La onza de oro lleva semanas viviendo un momento dulce, y esta última no ha sido la excepción. Este viernes, el metal precioso ha marcado un nuevo máximo histórico en los 3.085 dólares, en plena escalada de tensión comercial y con el conflicto en Ucrania aún sin resolver. Solo en los últimos cinco días acumula una subida cercana al 2%. Pero lo más llamativo es el comportamiento desde que arrancó 2025: un 17% de revalorización.
El oro ha vuelto a posicionarse como uno de los activos más buscados en tiempos revueltos. Y el contexto actual lo tiene todo: amenazas arancelarias globales, incertidumbre política, inflación persistente y conflictos abiertos. La tormenta perfecta para que el metal, históricamente vinculado a épocas de turbulencia, brille con más fuerza.
Desde el pasado 14 de marzo, cuando superó por primera vez los 3.000 dólares por onza, el oro no ha dejado de romper resistencias. Según datos del mercado recogidos por Europa Press, la subida de este viernes, en plena sesión, llegó a rozar el 1%, y los analistas no descartan nuevas alzas si se mantienen las tensiones comerciales.
Aranceles, Ucrania y dudas monetarias: los motores del rally
Uno de los detonantes más recientes del repunte ha sido el anuncio del expresidente de EE. UU., Donald Trump, sobre su intención de reactivar y ampliar los aranceles, especialmente sobre el sector del automóvil. A la espera de que se concreten estas medidas —previstas para el 2 de abril— los inversores están adoptando una actitud cautelosa en bolsa y optando por reforzar posiciones en oro.
Desde Banca March apuntan a una cierta parálisis en los mercados de renta variable, con volúmenes más bajos de lo habitual, lo que ha reforzado el papel del oro como alternativa ante la falta de visibilidad. “Hasta el 2 de abril, cuando podrían disiparse algunas incógnitas comerciales, esperamos que este escenario de calma tensa se mantenga”, señalan sus analistas.
En paralelo, el plano geopolítico tampoco da tregua. Esta semana se ha iniciado un frágil alto el fuego en instalaciones energéticas entre Ucrania y Rusia. Aunque el acuerdo, auspiciado por Estados Unidos, tiene una vigencia inicial de un mes, su cumplimiento es parcial y los desencuentros no han cesado. Este viernes, Vladimir Putin ha propuesto reemplazar al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, por un gobierno temporal tutelado por la ONU y EE. UU., propuesta que ha sido rechazada por Washington. Un episodio más que alimenta la tensión y, con ella, el apetito por el oro.
La Fed, la inflación y el dólar: el otro lado del tablero
A todo esto hay que sumar la expectativa sobre el comportamiento de la Reserva Federal estadounidense. Este viernes por la tarde se publicará el índice PCE de inflación de febrero, una de las referencias que más peso tiene en las decisiones del banco central. En función del dato, los mercados tratarán de anticipar si habrá recortes de tipos próximamente o si la Fed mantendrá su política restrictiva durante más tiempo.
El vínculo entre tipos de interés, dólar y oro es estrecho. Cuando los tipos bajan, el dólar suele perder fuerza y el oro se encarece, ya que se necesitan más billetes verdes para comprar la misma cantidad de metal. Por eso, cualquier señal de moderación en la política monetaria puede actuar como catalizador para el oro.
Un ascenso que viene de lejos
La escalada actual del oro no es un fenómeno aislado. Si se amplía el foco, el gráfico muestra una tendencia alcista muy marcada desde el otoño pasado. Desde el 7 de octubre de 2023 —fecha del ataque de Hamás a Israel— el oro ha subido un 68%. Ya en diciembre marcó nuevos máximos al superar los 2.100 dólares, y en mayo del año pasado alcanzó los 2.450 dólares.
Desde entonces, el movimiento ha sido prácticamente ininterrumpido. A partir de junio de 2024, coincidiendo con el giro en las expectativas de tipos, el oro encadenó una nueva fase alcista que suma ya un 30% adicional.
El contexto ayuda a entender esta evolución. A lo largo de 2023, el metal se mantuvo fuerte por el miedo a una recesión, la inestabilidad bancaria (con el caso de Credit Suisse aún fresco) y los conflictos en Ucrania y Oriente Medio. Y 2024 fue aún mejor: un 27% de revalorización en todo el año, su mejor marca desde 2010.
Hace exactamente cinco años, en marzo de 2020, cuando estalló la pandemia y España decretaba el estado de alarma, la onza de oro rondaba los 1.500 dólares. Desde entonces, se ha duplicado su valor. Un ejemplo claro de por qué el oro sigue siendo, a pesar de todo, el refugio más clásico —y efectivo— cuando el mundo tiembla.
