Una de las cosas que más nos chocó a todos del primer confinamiento fue el desabastecimiento generar que hubo de un bien de primera necesidad. El papel higiénico. Era imposible encontrarlo en las estanterías del supermercado. De aquello hablamos por aquí, comparándolo con una estampida bancaria.

Tanto la banca como el mercado del papel higiénico pueden ser considerados como un «juego de coordinación». Hay dos jugadores – tú y todos los demás. Hay dos estrategias – comprar en modo pánico o actuar normalmente. Cada estrategia tiene una recompensa asociada.

Si todos actúan normalmente, tenemos un equilibrio: habrá papel higiénico en los estantes de la tienda, y la gente puede relajarse y comprarlo cuando lo necesite.

Pero si otros entran en pánico al comprar, la estrategia óptima para ti es hacer lo mismo, de lo contrario te quedarás sin papel higiénico. Todo el mundo se enfrenta a las mismas estrategias y compensaciones, por lo que otros entrarán en pánico al comprar si lo haces.

El resultado es otro equilibrio, en el que todo el mundo entra en pánico y compra.

Esto mismo es lo que está ocurriendo ahora a escala global con la escasez de gas en toda Europa, las estanterías vacías de los supermercados británicos, el racionamiento de la electricidad en China, el agotamiento de los chips informáticos en la fabricación de productos que van desde los coches a los teléfonos móviles… se ha llamado «la escasez de todo».

Las cadenas de suministro mundiales se han visto atascadas por la pandemia de Covid-19, primero porque todo se cerró, y ahora porque todo se ha abierto de golpe. La globalización sólo puede absorber un número limitado de impactos en el sistema. Es un ecosistema terriblemente frágil. Pensemos en lo que China y Estados Unidos están haciendo con su «desacoplamiento», o más técnicamente llamado «ir a la greña».

La gente ha estado hablando de la crisis actual como si estuviera causada puramente por los límites físicos y los choques dentro del sistema. Pero la psicología de las personas – productores, distribuidores, agentes, mayoristas, minoristas y clientes – puede ser igual de importante.

En una estampida bancaria si ves que todo el mundo entra en pánico y saca su dinero es bastante sensato hacer lo mismo no vaya a ser que cierren el banco. Cuando las acciones se desploman gran parte de los inversores venden también para minimizar pérdidas.

Resulta que en la gestión de la cadena de suministro existe algo similar llamado efecto látigo, que es una distorsión de la demanda que viaja aguas arriba en la cadena de suministro, desde el minorista hasta el mayorista y el fabricante, debido a la variación de los pedidos, que puede ser mayor que la de las ventas.

Normalmente, si uno tiene un negocio, quiere mantener el inventario lo más bajo posible sin dejar de satisfacer la demanda. Pero si hay un pedido inesperadamente grande de algo, puede desencadenar el pánico en los pedidos y la creación de inventario para todos, con los efectos que se amplifican a través de toda la cadena de suministro.

Imagínese que el pánico no se refiere a un solo producto de una sola industria confinada en un espacio geográfico, sino a los principales productos de muchos sectores manufactureros y empresariales esenciales de todo el mundo. Esa es la situación en la que nos encontramos ahora.

Además del miedo y el pánico, está la ruptura de la confianza, es decir, entre proveedores, transportistas, agentes y compradores, por lo que la gente deja de procesar, aceptar o archivar los pedidos de la manera habitual, más allá de lo que el sistema puede manejar.

La crisis actual no es la primera ni será la última; debe tomarse como una advertencia para las empresas y los gobiernos de todo el mundo. Las futuras podrían ser causadas por cualquier cosa, desde guerras y conflictos hasta nuevas pandemias e incluso el cambio climático. Del mismo modo que se han establecido regímenes reguladores para evitar las quiebras bancarias y para moderar y contener el colapso de los mercados, el mundo debe pensar en cómo hacer que las cadenas de suministro internacionales sean más sólidas en el futuro, en un momento en el que la globalización está siendo cuestionada en múltiples frentes.