Todo lo ocurrido con Silicon Valley Bank ha sido muy rápido y afortunadamente parece ya un capítulo cerrado que no debería afectar demasiado al resto del sistema financiero global aunque últimamente parece que se cumple la máxima de que si algo puede ir mal, lo hará.

El viernes era un día relativamente tenso en los mercados ya que se esperaba con mucho interés el informe de empleo de los EEUU. El número de empleos creados fue superior a los estimados aunque los ingresos medios por hora no aumentaron tanto como se preveía, por tanto tenía noticias buenas y malas a la vez, con lo que no debería tener ningún impacto significativo para que los miembros de la FED se plantearan subir los tipos de interés medio punto porcentual. Pero ese mismo día ocurrió una cosa, un cisne negro de los que tanto nos estamos acostumbrando, se hundió un banco, pero no un banco regional cualquiera, sino el Silicon Valley Bank, el banco al que acuden las nuevas empresas tecnológicas respaldadas por capital riesgo. Podemos considerar al SVB como la primera víctima (de alto perfil) de la subida de los tipos de interés.

SVB era la decimosexta mayor entidad bancaria de EE.UU. -la mayor que quiebra desde 2008- y que la revista Forbes calificó al banco como uno de los mejores del país en 2022 y esto es una muestra de que cuando los depositantes de una entidad pierden la confianza en la misma, importa poco la fortaleza y la capitalización de la misma, como se ha demostrado en este caso y en muchos otros anteriores.

Pero lo bueno -si es que puede haber algo bueno en el colapso de un banco- es que los reguladores decidieron intervenir rápidamente para proteger los depósitos. La medida sugiere que la Reserva Federal reconoce la posibilidad de un contagio más amplio en la economía y podría ralentizar sus subidas, sólo para no hundir más bancos sin querer.

Según los pronósticos actualizados de los analistas de Goldman Sachs «A la luz de la tensión en el sistema bancario, ya no esperamos que la FED realice una subida de tipos en su próxima reunión del 22 de marzo», anticipa el banco estadounidense, que previamente esperaba una subida de tipos de 25 puntos básicos.

No obstante, por el momento, Goldman Sachs apuesta por que la decisión de la semana próxima solo será una pausa en la tendencia de la Fed y ha dejado sin cambios su expectativa de que el banco central estadounidense acometa subidas de los tipos de 25 puntos básicos «en mayo, junio y julio».

De este modo, los analistas de Goldman Sachs esperan ahora que la tasa terminal de la Fed se situará entre 5,25-5,5%, aunque advierten de una incertidumbre considerable.

Para bien y para mal el BCE está replicando las medidas de la FED con varios meses de retraso, esto significa que vamos mucho más atrasados en la lucha contra la inflación pero también que podemos aprender de los errores cometidos en EEUU y comprender que una subida de tipos demasiado rápida puede afectar seriamente al sector bancario.

De momento el Euribor ya lo está notando y en los dos últimos días ha bajado 120 milésimas alejándonos quizás definitivamente del temido 4%.