El próximo 6 de Febrero se estrenará en España la última película de David Fincher y  Brad Pitt (ambos trabajaron juntos en el club de la lucha y Seven)  precedida de sus 13 nominaciones a los Oscars.La peli cuenta la historia de Benjamin Button, un hombre que nace con el cuerpo de una persona de 80 años,  y muere siendo un bebé.

Como comentan en la crítica de El Mundo.

Todas las personas que pasan por el universo de Benjamin Button tienen un papel importante, pues influyen en la construcción de la personalidad del protagonista, prácticamente un muñeco de plastilina sobre el que cualquier experiencia o interacción deja marca, especialmente durante la ‘infancia’ y ‘adolescencia’ de Button.

Esto me recuerda al Extraño caso de John Kenneth Galbraith. Esta vez no se trata de un niño si no que se trata de su trabajo titulado «El Crash del 29». Me sorprendió mucho ver el otro día en una librería un ejemplar de este título, principalmente porque se trata de una obra del año 1954 y teniendo en cuenta la cantidad de libros de economía que se publican cada año y lo rápido que suelen desactualizarse, el poder encontrar uno de hace más de 50 años es una tarea casi imposible.

Este libro, al igual que a Benjamin Button, nació viejo y con el tiempo se está convirtiendo en un jovencillo cargado de fuerza, así que para descubrir el porqué del resurgimiento de esta obra, os transcribo un trozo de su prólogo….

Cada vez que la obra estaba a punto de ser descatalogada y desaparecer de las librerías, un nuevo episodio especulativo – otra burbuja o infortunio de ella – estimuló el interés por la historia de aquel gran ocaso contemporáneo de prosperidad y súbito desplome del mercado de valores, que condujo a una implacable depresón.

De hecho, cuando el libro estaba ya impreso (año 54), se produjo uno nuevo de estos episodios (…). Aquello era sólo el principio. La insensatez de los fondos depositados en paraísos fiscales (off-shore funds) durante la década de 1970, la gran caída de la bolsa del año 1987 así como aprensiones o episodios menos dramáticos, todo ello atrjo de nuevo la atención hacia la crisis económica del año 1929 y mantuvo el libro en el catálogo de publicaciones. Y lo mismo volvió a suceder en el año 1997.

Curiosamente, la edición que tengo en mis manos es de Febrero de 2007, momento en el que nadie podría imaginarse la que se nos venía encima, por tanto la «maldición» de este libro volvió a cumplirse. Así que acabo las referencias de su prólogo con una frase de esas que piden marmol.

Hoy por hoy, hay mucho más dinero que afluye a los mercados de valores que inteligencia para canalizarlo.

Viendo lo que ha sucedido a lo largo de la vida de este libro, volvemos a lo de siempre, lo cíclicas y grandes que son las crisis. Muy a menudo leo que la que estamos viviendo ahora es la mayor desde la del 29. ¿Realmente creéis y sentís que es así?. Nadie duda que pueda serlo en términos absolutos (se hablan de billones como si fuese calderilla) pero visto lo bipolares que somos en temas económicos me da la impresión de que en tiempos de bonanzas y euforia todos inflamos las burbujas, mientras que en épocas de recesión nuestro pesimismo es el alimento de la crisis, sin lograr en ningún momento el punto medio que nos permitiría crecer sanamente.

Por tanto la tarea de aportar algo de realismo en cualquiera de ambas fases (depresión/eufória) se torna en una tarea harto difícil por la enorme inercia que imprime el estado de ánimo de la mayoría. Al igual que Benjamin Button la sociedad es un muñeco de plastilina sobre el que cualquier experiencia o interacción deja marca.

Por tanto, ya que muchos de los habituales del blog fuimos la nota discordante en la época de crecimiento, creo que deberíamos serlo también en los momentos difíciles, aunque sea como siempre, por llevar la contraria.