La gran apuesta de El Salvador por el bitcoin, que la nación centroamericana ha estado comprando desde septiembre, se ha agravado en las últimas semanas, ya que la caída de la criptomoneda redujo más de un tercio del valor de las participaciones del gobierno.

Bajo el mandato del presidente populista Nayib Bukele, un entusiasta de la moneda, El Salvador apostó por el bitcoin, no sólo convirtiéndose en el primer país del mundo en adoptarlo como moneda de curso legal, sino también esbozando planes para un centro de minería de criptomonedas impulsado por un volcán y planes para emitir el primer bono soberano vinculado a la moneda. No se sabe cuántos bitcoins compró ya que los únicos datos públicos que hay los que su presidente tuitea frecuentemente (según esta contabilidad el gobierno ha gastado unos 104,2 millones de dólares en 2.301 bitcoins que ahora valen sólo 67,9 millones de dólares)

Con los costes de los préstamos globales en aumento y un gran pago de la deuda en el horizonte, el desplome de las criptomonedas ha agravado aún más su delicada situación financiera. El bitcoin iba a ser la solución y al final se ha convertido en parte del problema.

El bitcoin ha caído un 45% desde que El Salvador lo adoptó oficialmente a principios de septiembre, y un 26% desde su máximo de mayo.

El valor de mercado combinado de todas las criptomonedas cayó recientemente a 1,2 billones de dólares, menos de la mitad de lo que era en noviembre pasado, según datos de CoinMarketCap.

La deuda de El Salvador se situó en 24.400 millones de dólares hasta diciembre, desde los 19.800 millones de dólares de finales de 2019, después de que la administración de Bukele destinara millones de dólares para hacer frente a la pandemia del COVID-19 y sus efectos económicos en los últimos dos años.

El Fondo Monetario Internacional estima que el déficit por cuenta corriente de su economía, dependiente de las remesas y la financiación externa, rondará los 2.000 millones de dólares hasta 2025.

Pero la adopción del bitcoin puso al país en conflicto con prestamistas multilaterales como el FMI, al que el Ministro de Finanzas Alejandro Zelaya dijo el año pasado que el gobierno buscaba 1.300 millones de dólares.

Recientemente el FMI instó al país centroamericano a derogar la ley que convierte al Bitcoin en moneda de curso legal, debido a los “riesgos” que eso implica a lo que el presidente,  respondió con un meme en Twitter.

“Ya te vi, FMI. Muy bonito”, y lo acompaña con una escena de Los Simpsons, donde puede verse a Homer queriendo llamar la atención de cualquier manera. Más allá de ese tweet, el mandatario no realizó ninguna declaración al respecto.

Las agencias de calificación han advertido de que la adopción del bitcoin podría facilitar el blanqueo de dinero y, lo que es más importante, el riesgo del bitcoin ha dado a los inversores en bonos otra razón para exigir mayores rendimientos y la prima de riesgo del país está en un récord de 2.445 puntos básicos sobre los bonos del Tesoro estadounidense.

Las medidas de Bukele para centralizar el poder, desde la destitución de todos los altos jueces del tribunal supremo del país hasta la autorización para buscar la reelección inmediata a pesar de los límites constitucionales del mandato, han contribuido a elevar la prima de riesgo.

El país tiene que pagar 329 millones de dólares en intereses de sus bonos internacionales este año, así como 800 millones de dólares en un bono que vence en enero.

Una reestructuración de la deuda de El Salvador es inevitable si el país continúa con esta línea y probablemente terminará siendo rescatado.

Los bonos salvadoreños se negocian entre 43,5 centavos y 34 centavos de dólar, excepto el vencimiento de enero, a 75 centavos, lo que refleja un cauto optimismo de que el país pueda realizar ese pago.

El coste de asegurar a los inversores contra un impago soberano salvadoreño en los próximos cinco años alcanzó la semana pasada su nivel más alto desde 2020, según datos de S&P Global.