Hace 10 años uno de los temas que más afectaron a la economía estadounidense (y por tanto a la mundial) era el «techo de deuda». Teníamos «techo de deuda» por todas partes y Droblo escribió un artículo titulado «La utilidad del cansino tema del techo de la deuda» del cual os hago un resumen y luego os cuento por qué lo rescato.

Hasta 1917 en los EUA cada vez que el estado quería endeudarse debía pedir permiso al Congreso pero con el enorme gasto público que se originó por la participación del país en la I Guerra Mundial decidieron cambiar el sistema. Implantaron un techo de deuda que se concretó en 1939 con una cifra total: sólo se podría superar esa cifra con la aprobación de las dos cámaras y mientras se llegaba a ese nivel el gobierno de turno era libre de endeudarse.

Ese tope incluye cualquier deuda de la Administración, desde la emisión de bonos a los programas de sanidad públicos pasando por las pensiones por lo que elevarlo se antoja imprescindible no sólo para que el país no caiga en la bancarrota con sus deudores sino incluso para el funcionamiento interno del país ya que los EUA, como la mayoría de estados, sobreviven gracias al endeudamiento puesto que utilizan ingresos que esperan obtener en el futuro para costear los gastos presentes. Por este motivo el Congreso ha aprobado siempre las peticiones para elevar el límite de deuda que le hacía el gobierno, algo que casi cada presidente desde 1960 ha vivido al menos una vez.

Ante esta tesitura hay diversas opiniones que van desde la eliminación de dicho techo -lo cual parece tendría sentido puesto que aparentemente nunca ha servido para nada- hasta la idea de P. Krugman de utilizar una argucia legal: ya que el Tesoro tiene potestad para emitir monedas conmemorativas de curso legal, propone que emita un billete de un trillón de $ (sí, como el del episodio de los Simpsons) –un billón europeo- que resolvería el problema. Difícil de 23cuantificar la pérdida de credibilidad que supondría una maniobra tan arriesgada y en cuanto a la eliminación del techo de deuda, sería imposible sin el voto favorable de los republicanos que no creo estén por la labor pero es que además la existencia del techo sí que ha servido para algo: periódicamente tanto políticos como ciudadanos son conscientes de los peligros de la deuda y aunque aquellos sean tan irresponsables de no reducirla, creo es importante que al menos se hable de ello.

Una persona que pide una hipoteca confiando en que sus ingresos futuros podrán cubrir el capital más los intereses sabe que si todo va bien, acabado el plazo cancelará su deuda y a cambio será propietario de un sitio donde vivir que además lleva años disfrutando. Sin embargo, las Administraciones Públicas se endeudan no esperando pagar las deudas sino confiadas en que cuando llegue el vencimiento podrán volverse a endeudar y esa es la situación actual de medio mundo: con las nuevas emisiones se abonan los vencimientos de las antiguas y si de repente alguien cierra el grifo –como le pasó a Grecia- no sólo debe hacer una quita, además debe obtener nuevos créditos para seguir funcionando. Es un sistema kamikaze muy vulnerable a las crisis financieras.

¿Y por qué estoy rescatando un artículo de hace 10 años de un tema tan aburrido como este?

Porque una vez más se avecina una lucha por el techo de la deuda en Estados Unidos, lo que supone otra preocupación para los mercados este año.

El jueves de la semana pasada Estados Unidos alcanzó su límite de endeudamiento obligatorio de 31,4 billones de dólares, lo que obligará al Tesoro a poner en marcha medidas extraordinarias de gestión de tesorería que probablemente eviten un impago de la deuda hasta principios de junio.

Los recurrentes enfrentamientos legislativos sobre los límites de deuda de la última década se han resuelto en gran medida antes de que pudieran repercutir en los mercados. Sin embargo, no siempre ha sido así: Un prolongado enfrentamiento en 2011 llevó a Standard & Poor’s a rebajar por primera vez la calificación crediticia de Estados Unidos, lo que hizo tambalearse a los mercados financieros.

Solo pido que esto termine con la emisión del famoso billete del trillón de dólares.