La semana que viene el BCE cumple un cuarto de siglo (aunque la celebración fue ayer). El Banco Central Europeo (BCE) fue fundado el 1 de junio de 1998 como parte de los esfuerzos para establecer la Unión Económica y Monetaria de la Unión Europea. Su creación fue un paso esencial para la implementación de una moneda única, el euro, que se introdujo físicamente en 2002.

Desde su creación, el BCE ha experimentado una evolución marcada por dos períodos muy diferentes. En sus primeros años, el banco disfrutó de un período de consolidación, mientras supervisaba la transición al euro de once países: Alemania, Austria, Bélgica, España, Francia, Finlandia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal. Con el tiempo, esta lista se expandió hasta incluir a los veinte estados que ahora usan el euro como moneda oficial.

El euro fue concebido como una herramienta para aumentar el poder financiero y comercial de Europa, tanto internamente como a nivel mundial. A cambio de su implementación, las principales economías europeas, excepto el Reino Unido, acordaron renunciar a su soberanía monetaria. Esta transacción colocó la responsabilidad de mantener la estabilidad económica en el BCE, cuyo mandato incluye la supervisión del valor del dinero y los precios.

El funcionamiento interno del BCE ha estado marcado por la independencia política y económica, aunque esto no ha evitado una fuerte competencia interna y externa en su dirección estratégica.

El primer presidente del BCE fue Wim Duisenberg, ex presidente del Banco de los Países Bajos. Durante su mandato, que duró hasta 2003, el BCE supervisó la introducción exitosa del euro y estableció su reputación como un importante actor en los mercados financieros globales. Él fue el primero en firmar los billetes de Euro. Duisenberg fue sucedido por Jean-Claude Trichet, ex gobernador del Banco de Francia, quien dirigió el BCE durante la crisis financiera mundial de 2008. A Trichet te recordarán muchos lectores de este blog ya que subió los tipos cuando debió bajarlos y llevó al Euribor a su máximo histórico.

En 2011, Trichet fue sustituido por Mario Draghi, un italiano con amplia experiencia en los mercados financieros gracias a su trayectoria profesional en Goldman Sachs. Draghi adoptó una política firme en defensa del euro en un momento de gran incertidumbre en Europa, y su política de expansión monetaria ayudó a los países más afectados, incluyendo a España, Italia y Francia, a superar sus dificultades. Se le recordará para siempre por su famosa frase «Whatever it takes» («Haremos lo que sea necesario») el 26 de julio de 2012. Lo dijo durante un discurso en Londres en un momento en que la crisis de la deuda soberana en Europa estaba en su apogeo y había una fuerte especulación en los mercados financieros sobre la posible disolución de la zona euro.

La frase completa que dijo Draghi fue: «Dentro de nuestro mandato, el BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente».

Christine Lagarde, la actual presidenta del BCE, asumió el cargo en 2019, justo antes de la crisis causada por la pandemia de covid-19. Además, tuvo que hacer frente a un aumento significativo de la inflación, con la subida de los precios de la energía como principal preocupación. En respuesta, el BCE ha elevado las tasas de interés del 0% al 3,75% en menos de un año, con el objetivo de reducir la inflación al 2%.

¿Y que tal lo han hecho?

La misión del BCE es la estabilidad del Euro mediante el control de precios «en el entorno del 2%» y teniendo en cuenta este dato el BCE (tal y como apunta El Economista) sólo ha cumplido su mandato un 17% de los meses desde su nacimiento: esto es, 51 meses en los que la tasa de inflación se movió entre el 1,9% y el 2,1%, de los 300 meses de recorrido que ha cumplido la institución. No parecen muy buenas cifras.

¿Cómo serán los próximos 25 años? Esperemos que más tranquilos que los anteriores.