Muchas veces pensamos del Japón de los 80 (o en la China de ahora) como un pueblo que se dedicaba a copiar, mejorar y miniaturizar toda la tecnología que veían en EEUU y Europa, pero es que hasta para copiar han sido copiones ya que en esto, los pioneros fueron los suizos.

A comienzos del siglo XVI, las reformas implantadas por el Calvinismo y la prohibición de llevar joyas, forzaron a los joyeros a buscarse las habichuelas en otro negocio, dando un giro hacia un nuevo oficio: la fabricación de relojes. Por entonces comenzaba en Ginebra ésta industria que comenzó haciendo copias de las mecánicas inglesas y francesas.

Parece que los suizos aprendieron el arte de la relojería de un inglés. Se cuenta que un tratante de caballos pasó por la herrería de Jean-Richard, por allá de 1700. Le mostró al herrero su reloj de bolsillo, fabricado en Londres, que se le había estropeado.   El hijo del herrero, Daniel Jean-Richard, quedó tan asombrado con aquella maquinaria que le pidió al británico que se lo dejara reparar. Después de hacerlo, se fabricó uno igual. Para 1800 eran muchas las familias que estaban dedicadas a la relojería.   Hoy el joven Daniel Jean-Richard tiene un monumento en la plaza del mercado del poblado suizo de Le Locle, en Suiza.

Al igual que posteriormente ocurrión con Japón, el copiar les dió una experiencia tal, que acabaron volviendose más eficientes que sus maestros y líderes indiscutibles de un negocio, especialmente próspero en el siglo XIX pero con  una severa crisis en la década de los 70 que se profundizó con la llegada de los relojes de cuarzo japoneses que arrasaron los mercados y dejaron a los suizos en la ruina.

Aquella crisis del cuarzo afectó no sólo al sector relojero si no también a la psicología de los propios suizos, los cuales se identificaban y se enorgullecían de esta industria. Afortunadamente esta crisis  fue muy hábilmente salvada por el grupo Swatch, que a principios de los 80 acercó la tecnología suiza a todo el mundo y permitió mediante una estrategia casi monopolística beneficiar a sus diversas marcas de las economías de escala.

Actualmente, Suiza, se encuentra metida en otra crisis ya que si además de ser relacionada por la precisión de su maquinaria, también lo es por la confidencialidad de sus bancos,  se la conoce desde hace mucho tiempo como un lugar donde poner tu dinero si no te gustan los impuestos o si te ganas la vida cometiendo delitos. Es cierto que no es una caracterización muy justa, pero seguro que la decisión del banco suizo UBS de revelar algunos nombres de acusados de evasión de impuestos ha puesto nerviosos a algunos de los delincuentes más ricos del mundo.

La tradición suiza de discreción financiera se remonta al Siglo XX. En los albores de la 1ª GM, cuando muchas divisas europeas se volvieron inestables y el constante (por no decir neutral) franco suizo atrajo a muchos depositantes. Después de que Francia, indignada por la pérdida de rentas, asaltara una sucursal de un banco suizo en París y revelara los nombres de sus cuentas, los suizos aprobaron una ley en 1934 criminalizando dichas revelaciones. Años más tarde, los bancos suizos acogieron los bienes de los judíos alemanes y aceptaron el oro saqueado por los Nazis al mismo tiempo (y más tarde crearían un fondo de compensación a las víctimas del Holocausto de 1.250 millones de dólares).

Suiza ha cambiado su forma de actuar debido a las críticas de los gobiernos extranjeros. En los 90, creó leyes para combatir el blanqueo de dinero y tomó medidas enérgicas contra cuentas numeradas. Sin embargo, eso no significa que los bancos abran sus cámaras acorazadas a cualquiera. Cuando EEUU (que pierde aproximadamente 100.000 millones de dólares anuales en impuestos por los bienes acumulados en el extranjero) pidió al UBS que revelara información de unas 52.000 cuentas adicionales, el banco se negó, alegando que esa decisión violaría la legislación suiza. Por supuesto, con 27.000 empleados de UBS trabajando en sucursales estadounidenses, no debería ser la jurisdicción suiza de la que deberían preocuparse.

Como véis, cualquier negocio por mucha historia que tenga, acaba teniendo sus momentos críticos ¿Saldrá la banca reforzada de esta? ¿Será esta crisis el fin de la confidencialidad y de los paraísos bancarios? ¿Serán capaces los chinos de superar a sus maestros?