Siempre me hizo gracia que una de las nanas más utilizadas por nuestros padres para dormirnos se basa en una amenaza:

Duérmete niño
duérmete ya
que viene el coco
y te comerá

Intuyo que de alguna manera estas amenazas soltadas en cuna nos habrán marcado la personalidad haciéndonos ver monstruos por todos lados, aunque lo cierto es que el miedo forma parte de nuestras emociones básicas. Veamos que nos dicen los expertos.

El miedo se activa al mirar a los demás y no es necesario que sea real. Si los demás sienten miedo, yo también lo experimentaré. La gente tiene mucho miedo a la inseguridad ciudadana, por ejemplo, aunque a veces sea muy improbable. Si el miedo llega a ser paralizante nos elimina la posibilidad de vivir, porque una persona paralizada por el miedo, necesitaría tener todo controlado antes de salir de casa.

De alguna manera los miedos se destribuyen en forma de «meme», a veces muy ayudados por los medios de comunicación, como pueda ser ahora el miedo a la Gripe A, al desempleo o a la deflación. En estos casos lo mejor es estar informado para conocer el grado de miedo que debemos tener y cómo actuar ante él, pudiéndonos llevar la sorpresa de que estamos temiendo a algo que igual nos convenga ¿No creéis que para algunos que sufren en su trabajo lo mejor que les podría ocurrir es quedarse sin él? ¿Y si la deflación no es tan mala?.

Entono el mea culpa a la hora de meter miedo con la deflación así que para compensar hoy os traigo un interesante artículo de la revista Time:

La deflación no es una amenaza en absoluto.

No frena el funcionamiento de la economía, ni tampoco frena su recuperación. La evidencia sugiere que un periodo de deflación mantenida puede que sea lo que las economías endeudadas necesiten para volver al buen camino.

Tenemos a  la zona euro con deflación, lo cual según la teoría económica nos indica que estamos ante un precipicio económico, ¿No?. No realmente. Es posible que esté guiando al mundo en su salida de la recesión.

Cualquier persona con una perspectiva histórica de la economía se habría dado cuenta de que ésta habla por si sola. En el Reino Unido, la Biblioteca de la Casa de los Comunes publica datos sobre precios remontándose hasta 1750. Desde 1814 a 1914, los precios subieron un poco en algunos años y disminuyeron otro tanto en otros, así pues no se puede hablar de un cambio real en los precios a lo largo del siglo. En otras palabras, hubo muchos años deflacionistas. Sin embargo durante ese periodo, el Reino Unido se convirtió en la mayor potencia económica del mundo: Su decadencia relativa sólo empezó cuando la inflación se asentó. La deflación no frenó la revolución industrial, uno de los tiempos sostenidos de mayor creatividad económica jamás vistos.

De igual manera, un estudio de 2004 por el Banco de la Reserva Federal de Minneapolis observó los datos sobre deflación en 17 países a lo largo de 100 años. Se encontró con que a pesar de que la gran depresión de 1930 estuvo relacionada con la caída de precios, eso no se repetía en ningún otro período histórico. No existía, decía, «virtualmente niguna evidencia» de que la deflación causara una depresión.

¿Porqué debería? Se nos dice constantemente que la deflación es mala porque hace que los consumidores no compren cosas, al pensar que estarán más baratas mañana. Pero eso es simplemente una tontería.

Todo el mundo sabe que un ordenador o un iPod serán mejores y más baratos en seis meses. Y la gente realmente quiere uno ahora. Atrapados entre estos dos impulsos, grandes cantidades de compradores salen y compran ordenadores y reproductores musicales. Esto es cierto en el sector de la electrónica, y una vez que se acostumbren a la caída de precios, será cierto por igual en otros sectores por igual.

La deflación puede ser mala para grupos de intereses particulares, que resultan ser muy poderosos. Es malo para altos ejecutivos. Es más fácil mantener sus beneficios en un entorno medianamente inflacionista. Podrías subir ligeramente tus precios, y con frecuencia puedes recortar los salarios de los trabajadores en secreto al mantenerlos fijos.

Al sector bancario, que ha acabado dependiendo en la inflación para hacer que los préstamos altamente apalancados sean sostenibles, tampoco le gusta la deflación. Igualmente es malo para los gobiernos, que usan la inflación para reducir el valor de sus deudas.

Por otro lado, la deflación es una buena noticia para los ahorradores que se hacen cada vez más ricos simplemente manteniendo su dinero. Y es beneficioso para el consumidor, que obtiene precios más baratos. Normalmente también es bueno para los trabajadores al poder éstos mantener sus salarios aún cuando los precios bajan.

Hay perdedores y ganadores, como los hay en todos los desarrollos económicos. El punto importante es que la gente que pierde tiene más poder que la gente que gana. Esto podría explicar porque oímos sobre los peligros de la deflación y no sobre sus ventajas. Aún eso no les da la razón.

No existe una amenaza de la deflación. Puede que sea hasta algo deseable si promueve un balance entre ahorros y consumo, así como desalentar a los gobiernos y bancos  de asumir deuda

Así que propongo que el debate de hoy gire entorno a la deflación. ¿creéis que es buena o mala? ¿es una enfermedad o es un síntoma?