Hace no mucho, comentamos por aquí que cuando el sistema monetario se va al garete enseguida buscamos sustitutos ya que de alguna manera a todos nos interesa seguir comerciando pese a que los sistema oficiales no nos sirvan para ello. Un buen ejemplo fue el del tabaco en la Alemania de postguerra o los caramelos en Argentina.

Pero como aquí somos muy chulos y todos nos hemos forrado, propongo un nuevo sistema moneratio: Los Jaguars (el coche, claro). Este es al menos, el escenario que nos muestran en  este interesante artículo que os traduzco libremente a continuación.

Imaginemos que el gobierno decide que la salud económica de la nación depende de la producción de automóviles Jaguar y de su distribución a la mayor cantidad posible de personas.

Para facilitar ese objetivo, empiezan a funcionar plantas de Jaguar en todo el país, cuya producción está subvencionada con el dinero de los impuestos. Para alegría de todos, estos coches se ofrecen a la venta al 50% menos de su precio anterior. La gente acude a los concesionarios y los compra.

Más tarde, las ventas se ralentizan así que el gobierno vuelve a reducir su precio a la mitad. Hay más gente que se apresura a comprar. Las ventas se vuelven a ralentizar y el precio se reduce a 900 dólares la unidad. La gente vuelve a los distribuidores y compra dos o tres, incluso media docena, ¿por qué no? ¡Con lo baratos que están! Los compradores les regalan los Jaguares a sus hijos y los aparcan en el césped. Finalmente el país está inundado de Jaguares.

Lamentablemente, las ventas vuelven a descender y al gobierno le entra el pánico. Hay que mover más Jaguares o, según esta teoría la economía entrará en recesión. La gente trabaja tres días a la semana sólo para poder pagar los impuestos para que el gobierno pueda seguir produciendo más Jaguares. Si los Jaguares dejan de moverse, la economía se para. Así que el gobierno anuncia programas de «estímulo» y comienza a repartir Jaguares. Salen algunos coches más de los concesionarios, pero más tarde la cosa se detiene. Nadie quiere más Jaguares, aunque sean gratis. La gente no puede utilizarlos y cesa la producción.

Se tarda años en solucionar la producción en exceso de Jaguares. Las fábricas cierran, se dispara el desempleo y la recaudación de impuestos se derrumba. La economía está arruinada. La gente no puede permitirse las reparaciones ni la gasolina y muchos de los Jaguares se oxidan por el desuso. El número de Jaguares, en el mejor de los casos, regresa al nivel en que estaba antes de que comenzara el programa.

Esto es lo que está ocurriendo con los créditos.

Puede parecer una locura, supongamos que el gobierno decidiera que la salud de la nación dependiera de la producción de créditos y facilitárselos a la mayor cantidad posible de personas.

Para facilitar este objetivo, comienzan a funcionar plantas de producción de créditos en todo el país, llamadas: Bancos de Reserva Federal, Bancos de préstamos hipotecarios federales, Fannie Mae, Sallie Mae y Freddie Mac, todos subvencionados por poderes monopolizados o por garantías gubernamentales, para hacerles llegar los créditos bancarios al público a través de los bancos. Para alegría de todos, los bancos empiezan a eliminar los avales y, en su lugar, ofrecen a la venta créditos a los índices más bajos del mercado. La gente acude a los bancos y compra.

Más tarde, las ventas se ralentizan y los bancos vuelven a reducir el precio. Más gente se apresura y compra. Las ventas vuelven a descender así que los prestamistas bajan el precio hasta el 1% sin ningún aval y sin reducir el dinero. La gente regresa a los bancos y compran incluso más créditos. ¿Por qué no? ¡Con lo baratos que están! Los prestatarios utilizan el crédito para comprar casas, barcos y un Jaguar extra para aparcarlo en el césped. Finalmente, el país está inundado de créditos.

Lamentablemente, las ventas vuelven a descender y al gobierno y los bancos les empieza a entrar el pánico. Deben mover más crédito o, según esta teoría (irónicamente ahora convertida en hecho), la economía entrará en recesión. La gente trabaja tres días a la semana sólo para pagar el interés de su deuda a los bancos para que éstos puedan seguir ofreciendo más créditos. Si los créditos dejan de moverse, la economía se para. Así que el gobierno anuncia programas de «estímulo» y comienza a repartir créditos, al 0% de interés. Salen algunos créditos más de las ventanillas de los cajeros, pero más tarde la cosa se detiene. Nadie quiere más créditos, aunque sean gratis. La gente no puede utilizarlos y cesa la producción.

Se tarda años en solucionar la producción en exceso de créditos. Los bancos cierran, se dispara el desempleo y la recaudación de impuestos se derrumba. La economía está arruinada. La gente no puede permitirse pagar el interés de sus deudas y muchas IOUs se deterioran hasta quedar inútiles. El valor de los créditos, en el mejor de los casos, regresa al nivel en que estaba antes de que comenzara el programa.

¿Ve cómo funciona?

¿Es perfecta la analogía? No. La idea de empujar a la gente a los créditos es mucho más peligrosa que empujarlos a los Jaguares. En el caso del crédito, los deudores e incluso la mayoría de los acreedores lo pierden todo al final. En el caso del Jaguar, al menos todo el mundo termina con un garaje lleno de coches. Claro que el caso de los Jaguares es imposible, porque el gobierno no puede producir valor, aunque sí que puede reducirlo.

Un gobierno que imponga un monopolio de banca central, por ejemplo, puede reducir el valor incrementado del crédito. Un sistema de crédito monopolizado también da lugar a más fraudes y robos a mayor escala. En vez de la apropiación del trabajo de los ciudadanos por parte del gobierno de una manera abierta, la banca monopolizada y las máquinas de crédito roban el trabajo de los ciudadanos acumulado en sus cuentas bancarias de una manera clandestina al inflar el suministro de los créditos y, por tanto, reducir el valor de sus ahorros.

La teoría macroeconómica del siglo veinte, la keynesiana y monetaria, defendía la idea de que una economía en crecimiento necesita un crédito fácil. Pero ésta es una teoría falsa. El crédito debería suministrarse mediante el mercado libre, en cuyo caso, siempre se ofrecería de una manera inteligente, en primer lugar a los productores, no a los consumidores.

Volvamos al caso del dinero real. ¿Significaría una menor disponibilidad de crédito al consumidor que menos gente podría poseer una casa o un coche? Más bien al contrario. Lo único que sería distinto es el tiempo. Primeramente, el mismo número de gente tardaría unos años más ahorrar lo suficiente para poseer casas y coches. Poseer, no alquilárselos a los bancos. Los precios serían más bajos porque los créditos no podrían competir con el dinero en la puja de estos bienes. Y, ya que los bancos no se apropiarían tanto del trabajo y la riqueza de la gente, la economía en conjunto crecería mucho más rápido. Finalmente, se llegaría a tener la propiedad de la casa y el coche, la propiedad real eclipsaría así de fácil a la sociedad del crédito. Además la gente mantendría sus casas y coches porque los bancos no se les echarían encima. Como extra, no habría ningún devastador derrumbamiento general del sistema bancario que, tal como la historia lo ha demostrado en repetidas veces, es inevitable en un sistema de banca central y demás fábricas de créditos creados por el gobierno.

¿Alguien quiere un Jaguar? ¿Más crédito? Propongo una idea mejor: volvamos a utilizar el dinero real.