Actualmente los precios suben a un ritmo del 8.5% en Europa, lo que es una auténtica barbaridad a la que desgraciadamente nos estamos acostumbrando. Muchos son los culpables pero quizás fue la invasión de Rusia a Ucrania la puntilla de un problema que se estaba cociendo desde hacía años.

Si bien los datos de la zona euro son nefastos, los de los países más cercanos a la órbita rusa son directamente para echarse a temblar y resulta increíble que en plena Europa tengamos países en donde la inflación se haya instalado por encima del 20%. Por ejemplo en la modélica y ejemplar (lo digo sin ironía) Estonia actualmente el IPC está en el 18,6% aunque en agosto del año pasado llegó a dispararse hasta el 24,8%. En su vecina Letonia están aún peor y en enero los precios subieron un 21.5%. Esto también es Europa. Esto también es zona Euro y el BCE tiene que cuidar también de ellos.

En el Financial Times han publicado un interesante artículo sobre la vida actual de los países bálticos como alerta de lo que podría pasar al resto de Europa.

Aunque hay factores locales que explican parte de este repunte, los responsables políticos de los países bálticos advierten de que la región está proporcionando un indicador temprano de cómo podrían evolucionar las presiones sobre los precios en toda Europa.

 

Los países bálticos tienen dos grandes ventajas que la mayoría de los países occidentales no tienen, dicen los responsables políticos. En primer lugar, han experimentado una inflación relativamente alta durante varios años, en medio de un fuerte crecimiento salarial a medida que sus economías se ponían al nivel del resto de Europa. Y en segundo lugar, el recuerdo de su ocupación forzada por la Unión Soviética durante décadas hace que acepten mejor las consecuencias de la actual brutalidad de Moscú en Ucrania, aunque les preocupe la posibilidad de que los populistas se aprovechen de la situación.

 

«En 1992, cuando acabábamos de recuperar nuestra independencia, la inflación alcanzó el 950%», afirma Kazāks. «No es como los alemanes, que no han visto una inflación de dos dígitos durante generaciones. Sabemos que es desagradable, pero no es como si nunca la hubiéramos visto».

 

Gediminas Šimkus, director del banco central de Lituania, señala que el nivel de vida de la población ha aumentado drásticamente en los últimos años, lo que hace más fácil asimilar el reciente retroceso del poder adquisitivo y ayuda a explicar por qué los países bálticos han evitado gran parte de las protestas y huelgas que se han visto en otros lugares de Europa.

Y me quedo con la preocupación de que a la alta inflación también se acostumbra uno, como también te puedes acostumbrar a que un mafioso se quede con parte de tu sueldo todos los meses.