Estos días estoy leyendo que citan en varios medios un término económico poco conocido, la «desinflación inmaculada«, es un término utilizado para describir una situación en la que la tasa de inflación disminuye sin que haya un aumento en el desempleo. Esto es considerado como un evento raro y deseable en la economía, ya que generalmente una reducción en la tasa de inflación se logra a través de medidas que aumentan el desempleo (subidas de tipos) o por causas que también generan desempleo (como un parón en el consumo)

Este escenario formaría parte de un «aterrizaje suave», en el que la inflación y las medidas necesarias para reducirla causan un daño mínimo a la economía en general. Puede que aún se produzca una desaceleración económica o una recesión, pero tal vez sea leve.

Generalmente cuando se combate la inflación se emplea un armamento, el encarecimiento del precio del dinero, que causa graves efectos colaterales. Se trata de elegir el peor de los males, teniendo en cuenta que la hiperinflación es un mal terrible.

La subida de la renta variable y la caída de los rendimientos de los bonos a largo plazo en las primeras semanas de enero sugirieron que los inversores están confiando en la idea de una «desinflación inmaculada», es decir, que la desaceleración de la inflación sería indolora para el crecimiento en 2023.  Esto es especialmente relevante en los EEUU y por tanto una excelente noticia para la Reserva Federal de EE.UU. En Europa, sin embargo, todavía estamos lejos de este escenario ya que la inflación, especialmente la subyacente, sigue descontrolada.

En este entorno los mercados están algo perdidos ya que se enfrentan a un desconcertante abanico de escenarios: desinflación inmaculada, aterrizaje suave, estanflación, recesión o «ricitos de oro» (de la que hablaremos próximamente). Dadas las señales divergentes de los mercados y la economía, podría defenderse casi cualquiera de estos escenarios.

Resulta tentador sucumbir al escenario «ideal» en el que el crecimiento y el empleo se ralentizan lo suficiente como para reducir la inflación subyacente sin hundir las economías en la recesión.

Sin embargo todavía conviene ser prudentes ya que la recesión (moderada) que amenaza ahora a la economía mundial no debería impedir a los bancos centrales de los mercados desarrollados seguir endureciendo su política monetaria, al menos en los próximos meses. Sin embargo, es probable que el ritmo de las subidas de tipos sea menos rápido que en los últimos seis meses.