En el mundo del comercio internacional, las guerras comerciales nunca han tenido el beneplácito de los economistas, sin embargo, no es raro que algunos líderes políticos sostengan que las barreras arancelarias pueden fortalecer la economía nacional. Donald Trump afirmó en su momento que «las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar», pero la historia demuestra lo contrario.

Uno de los ejemplos más claros ocurrió tras la crisis de 1929 y es el Smoot-Hawley Tariff Act de 1930, una ley de aranceles que pretendía proteger la economía estadounidense  pero que terminó agravando la Gran Depresión.

En 1930, el presidente Herbert Hoover y el Congreso republicano implementaron el Smoot-Hawley Tariff Act, una ley que incrementó drásticamente los impuestos sobre miles de productos importados. La idea era proteger a los agricultores y a las industrias nacionales, incentivando el consumo de productos locales.

Sin embargo, economistas de la época advirtieron que esta medida no solo perjudicaría la economía estadounidense, sino también la del resto del mundo. Y tenían razón.

Efectos inmediatos:

El proteccionismo no solo afectó a EE.UU., sino que alentó a otros países a cerrar sus mercados, creando un círculo vicioso que prolongó la crisis económica en todo el mundo. En lugar de ayudar a la economía, la medida aisló a EE.UU. del comercio internacional y dificultó su recuperación.

Tras el fracaso del Smoot-Hawley Act, EE.UU. cambió su enfoque comercial. En 1934, aprobó una ley que permitió negociar acuerdos comerciales bilaterales en lugar de imponer aranceles de manera unilateral.

El cambio de estrategia:

Desde entonces, tanto presidentes republicanos como demócratas han apostado por la reducción de barreras comerciales y la negociación de acuerdos como vía para fomentar el crecimiento económico.

A lo largo de la historia, los intentos de restringir el comercio mediante aranceles han provocado más daño que beneficios. Aunque pueden ofrecer ventajas a ciertos sectores en el corto plazo, en general:

El proteccionismo rara vez es la solución para una crisis económica. En un mundo interconectado, la cooperación y los acuerdos comerciales han demostrado ser herramientas mucho más efectivas para el crecimiento y la estabilidad económica.