Tenemos movida en el Banco Central más importante e influyente del mundo. La decisión del gobierno de Trump de iniciar una investigación penal contra Jerome Powell, jefe de la Reserva Federal (Fed), parece haber provocado el efecto contrario al deseado. En lugar de debilitarlo, ha unido a quienes defienden que el banco central debe actuar sin interferencias políticas.
Este enfrentamiento va más allá de un simple roce personal; lo que está en juego es quién controla el rumbo de la economía y si el gobierno puede presionar a una institución que influye directamente en los precios y el empleo. Aunque Trump lleva tiempo exigiendo una bajada drástica de los tipos de interés, el intento de procesar penalmente a Powell ha sido visto por muchos como un exceso intolerable.
Varios senadores republicanos han alzado la voz contra las citaciones judiciales que Powell denunció el pasado domingo. Según el jefe de la Fed, estas acusaciones sobre supuestas irregularidades en la reforma de un edificio son solo una «excusa» para forzarlo a bajar los intereses, tal como exige el presidente. Powell asegura que el Departamento de Justicia le ha amenazado con cargos criminales basándose en sus declaraciones ante el Congreso sobre los costes de dichas obras.
Expertos y antiguos responsables de la Fed han comparado estas tácticas con las que se ven en países con economías muy inestables. De momento, los mercados financieros se mantienen tranquilos, pues parece haber confianza en que Powell podrá demostrar que no hubo nada ilegal en la gestión del proyecto de renovación.
Jason Furman, economista de Harvard, cree que esta estrategia de la Casa Blanca es torpe y que solo servirá para que el próximo responsable del banco central tenga que demostrar con más fuerza que no se deja manipular. Además, es muy probable que, ante esta presión, la Fed decida no tocar los tipos de interés en su próxima reunión para dejar claro que no ceden a chantajes políticos.
Incluso dentro del partido de Trump han surgido grietas. Senadores republicanos como Thom Tillis o Lisa Murkowski ya han avisado que se opondrán a cualquier candidato que el presidente proponga para sustituir a Powell, al considerar que la investigación es un claro intento de coacción.
Mientras tanto, Powell se mantiene firme. Ha asegurado que seguirá trabajando por la estabilidad de los precios sin miedo a las amenazas. De hecho, si decide agotar su mandato como consejero hasta 2028, le quitaría a Trump la oportunidad de nombrar a alguien de su cuerda en ese puesto durante años.
