El horizonte económico global se ha vuelto más oscuro en los últimos meses. La ralentización de Estados Unidos, el regreso de la incertidumbre política, el aumento de los aranceles y la tensión en las relaciones comerciales internacionales están obligando a los analistas a revisar a la baja sus previsiones de crecimiento para 2025 y 2026. La vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca ha sido uno de los principales factores de preocupación.
Sin embargo, incluso en un contexto de pesimismo generalizado, hay espacio para escenarios que podrían sorprender positivamente. El Financial Times nos muestra 5 razones por las que la economía global podría sorprender al alza este año.
1. Un giro en la política arancelaria de Trump
Aunque el actual gobierno estadounidense ha reafirmado su apuesta por la subida de aranceles, hay señales que podrían forzar un replanteamiento. Las recientes caídas en los mercados bursátiles no parecen suficientes por sí solas, pero la clave podría estar en el ánimo de los consumidores. La confianza de los hogares ha mostrado señales de debilitamiento, especialmente entre los votantes republicanos, a medida que el coste de la vida sigue presionado al alza por los precios de las importaciones.
Si la inflación percibida por los ciudadanos repunta y el bolsillo del votante medio empieza a resentirse, el equipo de Trump podría verse obligado a modular su discurso y, más importante aún, a suavizar su política comercial. Podría hacerlo a través de exenciones sectoriales, una aplicación más gradual de los aranceles o incluso un aplazamiento de las nuevas medidas previstas. Cualquier relajación, aunque sea parcial, aliviaría la presión sobre el comercio global y mejoraría las perspectivas de crecimiento en comparación con el escenario más agresivo que se teme actualmente.
2. Europa podría dar la sorpresa
A pesar de su reputación de crecimiento anémico, la zona euro podría desempeñar un papel más dinámico del que se espera. Alemania planea un incremento sustancial del gasto público, tanto en infraestructuras como en defensa, y varios países europeos parecen dispuestos a seguir esa línea. Este aumento del gasto, sumado a la necesidad de reforzar la seguridad en respuesta al nuevo escenario geopolítico, podría estimular la economía continental.
Además, el ahorro acumulado de los hogares europeos sigue siendo elevado respecto a los niveles previos a la pandemia. Si la confianza mejora, es probable que parte de ese ahorro se traduzca en consumo, lo que impulsaría la demanda interna. El dinamismo de los mercados bursátiles europeos y la llegada de capital extranjero también podrían traducirse en más inversión empresarial.
Por último, un posible alto el fuego en Ucrania tendría efectos inmediatos en la región. La caída de los precios del gas aliviaría la factura energética de las familias y empresas, mejorando la rentabilidad y la confianza. Algunos analistas consideran que este solo factor podría sumar hasta medio punto porcentual al crecimiento del PIB de la eurozona.
3. China recupera el impulso
Pese a las dudas que persisten sobre el futuro de la economía china, hay señales que permiten pensar en una posible recuperación. El gobierno de Xi Jinping ha intensificado los esfuerzos por reconciliarse con el sector privado, y algunos avances en inteligencia artificial han generado optimismo sobre una nueva ola de innovación. Los flujos de capital hacia las acciones chinas con exposición a estas tecnologías están aumentando, lo que sugiere un cambio en el sentimiento inversor.
Además, el gobierno chino ha anunciado un objetivo de déficit fiscal del 4% del PIB, el más alto en tres décadas, lo que supone un compromiso claro con el estímulo económico. Aunque sigue habiendo escepticismo sobre el apoyo directo a los hogares, el énfasis en la flexibilidad política permite pensar que el ejecutivo podría aumentar sus esfuerzos si la situación lo requiere.
El avance de la inteligencia artificial también podría acelerar los incrementos de productividad en sectores estratégicos, desde la automoción hasta las telecomunicaciones. Si se materializa, China no solo podría compensar el efecto de los aranceles estadounidenses en su comercio exterior, sino también contribuir al crecimiento global mediante un aumento de su demanda interna.
4. La economía estadounidense resiste
Incluso si Estados Unidos sigue adelante con su agenda proteccionista, hay factores internos que podrían amortiguar el golpe. La posible extensión de las rebajas fiscales de la era Trump, cuya vigencia expira en 2025, reforzaría el consumo y la inversión. A esto se podría sumar una nueva reducción del impuesto de sociedades, aunque esto dispararía aún más el déficit público.
Otro elemento es la adopción más rápida de la inteligencia artificial. Si los tipos de interés bajan y se mantienen los incentivos fiscales, la inversión en nuevas tecnologías podría acelerarse. La difusión de la IA en el tejido productivo aún es limitada, pero cuando se produzca un avance tangible en su implementación, los efectos en productividad y crecimiento podrían ser mayores de lo esperado.
5. Bajada de tipos más rápida de lo previsto
Por último, la evolución de la política monetaria podría jugar a favor del crecimiento. Si las presiones inflacionarias ceden antes de lo previsto, los bancos centrales podrían optar por recortes de tipos de interés más profundos. En las economías avanzadas, los indicadores de tensión en el mercado laboral ya muestran señales de enfriamiento, lo que podría aliviar las presiones salariales.
Además, si China consigue desviar parte de sus exportaciones hacia otros mercados o recurre a subsidios para mitigar el impacto de los aranceles, el riesgo de un repunte inflacionario global podría disminuir. Esto permitiría a los bancos centrales actuar con mayor margen de maniobra para estimular la actividad económica.
Un escenario mejor, pero condicionado
Estos escenarios no están exentos de riesgos y su concreción depende de múltiples factores políticos y económicos difíciles de predecir. Sin embargo, vale la pena considerar que, a pesar del ambiente pesimista actual, hay margen para que las previsiones de crecimiento global en 2025 y 2026 sorprendan positivamente.
La clave seguirá estando en Estados Unidos, tanto por el tamaño de su economía como por su influencia en los mercados financieros internacionales. Para que el crecimiento global repunte de manera clara, será necesario un cambio en la estrategia económica de la Casa Blanca. Que eso ocurra o no es otra historia