A principios de este mes, la Reserva Federal subió sus tipos de interés en los 0,25 puntos porcentuales previstos, pero el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo mantuvieron su línea más dura anunciando subidas más agresivas de 0,5 puntos porcentuales, dejando los del Reino Unido en el 4% y los de la zona euro en el 3%, sus tipos más altos desde la época de la crisis financiera.

Aun así, sus planes para el futuro divergieron significativamente: mientras que el Banco de Inglaterra dijo que sólo volvería a subir los tipos si había indicios de que la inflación no se movía, el BCE adoptó la postura más agresiva de los tres bancos centrales, insistiendo en que eran necesarias subidas más agresivas e incluso prometiendo otra fuerte el mes que viene, algo que Christine Lagarde confirmó ayer “En vista de las presiones inflacionistas subyacentes, tenemos la intención de aumentar las tasas en otros 50 puntos básicos en la cita de marzo”.

Es posible que los tipos de interés en el Reino Unido y EE.UU. no se mantengan en estos niveles durante mucho tiempo, ya que los inversores esperan que el Banco de Inglaterra y la Reserva Federal vuelvan a recortarlos a finales de este año, aunque los analistas creen que es más probable que lo hagan el año que viene. Para entonces, la inflación debería estar en descenso, y ayudar a las economías podría volver a ser una prioridad. En este sentido, aunque el FMI se pasó gran parte de 2022 lanzando advertencias sobre una próxima recesión mundial, esta semana ha cambiado su mensaje. Se han producido cambios desde la última actualización de la organización, como el abandono por parte de China de su política de cero-Covid, y la relajación de los precios de la energía en Europa. Incluso el gasto estadounidense ha resistido bien, lo que sugiere que la economía mundial no está tan mal como parecía.

Lo que parece claro es que de momento es imposible pronosticar cuándo se invertirá la tendencia actual de los tipos de interés ya que los mensajes de los Bancos Centrales (especialmente los del BCE) son muy contradictorios, aunque como con Christine Lagarde ya me he metido hace poco hoy lo haré con Jerome Powell, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), que tras darnos algo de esperanzas la semana pasada, insistió en que si el mercado laboral estadounidense se mantiene muy vigoroso o la inflación persiste en cotas elevadas, “se tendrán que subir los tipos con más rapidez”.

A este lado del charco todas las declaraciones de los miembros del BCE van en el mismo sentido y se pueden resumir en las palabras de una de la alemana, Isabel Schnabel, que la semana pasada afirmó que “Todavía no podemos cantar victoria en el control de la inflación. Es por eso que debemos mantener el rumbo y aumentar las tasas significativamente más. Si se necesita otro aumento de 50 puntos básicos [en mayo] dependerá de los datos entrantes y de nuestra evaluación de las perspectivas de inflación”.