La economía estonia creció en el segundo trimestre de 2021 un 12,9% con los que su PIB per cápita, ajustado por poder adquisitivo, supera al de España (Fuente Banco Mundial). En 1995 solo cuatro años después de su independencia de la URSS su PIB per cápita era prácticamente un tercio del español y en solo 26 años nos han superado ¿Cómo lo han hecho?

Estonia que adoptó la moneda única hace solo 10 años así que su milagro no hay que buscarlo en el Euro ya llevaba muchos años cociéndose.

Los estonios están estrechamente relacionados con los finlandeses, y sus idiomas también lo están. Tallinn, la capital de Estonia, solo se encuentra a unos 80 kilómetros de Helsinki, la capital de Finlandia, y están a escasa distancia que se puede salvar mediante hidrodeslizador a través del Golfo de Finlandia.

Antes de que la Unión Soviética conquistase Estonia en 1939, los estonios y finlandeses tenían casi el mismo nivel de vida, pero estos últimos lograron mantener su libertad mediante una enérgica defensa contra la invasión soviética en 1939.

La economía finlandesa prosperó después de la Segunda Guerra Mundial, mientras la economía estonia se fue a pique. Se estima que en 1987 los finlandeses eran siete veces más ricos per capita que los estonios. Pero como resultado de la adopción de reformas económicas y aperturas del mercado, los estonios han ido dando alcance a sus vecinos finlandeses , a quienes les ha seguido yendo bien, y ahora tienen unos dos tercios de los ingresos per capita del finlandés medio.

En 1993, un historiador de 32 años llamado Mart Laar se convirtió en primer ministro. Como el Sr. Laar menciona con frecuencia, en ese momento solo había leído un libro de economía de Milton Friedman «Free to Choose» (libre para elegir).

Bajo el liderazgo del Sr. Laar, atacaron todos los frentes a gran velocidad, una terapia de choque. Reestablecieron el estado de derecho, los derechos de propiedad y se pusieron serios con la corrupción. Se abrieron al comercio y privatizaron la mayor parte de la economía. Asimismo, implantaron un impuesto plano, que enseguida copiaron muchos otros países, incluyendo a Rusia.

Han tenido el ratio de endeudamiento más bajo de Europa y ha mantenido políticas fiscales saludables, a diferencia de la mayoría de países, incluyendo los Estados Unidos.

Tuvo un período de prosperidad entre 2003 y 2008 cuando la economía creció más del 8 por ciento al año, pero, al igual que en el resto de Europa fue a costa de una burbuja inmobiliaria y la crisis de 2009 dio lugar a una caída fuerte del producto interior bruto y un enorme aumento del desempleo. En 2009 su PIB cayó un 13.9% para volver a subir un 2.4% en 2010

Estonia continúa siguiendo los principios del libre mercado, pero de los de verdad ese que deja caer a los bancos y castiga a los culpables. Estonia sirve como ejemplo, incluso para Europa y EEUU, de lo que se puede conseguir manteniendo un déficit y un endeudamiento bajos, así como una estudiada política fiscal.

Los estonios también son líderes utilizando el «gobierno electrónico» a través del cual la mayoría de las interacciones gobierno-ciudadano se hacen a través de Internet, lo que reduce tanto costes como burocracia.  Los estonios presumen de vivir en un “país electrónico”. Y no les faltan motivos. Tienen WiFi público en casi todo el territorio nacional y tan solo necesitan conectarse a la red para poder renovar su pasaporte, acceder a su historial médico, crear una empresa e, incluso, votar en las elecciones presidenciales. No solo eso, sino que también existe la residencia virtual: cualquier persona del mundo, independientemente de dónde esté, puede solicitar un permiso de residencia y convertirse en ciudadano virtual de  Estonia. Es el único lugar del mundo donde el acceso a internet está garantizado como un derecho por la constitución.

El 70% del PIB se nutre del sector servicios, y aquellos relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación son los que más aportaron al crecimiento de la riqueza nacional. Además, esta digitalización, presumen, les supone un ahorro del 2% del PIB anual en salarios y gastos.

Muchos son los factores que han propiciado el milagro estonio pero se podrían resumir en la unión de la libertad económica con una buena utilización de las nuevas tecnologías.