económicas de las cuales aprender más cuando algunas han funcionado en países aparentemente condenados al subdesarrollo.

¿Hasta que punto la ayuda externa tal y como la conocemos hoy está ayudando a perpetuarse ciertos regímenes corruptos? ¿No estará empeorando más el problema? ¿Qué enfoque deberían emplear los países civilizados para ayudar al tercer mundo?