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El peor error de la historia

En su ensayo de 1987, The Worst Mistake in the History of the Human Race (El peor error de la historia de la raza humana), el antropólogo Jared Diamond comentaba la cantidad de tiempo libre que disponía la gente hace más de 10.000 años cuando vivían en tribus y se limitaban a cazar y poco más.  De media trabajaban entre 12 y 19 horas a la semana. El resto de su tiempo lo dedicaban al ocio.

No obstante, con la llegada de la agricultura hace unos 10.000 años, las vidas de los humanos empezaron a ser más intensas laboralmente hablando. La gente se establecía en un lugar para mantener sus cultivos. Esto, pese a que pueda parecer lo contrario fue malo para su salud ya que les llevó a una dieta menos variada, trajo enfermedades epidémicas y lo que es peor, creó una división de clases ya que a diferencia de la caza, la agricultura permitía conservar los alimentos por mucho tiempo, o lo que es lo mismo, pemitió el ahorro o lo que es lo mismo, ricos y pobres. En pocas palabras, Diamond postula, que convertirse en especies basadas en la agricultura fue «el peor error de la historia de la humanidad» que con diversos altibajos en la historia nos ha llevado a trabajar cada vez más.

La New Economics Foundation (NEF) afirma que no hay nada natural o inevitable en lo que se considera una semana de trabajo «normal» de 40 horas en la actualidad. Al levantarse mucha gente se ve atrapada en un círculo vicioso de trabajo y consumo. Viven para trabajar, trabajan para ganar dinero y ganan dinero para comprar cosas. En esa ecuación falta un hecho importante que los investigadores han descubierto acerca de la mayoría del consumo material de las sociedades ricas: la mayor parte del placer y satisfacción que obtenemos al comprar es temporal, efímera y principalmente solo relativa a aquellos que nos rodean (que se esfuerzan por consumir aún más en una espiral sin fin).

La NEF alega que necesitamos conseguir tener vidas verdaderamente felices, necesitamos retar a las normas sociales y reajustar el reloj industrial que suena en nuestras cabezas. Considera la semana de 21 horas esencial para ello por dos razones: redistribuiría el trabajo remunerado, ofreciendo la esperanza de una sociedad más equitativa (ahora hay demasiados con exceso de trabajo o desempleados) y al mismo tiempo, nos permitiría disponer de tiempo para aquellas cosas importantes para nosotros pero para las que rara vez contamos con tiempo para hacerlas bien, como cuidar de nuestra familia, viajar, leer o seguir aprendiendo.

Por no mencionar, que podría ser la única manera en la que una sociedad global moderna no acabaría con los recursos de la tierra. Crear niveles de vida de la UE para todo el mundo implicaría que en 2050 sería necesario un crecimiento de la economía mundial seis veces mayor, lo que tendría posibles consecuencias devastadoras. En lugar de hacer crecer la economía, quizás necesitamos recalibrar a la sociedad para que todo el mundo sea más feliz y tenga éxito con menos.

Los retos son importantes, ninguno mayor que conseguir que la mayoría de la sociedad pueda vivir con la mitad de sus ingresos actuales. Y sin duda, muchos considerarán esto como socialismo o algo peor. Otros tantos se opondrán a que les digan que 21 horas es normal o que 80 es demasiado.  John Maynard Keynes, dijo en 1930 que a principios del siglo XXI trabajaríamos solo entre 15 y 21 horas a la semana, y que estaríamos centrados en «cómo utilizar la libertad obtenida al desprendernos de la presión de las preocupaciones económicas». Como escribe la NEF: «Keynes se equivocaba en su previsión, pero no estaba equivocado, según nuestro parecer, en concebir una manera muy distinta de utilizar el tiempo».

La experiencia francesa demostró que las 35 horas semanales son probablemente una utopía y la actual crisis nos está haciendo a todos trabajar más cobrando menos, por otro lado las legislaciones laborales no están orientadas hacia este modelo de pocas horas, pero reflexionando sobre la alarmante tasa de desempleo ¿no tendría sentido replantearnos nuestra jornada? ¿no estamos infravalorando demasiado nuestro tiempo libre?.

Quizás en vez de una reforma laboral, necesitamos una reforma mental.

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Escrito por Carlos Lopez el 15 de febrero de 2012 con 206 comentarios.

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# 201, Xoco
17 de febrero de 2012, a las 9:12

Bueno, antes de entrar en el callejón sin salida o bucle al que llevan la mayoría de discusiones con creyentes, voy a intentar razonar un poco contigo.

Primero, a ver si entendéis que la fe no es necesaria para el ser humano, los ateos ignoramos a dios, no se puede tener animadversión a algo que no existe o a algo que crees que no existe. Tú no crees en dios, tú crees que crees en dios porque crees creer que existe. Los procesos de mi cerebro en la toma de decisiones a veces dan resultados más acertados que otros, pero no necesito anclarme en la fe, es un lastre mental.

Las evidencias que se desprenden de cualquier movimiento espiritual están basadas en dos tipos de fuentes originales: restos arqueológicos y/o testimonios de personas. No hay ningún resto arqueológico que pruebe la existencia de ningún dios, y ahora pasemos a valorar en su justa medida los testimonios como el tuyo. Supongo que te habrás fijado en que los testimonios de católicos afirman haber visto a su dios, pero es que los testimonios musulmanes afirman haber visto el suyo, y así hasta una decena de grupos de testimonios de religiones clásicas, cada uno con su versión y, casualmente, no hay testimonios católicos que afirmen haber visto a Mahoma (aunque sea de refilón y de lejos) ni viceversa. Pero ampliemos aún más el prisma y demos credibilidad, como haces tú, a más testimonios humanos, pongamos por ejemplo las decenas de miles de personas que afirman haber sido abducidas y han dado un tipo de testimonio (para ellas igual de real o más que tus contactos con dios), o los que han sido sometidos a regresiones hipnóticas y afirman tener vidas anteriores o contactos alienígenas, o los que afirman tener viajes astrales y se comunican con seres de luz. Y por todo el mundo nos podríamos pasar años visitando gentes y escuchando diferentes tipos relatos.

Y ahora dime ¿todos mienten menos los testimonios católicos? ¿no te das cuenta que cada uno ve lo que quiere ver? dices que encontraste a dios ya muy talladito, pero tendrás que hacer un ejercicio de retrospección para saber el porqué de tu predisposición crédula, seguro que no te criaste en un entorno agnóstico o ateo.

Dios existe sí, pero como ente creador y superior solo existe en el neocórtex de los creyentes, y como concepto fantasioso en el neocórtex de los no creyentes. Fuera del cerebro humano no existe dios, solo restos arqueológicos humanos que reflejan y nos recuerdan que no hace tanto éramos unos pobres ignorantes.

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# 202, Pasaba por aqui
17 de febrero de 2012, a las 12:45

El sueño de la razón
Ser sabio es aprender a vivir en la ignorancia. “Eso es muy cierto”, dice Arber al escucharlo, con una de las dos únicas sonrisas de la charla (la otra es cuando le pregunto si le fastidia morirse). El resto es una profesión de humildad franciscana poco habitual en un científico nobelado. Los que entrevisto suelen dejar aquí las puertas abiertas a la imaginación y a nuestros deseos. Y ambos son a menudo locos. Como el llegar a decidir un día cuánto tiempo queremos vivir. A Arber le horroriza esa perspectiva como evolucionista y presidente de la Academia Pontificia de Ciencia (y protestante: ¡bien por el Papa!). Al entrevistador, como ser humano, le gustaría poder seguir soñando…
 
Me preocupa que la ciencia apoye la vana pretensión de vivir más sin contrastarla con otras realidades…
 
¿Qué tiene de malo?
Querer vivir más de lo asignado por la evolución es ir contra natura como individuo y como especie. Como individuo, al vivir más de lo natural, ocupas el lugar de otros e impides que la evolución siga su curso…
 
¿Los humanos no deben vivir más?
Querer vivir más de lo dispuesto por la evolución para nuestra especie es ir contra natura. Ocupar el planeta más allá de nuestro tiempo biológico limitaría la biodiversidad e impediría evolucionar a otras especies.
 
Las demás especies no son inteligentes: no saben que van a morir. No les importa.
¿Por qué está usted tan seguro de que sólo los humanos podemos llegar a ser inteligentes? ¿Acaso otras especies en este planeta no pueden evolucionar hasta formas de conciencia incluso superiores a la nuestra?
 
La pregunta que le iba a hacer era sobre vida inteligente en otros planetas…
¡Y también en este! He dedicado mi vida a la bioevolución: a estudiar esporas… Y le aseguro que nuestra evolución no tiene nada de insólito. Otras especies también de este planeta –si las dejamos– pueden evolucionar hasta incluso superarnos. Por eso es tan peligroso ocupar y destruir la biodiversidad: al final, la Tierra sólo contendrá humanos que después también se extinguirán.
 
A uno le gusta pensar que quedará algo de él; tal vez su obra o sus hijos, nietos, bisnietos… Aunque sean tatarasobrinos.
Tenemos marcado un tiempo de vida como individuos y como especie. Eso es todo.
 
¿Cuánto tiempo tenemos asignado?
Alrededor de 100 años. Y nunca pasaremos de los 200. Se lo digo como científico que conoce bien los telómeros y el ADN.
 
Al menos mejoraremos como especie.
No necesariamente. Nuestros hijos no tienen por qué ser mejores que nosotros. La evolución simplemente va haciendo que se adapten mejor al medio, pero, a su vez, el medio siempre es cambiante…
 
¿Puede que la evolución sea en círculo?
Podría ser. Si el medio retrocede a estadios anteriores, la especie lo seguiría. Además, la adaptación nunca es completa ni perfecta.
 
¿Ni siquiera habrá seres humanos mejores que nosotros en el futuro?
No necesariamente. Estarán –si subsistimos– mejor adaptados al medio en ese preciso momento. Y tal vez los mejor adaptados no sean los humanos, sino otras especies que han evolucionado más que nosotros.
 
¿Esporas?, ¿chimpancés?, ¿bonobos?
Otras especies que se adapten mejor. En ese sentido es sensato también renunciar al anhelo de eternidad como especie. Por eso, coincidí con mi colega Francis Creek…
 
Otro Nobel, el codescubridor del ADN.
… Francis siempre dijo que era absurdo enviar seres humanos al espacio para colonizar otros planetas, porque ningún humano sobreviviría en ellos. Tiene mucho más sentido enviar esporas en nuestras misiones espaciales, para que así sea nuestro modelo evolutivo el que tal vez sobreviva…
 
Es duro renunciar al propio ego y después al ego de todos los humanos.
No somos tan importantes. Ya ve.
 
¿A usted no le fastidia morirse?
No tengo otro remedio.
 
Pero le veo sonreír al decírmelo.
Es el mejor remedio.
 
Yo creía que el Vaticano, que lo nombró asesor científico, era más prohumano.
Soy científico. Y, en mi vida personal, cristiano. Como científico, mi razón me dice que la evolución es incontestable; como cristiano, puedo ver un designio divino en el hecho de que la evolución sea un sistema autoorganizado, pero no creo que Dios esté observando cada uno de mis gestos…
 
¿Dios existe?
Como científico no puedo negarlo ni probarlo. Pero sí niego el creacionismo: Dios no creó el mundo de una sola vez. Es falso.
 
El Papa negó la evolución hasta los 90.
Modestamente, tuve que ver algo en el hecho de que Juan Pablo II aceptara, a mediados de los años noventa, que la evolución es algo “a lo que damos seria consideración”.
 
¿Y la ingeniería genética?
Podemos usar la genética para mejorar nuestra calidad de vida sin transgredir la ley natural. Con ella podemos mejorar cultivos o impedir que mueran niños.
 
¿Hay que morirse cuando toca?
Vamos a ver: los humanos tenemos un sentido del tiempo apenas limitado a dos o tres generaciones. Nos cuesta ponderar el significado del tiempo más allá de un siglo…
 
¿Y…?
Pero un científico debe considerar el valor de tres mil millones de años. Ese es el tiempo que nos ha costado llegar a ser quienes somos. El deseo de ir más allá de la evolución es una locura transgresora contra la religión y la razón y está condenado a fracasar.
 
¿Por qué?
Porque el planeta tiene límites y nuestra propia especie también.
 
¿Qué nos trascenderá a los humanos?
La evolución. Es un sistema autoorganizado y tal vez, así, divino. El gran atributo de la inteligencia es ser capaz de comprenderla.
 
¿Ni una sola prueba de Dios?
Como científico no puedo afirmarlo ni negarlo, como creyente, estoy convencido.
 
¿Cómo se fía el Papa de usted si ni siquiera es católico? Es usted protestante.
Pregúnteselo a él.

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# 203, En Historia
17 de febrero de 2012, a las 14:34

Creo que sería excelente trabajar solo 21 horas semanales. Ahora, ¿es esto posible?. Desde ya que el tiempo libre, el ocio es lo que buscamos en definitiva es el camino a la felicidad, pero con consumismo incansable que ataca nuestra cabeza creo que tal objetivo es cada día más difícil. Sin ir más lejos, tengo que estudiar y estoy constantemente martirizado por las horas de estudio que tengo que cumplir, una presión que también es constante. ¡Quiero que la felicidad sea alcanzable a solo 21 horas de trabajo!

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# 204, tron
19 de febrero de 2012, a las 22:56

Jared Diamond es ornitologo, no antropologo

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# 205, Martina Held
19 de febrero de 2012, a las 23:49

 
No se si fue el peor error, ya que si seguiríamos cazando ya no habría nada que comer. Cierto es que podríamos conformarnos con menos, pero no sé, como se podría hacer sin coartar la libertad de las personas. El gran problema es que somos muchos sobre la tierra. Y .. si, a lo mejor con trabajar menos horas habrán otros que también pueden trabajar, pero ambos ganarían menos y a lo mejor gastarían menos o no les alcanza. Allí tiene sentido la flexibilidad laboral. Cada uno que elija. OK, viva el ocioooo!

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# 206, Xoco
20 de febrero de 2012, a las 17:23

No te dejes engañar Martina, es una percepción que nos quieren hacer creer, pero con unos recursos energéticos optimizados y jubilando tecnologías obsoletas, podríamos ser 20.000 o 50.000 millones y nos nos acabaríamos los recursos ni energéticos ni alimenticios.

Y viva el tiempo libre claro, ya sea para el ocio, para reflexionar, pensar, amar, etc. 

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