El miércoles no dejó Ratan Tata, uno de los empresarios más influyentes de la India y con nombre y apellidos más musicales, transformó la Tata Group en un coloso mundial, con intereses que abarcan la tecnología, la automoción, la moda, el acero y hasta la aviación. La compañía actualmente tiene un valor de mercado que supera los 300 mil millones de dólares, siendo líder en varios sectores y operando a través de 29 empresas que cotizan en bolsa.

Graduado de Cornell y con un perfil modesto y visionario, Ratan Tata rechazó oportunidades en grandes empresas tecnológicas de EE. UU. para integrarse al conglomerado familiar en 1961, donde asumió el reto de gestionar divisiones en crisis. Décadas después, en 1991, fue nombrado presidente del grupo y redefinió su estrategia hacia la expansión y competencia internacional. Buscando competir con las mejores firmas del mundo, Tata impulsó adquisiciones ambiciosas que llevaron a la adquisición de Tetley Tea, la primera en su tipo para una empresa india, y a la compra de Jaguar y Land Rover, marcas británicas de lujo que estaban en manos de Ford, por 2,3 mil millones de dólares. Estos movimientos estratégicos no solo posicionaron a la compañía en mercados clave, sino que simbolizaron el orgullo industrial indio en el escenario global.

La división tecnológica Tata Consultancy Services (TCS) es un referente de la fortaleza del grupo en el sector IT. En 2004, se convirtió en la primera empresa india de software en superar los mil millones de dólares en ingresos anuales y, tras una exitosa oferta pública inicial, se consolidó como un gigante que actualmente genera ingresos superiores a los 26 mil millones de dólares, superando incluso a grandes consultoras internacionales.

Una de las anécdotas más conocidas de Ratan Tata tiene que ver con la creación del Tata Nano, el coche más barato del mundo. La inspiración le vino tras observar a una familia india desplazándose en una motocicleta: el padre conduciendo, la madre detrás con un niño en brazos y otro sujeto de mala manera. Tata se propuso fabricar un automóvil asequible y seguro para familias de ingresos bajos, y así nació el Tata Nano, con un precio cercano a los 1.300 dólares, este coche marcó un hito en la movilidad de los sectores medios de la población india y demostró que la innovación puede ser accesible y masiva.

Pero el impacto de Tata no se limita a los negocios; su compromiso con la responsabilidad social ha sido igual de impresionante. Siguiendo los pasos filantrópicos de su familia, Ratan Tata ha donado más de dos tercios de su fortuna a causas sociales, como la educación y la salud. La fundación Tata ha contribuido con más de 50 millones de dólares para la construcción de un centro administrativo en Harvard y ha creado becas para que estudiantes indios puedan estudiar en instituciones de prestigio, como el MIT y Cornell. Asimismo, ha colaborado con la formación del Centro Tata para Tecnología y Diseño en IIT Bombay, destinado a desarrollar soluciones en áreas como la agricultura, la salud y la gestión de agua, impactando directamente en la vida de las comunidades rurales de India.

Ratan Tata ha demostrado una dedicación genuina a su personal y a la comunidad, visitando personalmente a las familias de empleados que fallecieron en el atentado de 2008 en el hotel Taj de Mumbai, propiedad de Tata. Este gesto de empatía se suma a su compromiso por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y residentes de Tatanagar, una ciudad que creció alrededor de la planta de acero de Tata Steel, y que hoy es un símbolo de desarrollo y prosperidad industrial.

Este legado multifacético de Ratan Tata es una muestra de cómo el liderazgo empresarial puede combinar éxito corporativo con un impacto profundo en la sociedad, configurando el papel de las empresas indias en el escenario mundial.