Poco han durado las esperanzas económicas sobre el presidente Trump, el crecimiento económico de Estados Unidos ha dado un giro inesperado. El GDPNow, la herramienta de la Reserva Federal de Atlanta que proyecta el desempeño del PIB en tiempo real, ha pasado de prever una expansión del 2,3% a estimar una contracción del 1,5% en el primer trimestre de 2025. Se trata de una caída drástica en apenas nueve días, lo que ha sorprendido a los mercados y ha encendido las alarmas sobre la salud económica del país.

Este descenso brusco contrasta con el crecimiento del 2,3% registrado en el cuarto trimestre de 2024, cuando Estados Unidos parecía desafiar la ralentización global que afecta a China y Europa. Sin embargo, nuevos datos sobre el comercio y el gasto de los consumidores han cambiado drásticamente el panorama.

Déficit comercial récord y menor consumo: las claves del frenazo

El déficit comercial de bienes alcanzó un récord de 153.300 millones de dólares en enero, impulsado por un aumento de 34.600 millones en importaciones, mientras que las exportaciones solo subieron 3.300 millones. Este desequilibrio en el comercio exterior ha sido un factor determinante en la nueva previsión de contracción del PIB.

A pesar de que la mayoría de los nuevos aranceles de Donald Trump aún no han entrado en vigor, tanto consumidores como empresas han estado adelantando compras de productos importados para evitar futuros aumentos de precios. Sin embargo, este impulso a las importaciones no se ha traducido en un mayor consumo en general. De hecho, el gasto de los estadounidenses cayó en enero a su ritmo más rápido en cuatro años, una señal preocupante de que la demanda interna se está debilitando.

Lydia Boussour, economista de EY, advirtió que la incertidumbre sobre el comercio, la política fiscal y la regulación está afectando la confianza de consumidores y empresas, lo que podría frenar aún más la actividad económica en los próximos meses.

El impacto en el mercado laboral y la inversión

Otros indicadores también han mostrado señales de debilidad. Las solicitudes de subsidio por desempleo aumentaron la semana pasada, reflejando despidos en sectores clave. Además, las ventas de viviendas pendientes alcanzaron un mínimo histórico, lo que sugiere un enfriamiento del mercado inmobiliario.

Las encuestas de distintos bancos de la Reserva Federal han detectado una caída en la confianza empresarial y una menor intención de inversión en capital. En este contexto, aunque un solo trimestre en negativo no define una recesión (que requiere dos trimestres consecutivos de contracción), la tendencia preocupa a los analistas.

Economistas de JPMorgan han revisado a la baja su estimación de crecimiento para el primer trimestre, reduciéndola del 2,25% al 1,5%, aunque esperan una recuperación en los próximos meses.

¿Se avecina una recesión?

A pesar de los datos preocupantes, algunos analistas creen que el golpe será temporal y que la economía evitará una recesión. Torsten Slok, economista jefe de Apollo Management, afirmó que Estados Unidos sufrirá un «leve choque estanflacionario», con una combinación de mayor inflación y menor crecimiento, pero sin caer en recesión.

Los mercados estarán atentos a los próximos informes laborales. El jueves se publicarán las solicitudes semanales de desempleo, mientras que el viernes el Departamento de Trabajo revelará su informe mensual de empleo de febrero, que podría dar más pistas sobre la dirección de la economía.

Por ahora, los economistas llaman a la cautela, pero advierten que la incertidumbre sobre el comercio y las políticas de Trump seguirán siendo un factor clave en la evolución de la economía estadounidense.