Futuros del gas natural

La economía mundial se enfrenta a uno de los males económicos más temidos, la estanflación. Subida de precios sin crecimiento económico.

El petróleo ha subido a más de 80 dólares el barril por primera vez en tres años, el gas natural para entrega en octubre cotizó al precio más caro de los últimos siete años y el índice Bloomberg Commodity Spot (un índice que mide los precios de las materias primas)  subió al nivel más alto de la última década. Veamos su gráfica.

Los precios de los alimentos también se dispararon, impulsados en parte por las malas cosechas en Brasil, con un índice de referencia de la ONU que ha subido un 33% en los últimos 12 meses. El IPC de España se disparó un 4% en septiembre, su tasa más alta en 13 años.

El aumento de los costes para los hogares y las empresas está afectando a la confianza y haciendo que la inflación sea más rápida de lo que los economistas esperaban hace unos meses. Esto podría poner a los responsables políticos en la incómoda posición de tener que elegir entre unos precios controlados sin crecimiento o crecimiento económico pero con los precios descontrolados.

El choque ya ha suscitado comparaciones con la mezcla de estancamiento económico y picos de inflación impulsados por el petróleo que dominó la década de 1970. Aunque muchos banqueros centrales le quitan importancia, lo que preocupa es que un aumento de precios más duradero alimente la demanda de salarios más altos, haciendo que la economía entre en un círculo vicioso.

Se espera que los fuertes recortes en la producción de una serie de industrias intensivas en energía en China arrastren el crecimiento a la baja este año, y los economistas, desde Goldman Sachs Group Inc. hasta Morgan Stanley, han recortado sus previsiones.

Medio planeta está sufriendo un aumento de los precios de la electricidad (en China incluso tienen cortes en el suministro) y el gas natural provocado por un aumento de la demanda tras el cierre y la reducción de los inventarios de la temporada pasada. Esto ha socavado el ya frágil sentimiento de los consumidores.

El último repunte de los precios de las materias primas ha cogido a los mercados por sorpresa justo cuando los principales bancos centrales empezaban a señalar su intención de reducir los estímulos.

Esta misma semana la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, llamó a la calma ante el aumento de la inflación en la eurozona, que en agosto marcó un récord de 10 años, y defendió que no hay que precipitarse en ajustar la política monetaria porque se trata de un efecto «transitorio» de la pandemia.

«Una vez que pasen estos efectos impulsados por la pandemia, esperamos que la inflación disminuya», dijo la responsable del supervisor bancario europeo, que recordó que la crisis derivada del coronavirus provocó una recesión «muy insólita» que ha ido seguida de una recuperación «muy atípica».

La clave está ahí, si es transitorio o no y de serlo como de largo será su recorrido porque si se prolonga lo transitorio puede convertirse en dañino.