La gasolina está por las nubes y eso es un problema para todos como bien pudimos comprobar ayer con los datos de la inflación disparada casi al 10%.

Para solucionar este problema prácticamente todos los gobiernos de Europa, independientemente de su ideología, han optado por la misma solución, un plan de ayudas para que los consumidores paguen menos por los carburantes. Es una medida sencilla de aplicar, directa y muy bien recibida.

Desgraciadamente aunque nos guste y lo aplaudamos, no es una buena idea.

Los impuestos sobre los carburantes afectan tanto a los consumidores como a las petroleras. Cuando los impuestos bajan, los compradores pagan un precio total más bajo. Como resultado, demandan más combustible, lo que anima a los vendedores a subir los precios antes de los impuestos. Las últimas estimaciones cifran en que los consumidores se benefician solo del 70% de las ayudas estatales, el otro 30% se los llevan las petroleras/gasolineras. Un 30% de las ayudas se van donde no deben.

Un buen ejemplo lo estamos viviendo ahora cuando el gobierno ha anunciado que este viernes bajaba el precio de los carburante, lo que ha provocado una subida generalizada de los precios de los combustibles durante esta semana, subida que no se sustenta en el precio del petróleo.

Por otro lado Europa debe reducir su consumo de carburante, no puede permitírselo. Cualquier ayuda a su consumo desincentiva su ahorro y los esfuerzos deberían ir por ahí, en reducir la demanda no avivarla. En fomentar el teletrabajo y mejorar el transporte público. No olvidemos que gran parte del petróleo que compramos en Europa procede de Rusia y en teoría nos hemos vuelto todos antirusos. Además se supone que vamos hacia un cambio energético en el que los coches de combustión son el mal, entonces ¿por qué estamos fomentando su uso?

Hay mejores formas de ayudar a los hogares en apuros que tomar medidas populares como bajar el precio de la gasolina o reducir el IVA del cine. El mayor golpe a los bolsillos de los ciudadanos no se produce en la gasolinera, sino en el coste de la calefacción, la electricidad y los alimentos.  No todo el mundo conduce, pero todo el mundo necesita calor y sustento.