Este fin de semana hemos tenido bastantes avistamientos OVNI en EEUU, que es donde suelen ir los OVNIS de paseo (aunque ahora la NASA los llama ‘FANIS’Fenómenos Anómalos No Identificados), algo que tras lo que hemos pasado estos años tampoco nos ha sorprendido demasiado, es lo que nos faltaba. Para decepción de muchos, parece que no eran alienígenas si no otra cosa, aunque no sabemos muy bien que era. Muy raro todo.

Y claro, al ver los OVNIS yo me preguntaba como podría afectar un ataque alienígena a la economía porque al final es lo que me interesa y me he acordado que hace bastantes años, allá por el 2011, la principal preocupación económica mundial no era la inflación (como es ahora) si no justo lo contrario, la deflación. El popular Nobel de economía Paul Krugman, propuso una solución para reactivar la economía.

Es muy difícil obtener inflación en una economía deprimida. Pero si se tuviera un programa de gobierno enfocado en el gasto más una política expansionista de la Fed, se podría conseguir. Por tanto, si se piensa en utilizar todas estas cosas conjuntamente, se podría lograr, muchísimo. Si descubriésemos que alienígenas estuvieran planeando atacar y necesitásemos una concentración masiva para contrarrestar la amenaza alienígena y la verdadera inflación y los déficits presupuestarios tuvieran un papel secundario, esta depresión acabaría en 18 meses.

Esta teoría defiende  que la preparación de una guerra requiere gran inversión pública. Por ejemplo, se necesitan más soldados los cuales a su vez necesitan botas, alimentos, transporte, medicinas, etc. ésto a su vez generará mucho negocio en los sectores relacionadas con la fabricación y comercialización de estos productos que debido al repentino incremento de la demanda se verían obligados a contratar personal extra y así comenzaríamos un ciclo virtuoso que empujaría la economía del país. Por otro lado, si además la guerra se celebra en un escenario lejano la gente se animaría a consumir más ya que el miedo a la recesión y pérdida de trabajo desaparece.

Mucho se ha debatido en la historia sobre este tema y no creo que pueda aportar nada nuevo, así que veamos que nos cuenta el clásico libro de economía “Economía en una lección” de Henry Hazlitt y publicado en 1946, poco después del final de la segunda guerra mundial.

Supongamos que un golfillo lanza una piedra contra el escaparate de una panadería. El panadero aparece furioso en el portal, pero el pilluelo ha desaparecido. Empiezan a acudir curiosos, que contemplan con mal disimulada satisfacción los desperfectos causados y los trozos de vidrio sembrados sobre el pan y las golosinas. Pasado un rato, la gente comienza a reflexionar y algunos comentan entre sí o con el panadero, que después de todo la desgracia tiene también su lado bueno: ha de reportar beneficio a algún cristalero.

Al meditar de tal suerte elaboran otras conjeturas. ¿Cuánto cuesta una nueva luna? ¿Cincuenta dólares? Desde luego es una cifra importante, pero al fin y al cabo, si los escaparates no se rompieran nunca, ¿qué harían los cristaleros? Por tales cauces la multitud se dispara. El vidriero tendrá cincuenta dólares más para gastar en las tiendas de otros comerciantes, quienes, a su vez, también incrementarán sus adquisiciones en otros establecimientos, y la cosa seguirá hasta el infinito. El escaparate roto irá engendrando trabajo y riqueza en artículos cada vez más amplios. La lógica conclusión sería, si las gentes llegasen a deducirla, que el golfillo que arrojó la piedra, lejos de constituir díscola amenaza, convertiríase en un auténtico filántropo.

Pero sigamos adelante y examinemos el asunto desde otro punto de vista. Los que presenciaron el suceso tenían, al menos en su primera conclusión, completa razón. Este pequeño acto de vandalismo significa, en principio, beneficios para algún cristalero, quien recibirá la noticia con satisfacción análoga a la del dueño de una funeraria que sabe de una defunción. Pero el panadero habrá de desprenderse de cincuenta dólares que destinaba a adquirir un traje nuevo. Al tener que reponer la luna se verá obligado a prescindir del traje o de alguna necesidad o lujo equivalente. En lugar de una luna y cincuenta dólares sólo dispondrá de la primera o bien, en lugar de la luna y el traje que pensaba comprar aquella misma tarde, habrá de contentarse con el vidrio y renunciar al traje. La comunidad, como conjunto, habrá perdido un traje que de otra forma hubiera podido disfrutar; su pobreza se verá incrementada justamente en el correspondiente valor.

En una palabra, lo que gana el cristalero lo pierde el sastre. No ha habido, pues, nueva oportunidad de «empleo». La gente sólo consideraba dos partes de la transacción: el panadero y el cristalero; olvidaba una tercera parte, potencialmente interesada: el sastre. Este olvido se explica por la ausencia del sastre de la escena. El público verá reparado el escaparate al día siguiente, pero nunca podrá ver el traje extra, precisamente porque no llegó a existir. Sólo advierten tales espectadores aquello que tienen delante de los ojos.

Desgraciadamente, algo parecido a un ataque alienígena lo tuvimos hace 3  años lo que pasa es que los aliens eran muy pequeñitos, de un tamaño aproximado de 0.12 micras y paró por completo la economía y luego para arrancarla de nuevo los Bancos Centrales tuvieron que inyectar mucho dinero y el resultado lo estamos viendo ahora con la inflación disparada y los tipos de interés por las nubes. Mal negocio fue.