El mercado de la droga es bastante peculiar y su precio no es algo que lo mida el INE ni tiene impacto en el IPC pero en un momento económico en el que todo sube de precio resulta sorprendente ver su comportamiento.

A diferencia de muchos otros productos, los precios de las drogas ilícitas tienden a ser bastante estandarizados y han mostrado una notable estabilidad a lo largo del tiempo.

Teodora Groshkova, analista científica principal en el Centro Europeo de Monitoreo de Drogas y Adicción a Drogas, había sugerido que esto podría deberse a una táctica conocida como “skimpflation”, donde los proveedores reducen la calidad de lo que venden para compensar el aumento de los costos de producción. Sin embargo, este no parece ser el caso con las drogas ilícitas.

Groshkova señala que cualquier cambio en el mercado más amplio generalmente se reflejaría en la pureza de las drogas. Hasta ahora, la potencia de los productos de cannabis y la pureza de otras drogas ilícitas están aumentando o, como mínimo, manteniéndose igual. Cómo las organizaciones criminales y otros productores de drogas ilegales han logrado sortear las presiones de la inflación sigue siendo un misterio. Mientras algunos podrían estar recurriendo a la skimpflation para ahorrar dinero, y otros están integrando horizontalmente sus negocios controlando tanto la importación como la distribución, eso probablemente no sea el caso para todos. Groshkova sugiere otra posibilidad: que los traficantes de drogas ganan tanto dinero que pueden mitigar mejor los problemas inflacionarios. «Preferirían no hacerlo, pero pueden», agrega.

Analizando el panorama general, vemos que los precios de los productos legales están aumentando mientras que su calidad disminuye. Mientras tanto, los fabricantes de productos ilegales están mejorando la calidad y manteniendo los precios al consumidor iguales o incluso menores para muchas drogas. Esto indica que gran parte de la inflación rápida que estamos viendo en otras industrias podría ser artificial, impulsada por políticos dudosos o por las propias empresas.

La inflación puede ser un enemigo esquivo: llevándose silenciosamente nuestros ahorros y porciones de nuestros sueldos, y robándonos desde vacaciones hasta alimentos favoritos. Todos están de acuerdo en que la inflación está sucediendo. Sin embargo, no hay consenso sobre quién es el responsable. Los principales sospechosos varían según las líneas partidistas. Muchos economistas y políticos de derecha señalan que la inflación ha sido causada por el gasto gubernamental y una política monetaria de tipos de interés muy bajos. Por otro lado, muchos economistas y políticos de izquierda apuntan a la guerra en Ucrania (por impulsar los precios del petróleo, que afecta a casi todo lo demás), y también a las empresas codiciosas, muchas de las cuales, a pesar de hablar de problemas en la cadena de suministro y costes crecientes, han estado obteniendo beneficios récord.

Quizás por una vez en la historia han sido los traficantes de drogas los que han mostrado una actitud más ética que los gobiernos y las empresas, apretándose ellos el cinturón en vez de dejar caer todo el peso en sus clientes.