Actualmente hay dos posturas sobre la inflación, quienes dicen que es algo pasajero y quienes dicen que esto va para largo. Entre los primeros están todos los políticos y bancos centrales y entre los segundos cualquiera que haya estado en el supermercado o pague un recibo de la luz. La broma está siendo demasiado larga.

En general los optimistas vinculan el problema a las limitaciones de la cadena de suministro que, según sugieren, pronto desaparecerán.

Aunque son muchos los factores que han contribuido a los problemas de la cadena de suministro, el núcleo de la cuestión es el aumento de las compras tras la pandemia. Los consumidores de todo el mundo, después de haber gastado poco durante los cierres y las cuarentenas, y con el incremento de patrimonio tras las últimas subidas bursátiles han aumentado la compra de una amplia gama de bienes y servicios.

Por ejemplo, en EEUU en agosto de este año los consumidores compraron bienes y servicios a un ritmo anual de 15,9 billones de dólares. Hace un año, esa cifra era de 14,3 billones de dólares. Debería ser fácil ver cómo un aumento de la demanda de más de 1,5 billones de dólares en un tiempo relativamente corto ha puesto a prueba a los productores. Es lógico pensar que una vez se haya desatascado esta inmensa demanda latente todo volverá a su normalidad.

A esto hay que añadir la escasez mundial de energía. El aumento de la demanda tras la pandemia habría puesto a prueba los potenciales de producción en el mejor de los casos, pero las medidas políticas han empeorado las cosas, especialmente con la transición ecológica de EEUU y Europa que se ha puesto en evidencia estos meses.

La ausencia de esta producción ha devuelto el poder monopólico a la OPEP y a Rusia, que tienen todos los incentivos para mantener el precio del petróleo alto limitando su bombeo. Y ambos obtienen mejores resultados si obtienen más por barril que si venden más barriles.

No son problemas que se disipen rápidamente, de hecho, a medida que el descenso de las temperaturas aumente la demanda de energía en los próximos meses, la escasez de energía empujará aún más los precios. Por otro lado, una vez que los problemas de la cadena de suministro disminuyan, se tardarán varios meses en ver su reflejo en las presiones inflacionistas.

Pero todavía hay más y quizás el mayor aliado de los precios altos, desde hace años (desde la crisis financiera de 2008-09) la mayor parte del mundo desarrollado ha seguido lo que sólo puede describirse como políticas fiscales y monetarias inflacionistas con cosas tan absurdas como los tipos de interés negativos. Los gobiernos han registrado déficits presupuestarios sin precedentes gracias a las compras de los Bancos Centrales. Desde el punto de vista inflacionario, las políticas monetarias fáciles han inflado la oferta de dinero. En efecto, estas políticas monetarias expansivas han financiado los déficits presupuestarios de los gobiernos con el equivalente electrónico de la imprenta. Tanto la historia como la teoría económica identifican este comportamiento como una de las principales causas de la inflación.

Algo no me cuadra cuando nos dicen que la inflación será temporal pero sus causas son tan a largo plazo.