El BCE ha cerrado simbólicamente lo que podríamos llamar una “tregua veraniega” en su política de tipos. Este jueves no habrá movimiento: los tipos se mantendrán en el 2 %. Pero el mensaje va más allá del silencio: se abre un nuevo período en el que el Banco deberá navegar entre dos trayectorias opuestas sin margen de error
Por un lado, varios analistas señalan que el gasto público disparado —especialmente en Alemania y programas a nivel europeo— podría reactivar la presión inflacionaria. Si esto sucede, el BCE tendría que estar preparado para un endurecimiento posterior. Por el otro, existe el riesgo contrario: que la inflación caiga por debajo del objetivo, ante la debilidad del crecimiento y la fortaleza del euro, lo que justificaría recortes adicionales
Estas dos líneas de acción contrapuestas reflejan el desafío intrínseco de una unión monetaria diversa, donde el BCE tiene que ser capaz de “soplar y sorber al mismo tiempo”, adaptando su discurso según el contexto. En julio, el consenso es claro: no se tocarán los tipos. Pero el mercado ya está dudando sobre lo que vendrá después: algunos estiman un recorte de 25 puntos básicos en septiembre, mientras que otros barajan bajadas más profundas hacia final de año.
La clave será la evolución de la inflación, que ronda el objetivo del 2 %. La inflación de servicios sigue algo alta (3,3 %), y el euro se ha apreciado un 13 % frente al dólar en lo que va de año. También habrá que analizar el ciclo de inversión impulsado por Bruselas: una economía que se calienta al mismo ritmo que los tipos mantengan su nivel podría generar brotes inflacionistas con retardo, lo que obligaría al Banco a cambiar de rumbo.
El BCE ha adoptado, en esta fase, una postura más flexible: sin comprometerse a una trayectoria concreta, deja abierta su capacidad de respuesta a los próximos datos —macro, geopolítica, evolución del euro—. Esta flexibilidad es clave, pues actuar con antelación o tardanza puede distorsionar tanto el crecimiento como las expectativas de inflación.
En el horizonte inmediato, lo esperado es:
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Sin cambios en julio, tipos anclados en el 2 %.
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Ojo a septiembre, con posibilidad de recorte de 0,25 p.
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Diciembre en debate: ¿se baja a 1,75 % o incluso a 1,50 %?
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La siguiente subida solo llegaría si la inflación repunta de forma sostenida —por fuerte inversión o gasto— o por un euro excesivamente fuerte.
Este escenario marca el inicio de una nueva etapa: no una fase clara de endurecimiento o relajación, sino una continua adaptación. El BCE ha cerrado un ciclo de bajadas, pero ha encendido una vela frente a dos posibles tormentas: inflación viva o inflación estancada. La decisión de julio marca el reinicio de un baile monetario más incierto y condicionado por factores globales, europeos y cambiarios.
En cuanto al Euribor, en función del tonno del discurso de Lagarde podríamos llegar a verlo ligeramente por debajo del 2% durante este verano.
