Este mes de abril está dejando una estampa llamativa en el mercado eléctrico español: durante muchas horas del día, el precio de la electricidad en el mercado mayorista ha sido cero o incluso negativo. Para el consumidor, esto podría sonar como una noticia extraordinaria, pero tras este fenómeno hay desequilibrios preocupantes que podrían comprometer la estabilidad del sistema a medio plazo.

La causa inmediata de este desplome horario de precios es el fuerte incremento de generación renovable, especialmente solar fotovoltaica, en un contexto de demanda moderada. España ha vivido en los últimos años una auténtica explosión en la instalación de paneles solares: solo en 2023, la capacidad fotovoltaica instalada creció en torno a un 28%, según datos de Red Eléctrica Española (REE). Sin embargo, el ritmo de despliegue no ha ido acompañado de una inversión equivalente en sistemas de almacenamiento o mecanismos de flexibilidad.

Cuando sobra electricidad y no hay capacidad de almacenarla o exportarla, el mercado reacciona con precios cero o negativos para forzar el consumo y evitar la saturación de la red. Esto, más allá del efecto puntual en la factura, envía señales erráticas a los inversores y desincentiva la financiación de nuevos proyectos de generación y respaldo, especialmente aquellos necesarios para dar estabilidad al sistema, como el almacenamiento con baterías, el bombeo hidráulico o el desarrollo del hidrógeno verde.

Los precios demasiado bajos también ponen en aprietos la viabilidad de muchas instalaciones renovables ya en funcionamiento. Aunque sus costes de operación son muy reducidos, necesitan vender a precios razonables para amortizar las fuertes inversiones iniciales. Si los ingresos caen de forma sostenida, podrían producirse cierres anticipados o frenar la financiación de nuevos proyectos. La Asociación Empresarial Eólica ya alertaba en marzo que la falta de señales de mercado adecuadas podría «ralentizar drásticamente» la transición energética.

A medio plazo, el riesgo es construir un sistema eléctrico más expuesto a apagones o precios extremadamente volátiles. Desde la Comisión Europea hasta la Agencia Internacional de la Energía insisten en que el despliegue masivo de renovables debe acompañarse de almacenamiento y una profunda reforma del mercado eléctrico, para integrar con flexibilidad una generación intermitente y garantizar la seguridad de suministro.

En España, el debate se entrecruza con propuestas políticas de mayor participación pública en el sector energético. Mientras algunos abogan por la creación de una gran empresa pública, expertos advierten que el verdadero reto está en rediseñar las reglas del mercado, reforzar la red de transporte y distribución y eliminar barreras fiscales que hoy penalizan tanto la inversión en renovables como en almacenamiento.

De momento, lo que nos deja este abril de precios negativos  es una advertencia: la transición energética no es solo instalar más paneles solares o aerogeneradores. Es, sobre todo, construir un sistema capaz de gestionarlos con inteligencia para que la electricidad barata de hoy no sea el problema de mañana.