Jerome Powell es tipo bastante bien informado y fue tajante en su comparecencia tras la última reunión de la Reserva Federal: “La creación de empleo es muy baja, y la tasa de recolocación de personas desempleadas también.” Sus palabras no son un simple diagnóstico, sino una señal de alarma sobre un fenómeno que lleva meses gestándose: la combinación de automatización avanzada y desaceleración económica está dejando sin oxígeno al mercado laboral.

Powell explicó que muchas grandes empresas han pausado sus contrataciones o iniciado despidos masivos. ¿La razón más repetida en estas decisiones empresariales? La implementación de inteligencia artificial.

“Muchas veces lo que escuchamos de los ejecutivos es lo que la IA puede hacer. Estamos observando eso muy de cerca”, comentó Powell, subrayando el creciente impacto de esta tecnología en la economía real.

Un doble problema: paro al alza e inflación sin freno

La Reserva Federal, en su intento por mantener el equilibrio macroeconómico, ha optado por reducir los tipos de interés al 3,75-4%, su nivel más bajo en tres años, según CNN. Esta decisión refleja la dificultad del momento: la economía estadounidense sufre simultáneamente de inflación persistente y aumento del desempleo, una combinación que desafía los principios económicos tradicionales.

En teoría, existe una relación inversa entre inflación y empleo: cuando sube uno, baja el otro. Pero en este 2025 extraño y volátil, ambos indicadores están subiendo a la vez, golpeando especialmente a los hogares de clase trabajadora.

La nueva desigualdad: ricos que invierten, pobres que recortan

El resultado de este contexto es inquietante: los consumidores con ingresos bajos están recortando sus gastos y optando por productos más baratos, mientras que las rentas altas —y especialmente las grandes corporaciones— disfrutan de uno de los mercados bursátiles más boyantes de la historia.

Esta fractura social se está ampliando en parte por la narrativa tecnológica: el auge de la IA ha sido recibido con entusiasmo por los mercados, que premian a las empresas que anuncian automatizaciones o recortes de personal “en nombre de la eficiencia”. Pero ese mismo entusiasmo está debilitando el poder de negociación de los trabajadores, que ahora compiten no solo con otros humanos, sino con algoritmos.

En palabras de Powell: “Los consumidores con menos ingresos están luchando, comprando menos y cambiando a productos más baratos”. Y eso, en una economía basada en el consumo, es una señal clara de que algo profundo se está rompiendo.