Esta va a ser una semana muy movida en los bancos centrales y movida en la misma dirección, subida de tipos.

La Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra celebrarán sus primeras reuniones de política monetaria del 2023 esta semana. Los inversores esperan que la Fed ralentice el ritmo de su endurecimiento monetario hasta 0,25 puntos porcentuales, elevando los tipos al nivel más alto desde septiembre de 2007, el inicio de la crisis financiera mundial.

Se descuenta que el jueves el Banco de Inglaterra y el BCE suban los tipos medio punto porcentual, hasta sus niveles más altos desde el otoño de 2008, en plena crisis financiera.

Cada vez hay más dudas de que las subidas de tipos estén surtiendo efecto para llevar a los precios a los niveles deseados, sin ir más lejos ayer conocimos los datos de España y siguen siendo realmente preocupantes  con una inflación subyacente en su nivel más alto de los últimos 40 años, sin duda una pésima noticia para quienes esperan que el BCE baje su ritmo.

Recordemos que el objetivo de inflación de la Reserva Federal y el BCE es del 2%. Pero el crecimiento de los precios sigue siendo del 6,5% en Estados Unidos y del 9,2% en la zona euro. La inflación subyacente, que omite los costes volátiles de los alimentos y la energía y es objeto de estrecha vigilancia por parte de los bancos centrales, se mantiene también fuerte.

Los consumidores y las empresas de la mayoría de las economías avanzadas esperan que la inflación se mantenga por encima de los objetivos de los bancos centrales a medio plazo, a pesar de los recientes descensos que todavía son insuficientes. Los responsables políticos vigilan de cerca estos indicadores, así como las expectativas, porque pueden alimentar las demandas salariales, alimentando una mayor inflación. Un malvado círculo vicioso.

Las expectativas de inflación pueden ser una profecía autocumplida, ya que unas expectativas más altas desencadenan las condiciones inflacionistas previstas, por tanto la preocupación de los bancos centrales es garantizar que las expectativas de inflación.

Mientras tanto a los hipotecados a tipo variable les tocará sufrir aún más ya que el Euribor cerrará este enero con una media aproximada del 3,334% y no sería descabellado verlo en el 3.5% la próxima semana, en función de la agresividad mostrada por Christine Lagarde en la reunión del Consejo de Gobierno del BCE.