Durante décadas, los defensores de los recortes fiscales a los más ricos han asegurado que estas medidas generan un efecto de «goteo» que, a largo plazo, beneficia a toda la economía. Sin embargo, un nuevo estudio de la London School of Economics (LSE) desmonta esta teoría y concluye que estas políticas solo han servido para aumentar la riqueza de los más acomodados sin mejorar significativamente el crecimiento económico ni el empleo.

La investigación, realizada por David Hope (LSE) y Julian Limberg (King’s College London), analiza 18 países desarrollados desde 1965 hasta 2015. Comparando los países que aplicaron recortes de impuestos a los más ricos con aquellos que no lo hicieron, los investigadores encontraron que el PIB per cápita y las tasas de desempleo se mantuvieron prácticamente idénticos en ambos casos tras cinco años.

No obstante, sí hubo un cambio importante y bastante predecible: los ingresos de los más ricos crecieron mucho más rápido en los países que bajaron impuestos a las grandes fortunas. Esto refuerza la idea de que, lejos de beneficiar a las clases medias y trabajadoras, estas políticas han servido para exacerbar la desigualdad de ingresos.

Un argumento económico débil

Según Julian Limberg, coautor del estudio, «el argumento económico para mantener los impuestos bajos a los ricos es débil». En un correo enviado a CBS MoneyWatch, el investigador explicó que las décadas con impuestos más altos a las grandes fortunas —como el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial— coincidieron con tasas de crecimiento económico elevadas y bajos niveles de desempleo.

El estudio, sin embargo, no abarca el impacto de la reforma fiscal aprobada en 2017 por el expresidente Donald Trump, que redujo significativamente los impuestos a los ricos y a las grandes corporaciones. Sin embargo, Limberg considera que los efectos de dicha reforma no serían muy diferentes a los de las anteriores reducciones fiscales a los más acaudalados.

Más riqueza para los multimillonarios, más pobreza para la clase media

Investigaciones previas ya han evidenciado que las rebajas de impuestos a los más ricos no generan crecimiento equitativo. Un estudio de Emmanuel Saez y Gabriel Zucman (Universidad de California, Berkeley) reveló que, en 2018, los 400 estadounidenses más ricos pagaron menos impuestos que la clase media por primera vez en un siglo.

Estos datos cobran aún más relevancia tras la crisis provocada por la pandemia de COVID-19, que ha agudizado la desigualdad económica. Desde marzo de 2020, mientras los 651 multimillonarios estadounidenses aumentaron su fortuna en más de un billón de dólares, cerca de 8 millones de personas cayeron en la pobreza, según datos de la Universidad de Chicago y la Universidad de Notre Dame.

Ante esta realidad, muchos economistas y expertos en política fiscal consideran que una subida de impuestos a los más ricos y a las grandes corporaciones sería una medida clave para financiar la recuperación económica. Gabriel Zucman argumenta que «esta no solo es una opción viable, sino también justa, dado que algunas de las empresas más grandes, como Amazon, han obtenido enormes beneficios durante la pandemia».

¿Un cambio en la política fiscal?

El debate sobre la tributación de los más ricos sigue abierto. Mientras que algunos economistas conservadores defienden que la bajada de impuestos impulsó el crecimiento económico antes de la pandemia, otros señalan que este crecimiento no se tradujo en mayores salarios ni en mejores condiciones de vida para la mayoría de los trabajadores.