El Presidente de Sri Lanka Gotabaya Rajapaksa prohibió este año los fertilizantes químicos para poner en marcha su proyecto para convertirse en el primer productor de alimentos 100% ecológicos del mundo. Una iniciativa loable.

El problema viene en que las cosechas de este año van a ser minúsculas. La prohibición ha sumido a la industria del té en un completo caos y las consecuencias para el país son inimaginables.

El té es el mayor producto de exportación de Sri Lanka, con más de 1.250 millones de dólares al año, lo que supone alrededor del 10% de los ingresos por exportación del país y se estima que su producción se reducirá a la mitad este año si el gobierno no cambia de rumbo.

A esto hay que añadir que Sri Lanka está sumida en una crisis económica inducida por la pandemia y las esperanzas del gobierno de volver a crecer se han visto afectadas por una nueva oleada de coronavirus.

Rajapaksa llegó al poder en 2019 prometiendo fertilizantes extranjeros subvencionados, pero dio un giro de 180 grados argumentando que los agroquímicos estaban envenenando a la población.

El maestro del té Herman Gunaratne, cuyo té Virgin White se vende a 2.000 dólares el kilo, fue destituido el mes pasado del Grupo de Trabajo de Rajapaksa para una Socioeconomía Verde tras discrepar con el presidente. Si hay un problema lo mejor es despedir al que te está alertando de él.

Afirma que el té de Ceilán del país tiene uno de los contenidos químicos más bajos de todos los tés y no supone ninguna amenaza.

Durante muchos años el té orgánico se ha producido para el turismo, pero no es viable. El té orgánico cuesta 10 veces más y el mercado es muy limitado.

W.A. Wijewardena, ex vicegobernador del banco central y analista económico, calificó el proyecto ecológico de «sueño con costes sociales, políticos y económicos inimaginables». Afirmó que la seguridad alimentaria de Sri Lanka se ha visto comprometida y que empeora día a día.

Según los expertos, el problema del arroz también es grave, mientras que los productores de hortalizas protagonizan protestas casi diarias por la reducción de las cosechas y los cultivos afectados por las plagas.

El paso a la agricultura ecológica, reducirá un  50% de la cosecha pero no podrán subir el precio un 50%.

Los propietarios de las plantaciones de té afirman que, además de la pérdida de ingresos, un fracaso de la cosecha provocaría un efecto dominó en la economía y traería un enorme desempleo, ya que las hojas de té se siguen recogiendo a mano. Los trabajos de tres millones de personas estarán en peligro.

Los agricultores afirman que las exportaciones de canela y pimienta de Sri Lanka también se verán afectadas por la campaña orgánica. El país suministra el 85% del mercado mundial de canela de Ceilán, uno de los dos tipos principales de esta especia.

Aun así, Rajapaksa sigue confiando en su rumbo, y en una reciente cumbre de la ONU dijo que estaba seguro de que su iniciativa orgánica garantizará «una mayor seguridad alimentaria y nutrición» para los esrilanqueses.