El otro día leí en Twitter un mensaje que tenía más de 21.000 «Me gusta» y que expresaba un pensamiento bastante común

Con un 38% de paro juvenil se retrasa la edad de jubilación a los 67 años. Personas de 65 años en el andamio y jóvenes de 24 en el sofá. Luego que si no nos emancipamos, que si la natalidad, que si el proyecto de vida… ¡El mundo al revés!

Tal es la extensión de este pensamiento que incluso la ministra de trabajo Yolanda Díaz que se ha manifestado de la misma manera varias veces: «Propiciar que alarguemos e incentivemos la edad de jubilación más allá de la edad legal entorpece la posibilidad de incorporar jóvenes».

Y aquí estamos cayendo en la falacia de la cantidad fija de trabajo, esto es lo que nos dice la wikipedia.

Este argumento económico es comúnmente invocado contra los intentos de aliviar el desempleo mediante la restricción de las horas de trabajo. Tales suposiciones asumen que hay una cantidad fija de trabajo a ser realizado y que reduciendo la cantidad de horas de aquellos ya empleados, nuevos trabajadores serán necesarios

Y como recalcan en El Español esta falacia es aplicable tanto al retraso de la edad de jubilación como a la llegada de inmigrantes. Ninguno de los dos casos dificultan la empleabilidad de los jóvenes españoles.

En un repaso de diversos trabajos empíricos que abarcan numerosos países de la OCDE, incluyendo a España, Böheim y Nice encuentran que los trabajadores jóvenes y mayores son complementarios, por lo que mayores niveles de empleo de unos coincide con mayores niveles de empleo de otros.

El retraso en la edad de jubilación no es que entorpezca la posibilidad de incorporar jóvenes si no que la favorece. ¿Cómo te quedas, Yolanda?

Corregir la elevada tasa de desempleo juvenil requiere, por otro lado, grandes reformas tanto en el mercado laboral como en el campo educativo, no demagogia ni populismo económico.

El mercado laboral no es un juego de suma cero en el que hay un número fijo de trabajadores que se va reponiendo, no es tan sencillo y se ha demostrado que un aumento de las personas trabajadoras genera su propia demanda, incrementa el PIB potencial y propicia la contratación de todos los estratos de la población. El empleo genera un círculo virtuoso que se retroalimenta. En El Economista lo analizan y dejan una gráfica demoledora que muestra que los países con una edad de jubilación más baja son los que tienen el desempleo juvenil más alto.

Tras investigar si el aumento del empleo de las personas mayores reduce las oportunidades laborales o las tasas salariales de los jóvenes, los resultados no muestran evidencia de que los trabajadores de más edad desplacen a los jóvenes. Los patrones son consistentes tanto para hombres como para mujeres y para grupos con diferentes niveles de educación. Hemos hallado que en todo caso ocurre lo contrario… un aumento de 1 punto porcentual en la tasa de empleo de las personas mayores se asocia con un aumento de 0,07 puntos porcentuales en el empleo juvenil. Este hallazgo contradice fuertemente la hipótesis de la exclusión.