La asesora financiera Montse Cespedosa alerta: firmar un contrato de reserva o arras durante el verano puede convertirse en una trampa costosa. En julio y agosto, muchas oficinas bancarias operan con plantilla reducida —en agosto llegan incluso a cerrar— y eso ralentiza todo el proceso hipotecario. Tasaciones, aprobación formal, evaluación de riesgos… los plazos se extienden más de lo habitual.
Si ya has entregado el dinero de reserva sin prever estos retrasos, puedes quedarte atrapado: contrato firmado y sin hipoteca aprobada a tiempo. Además, arriesgas a perder dinero o a no cumplir los plazos establecidos.
Recomienda ampliar los márgenes: fijar un plazo realista de unos 90 días para formalizar la escritura puede evitar agobios y problemas si el banco se retrasa. Y es esencial incorporarle una cláusula suspensiva: hasta que no estés seguro de que te conceden la hipoteca, no lo pagues ni firmes nada definitivo.
Contar con un buen profesional —asesor especializado o abogado— es clave para detectar cláusulas abusivas o condiciones poco claras en los contratos, y así evitar sobrecostes o engaños. Una gestión adecuada puede significar un ahorro considerable respecto al coste real del préstamo.
Montse insiste: rapidez en el contrato de arras suele ocultar riesgos. Si la presión es fuerte, conviene frenar, respirar y negociar los tiempos. El verano no es el mejor momento para cerrar una hipoteca apresuradamente; semanas de retraso pueden convertir una operación aparentemente segura en un problema económico serio.
Una negociación inteligente, apoyada en tiempo y asesoramiento, puede ahorrar miles de euros, desde seguros innecesarios hasta malas condiciones hipotecarias. Todo empieza por elegir bien el momento y los plazos… Hasta julio y agosto no son buena época para cerrar una hipoteca con prisas, más vale esperar.
Y no olvides comprobar siempre condiciones, tiempos, y contar con quien las entienda mejor que tú
