Artículo escrito por Kiko Llaneras, autor de En Silicio, un blog dedicado a analizar la actualidad usando datos y gráficas.

Hace poco más de un mes, Droblo nos contaba que habíamos pasado de inflación alta a desinflación, y vaticinaba que seguramente íbamos camino de la deflación. Pues bien, esta semana el IPC adelantado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) lo confirma: los precios bajaron en marzo un 0,1% interanual.

En un contexto de recesión, con un PIB que lleva dos trimestres contrayéndose, la posibilidad de una deflación de los precios se considera, casi unánimemente, una mala noticia. Volveré a ese asunto al final.

Porque, además, se da la circunstancia de que España es un país de tradición inflacionista, lo que convierte a ese 0,1% negativo en una anomalía histórica: desde que existen estadísticas, jamás se había registrado una bajada de los precios.

Para indagar en el caracter excepcional de la situación actual, he preparado una gráfica que muestra el estado de crecimiento/recesión e inflación/deflación desde 1976, pasando por la crisis de 1993 y el periodo de bonanza posterior, y llegando hasta hoy (cada salto representa un semestre; a partir de 2006, linea roja, cada salto representa un trimestre).

(1) Sólo habíamos vivido dos periodos recesivos en la democracia —1978 y 1993— y en ninguno de ellos bajaron los precios. Es decir, nos estamos adentrando en un escenario donde España no ha estado antes.

(2) Podemos observar la evolución de la crisis: El crecimiento del PIB retrocede en 2007, se precipita en 2008 y en diciembre entramos en recesión. Mientras, la inflación se mueve con el petróleo, primero al alza, y con el otoño, rápidamente a la baja… hasta dejarnos al borde de la deflación.

(3) La comparativa con la crisis de 1993 (marcada en gris oscuro) indica que, si bien veníamos de tasas de crecimiento similares, la inflación entonces era mayor. De hecho, aunque ésta bajo durante la crisis, nunca estuvo cerca de la deflación (sí se podría decir que hubo un breve periodo de estanflación).

Conclusiones

La teoría dice que el mayor peligro al que podríamos enfrentarmos es caer en una espiral deflacionaria: cuando las expectativas de bajada de precios llegan a la calle, los consumidores aplazan sus gastos, reduciendo así el consumo, lo que obliga a los negocios a bajar aún más los precios…. y ya tenemos la espiral armada. Esto tiene un efecto pernicioso sobre el paro, que además actúa como elemento amplificador: la caída del consumo provoca paro, que a su vez provoca menos consumo.

De momento, tanto nuestro ministro de Economía como muchos analistas consideran que la deflación es consecuencia del abaratamiento de las materias primas (el petróleo) y que no viene para quedarse. La deflación, dicen, no se extenderá más allá de un par de trimestres, así que no habría tiempo para poner en marcha la espiral.

Ese diagnóstico, que era el dominante hace semanas, se ha visto ligeramente sorprendido por el nuevo dato porque a la deflación no se la esperaba hasta verano, coincidiendo con el máximo marcado por el petróleo hace un año. Este adelanto indica que la responsabilidad del deterioro económico —la caída del consumo— sobre la bajada de precios puede ser mayor de lo que se pensaba.

Ojalá tengan razón y sea el petróleo el principal responsable, porque de no ser así, si la deflación llega y se asienta, se podría formar la maldita espiral, agravando la crisis y encaminando la situación de recesión hacia la depresión.