Durante más de una década, las hipotecas variables dominaron el mercado hipotecario español con mano firme. Su principal atractivo residía en unas cuotas mensuales más bajas que las de sus homólogas a tipo fijo, favorecidas además por un entorno de tipos de interés en mínimos históricos gracias a la política expansiva del BCE tras la crisis de 2008. En algunos momentos, llegaron a representar más del 97% de las nuevas operaciones firmadas.
Sin embargo, este idilio se rompió abruptamente en julio de 2022, cuando el Banco Central Europeo inició una batería de subidas de tipos para contener la inflación desbocada. En poco más de un año, el tipo oficial pasó del 0% al 4,5%, lo que disparó el euríbor, índice de referencia para la mayoría de las hipotecas variables. El impacto fue inmediato: una hipoteca de 150.000 euros a 25 años con un diferencial del 1% sobre euríbor vio incrementada su cuota mensual en más de 230 euros.
Esta situación ha provocado un giro drástico en las preferencias de los nuevos compradores. Según los últimos datos del INE, el 64,2% de las hipotecas firmadas en enero fueron a tipo fijo o mixto, frente al 35,8% que optaron por una modalidad variable. No obstante, expertos del sector apuntan que muchas de esas hipotecas etiquetadas como variables son, en realidad, hipotecas mixtas, con un interés fijo durante los primeros años que luego pasa a variable.
«Hoy en día casi nadie contrata una hipoteca puramente variable», afirma Ricardo Gulias, CEO de RN Tu Solución Hipotecaria. Una afirmación que respalda también Simone Colombelli, director de Hipotecas del comparador iAhorro: «Pese a que el euríbor ha comenzado a moderarse, las condiciones actuales de las hipotecas fijas y mixtas son tan competitivas que el interés por las variables sigue cayendo».
A esto se suma una nueva amenaza externa: la agresiva política arancelaria de Donald Trump, que podría reactivar la inflación a escala global. Según Leyre López, analista de la Asociación Hipotecaria Española (AHE), un nuevo repunte de precios podría obligar al BCE a subir de nuevo los tipos de interés, lo que haría aún menos atractivas las hipotecas variables y reforzaría el atractivo de las mixtas. “Con una hipoteca mixta, el cliente se asegura pagar una cuota estable durante los primeros años, lo que da un respiro importante ante cualquier turbulencia futura”, apunta López.
En este contexto, las entidades financieras también están moviendo ficha, ofreciendo tipos fijos en torno al 1,80% TIN a perfiles solventes, algo impensable hace unos años. Esto ha provocado que incluso si el BCE llegase a bajar tipos en los próximos meses, como algunos economistas esperan, las hipotecas fijas seguirían siendo competitivas y, por tanto, más atractivas para el consumidor medio.
Luis Losantos, profesor de EAE Business School, resume bien el panorama: “El efecto psicológico de las subidas del euríbor aún pesa mucho. Aunque los tipos bajen algo, nadie quiere volver a pasar por una sorpresa en la cuota”.
Así, tras años de dominio, las hipotecas variables están perdiendo su atractivo en favor de opciones que combinan previsibilidad y cierta flexibilidad. La fiesta se acabó para las variables, y ahora la pista de baile la ocupan las fijas y las mixtas.
