¿Puede una sola empresa poner en jaque al mercado bursátil más grande del mundo? La pregunta suena exagerada, pero en el caso de Nvidia, el gigante de los chips para inteligencia artificial, no lo es tanto. Su espectacular ascenso en ingresos y valoración bursátil la ha convertido en la auténtica columna vertebral de la fiebre de la IA. Pero como toda historia de éxito fulgurante, detrás hay riesgos que podrían tambalear no solo a la compañía, sino también al conjunto de la economía estadounidense.
El meteórico ascenso de Nvidia
En apenas dos años, Nvidia pasó de facturar 26.900 millones de dólares en 2023 a superar los 130.500 millones en 2025. La magnitud del salto no tiene precedentes en la historia reciente del sector tecnológico. Para ponerlo en contexto: en tan solo el segundo trimestre de este año, la compañía ingresó 46.700 millones, una cifra que por sí sola superaría el PIB anual de países como Croacia o Uruguay.
Ese crecimiento convirtió a Nvidia en la empresa más valiosa del planeta, con una capitalización bursátil superior a los 4 billones de dólares, por delante de Microsoft y Apple. Una hazaña que confirma la importancia de la IA en los mercados, pero que también despierta interrogantes: ¿se sostiene sobre una base sólida o sobre terreno movedizo?
Una dependencia preocupante
La respuesta empieza a complicarse cuando se observa la procedencia de esos ingresos. En su último informe, Nvidia reveló que el 40% de sus ventas procede de tan solo dos clientes. Identificados como Customer A y Customer B, estos gigantes anónimos concentraron el 23% y el 16% de la facturación trimestral, respectivamente.
Esto significa que casi uno de cada dos dólares que gana Nvidia depende de apenas dos compradores. Y aunque se trata de intermediarios —distribuidores u OEMs que revenden a grandes tecnológicas—, la concentración de ingresos en tan pocas manos expone a la empresa a un riesgo enorme: basta con que uno de estos actores reduzca pedidos para que el castillo de naipes tiemble.
Los riesgos ocultos tras la fiebre de la IA
El problema va más allá de la dependencia de clientes. Nvidia enfrenta un entorno complejo:
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Controles de exportación: las tensiones geopolíticas limitan sus ventas a China, uno de los mercados más jugosos.
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Competencia emergente: fabricantes chinos de chips avanzan rápido y podrían erosionar la ventaja competitiva de Nvidia.
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Expectativas infladas: los inversores descuentan un crecimiento casi infinito, pero el negocio de centros de datos de IA aún está lejos de generar los retornos esperados.
Como señala el analista Christopher Ruane, de The Motley Fool, el mercado podría estar sobrevalorando a Nvidia de forma peligrosa. O, en el extremo opuesto, subestimando el alcance de la revolución que puede desatar. Lo único claro es que la acción difícilmente seguirá en el mismo punto dentro de cinco años.
Un efecto dominó en Wall Street
El desenlace de esta historia no solo incumbe a los accionistas de Nvidia. La compañía representa ya un 7,3% del índice S&P 500, un nivel de influencia inédita para una sola acción. Esto implica que cualquier corrección drástica en su cotización arrastraría a fondos de inversión, planes de pensiones y carteras de ahorro de millones de personas en todo el mundo.
En otras palabras, lo que ocurra con Customer A y Customer B podría terminar afectando a cualquiera que tenga dinero invertido en el mercado estadounidense. La fiebre de la IA ha convertido a Nvidia en el corazón del capitalismo bursátil moderno, y cuando un corazón late demasiado rápido, no son pocos los que temen el riesgo de un colapso.
